En 1856 el poeta Felipe López de Briñas publicó un poema en homenaje a tres personalidades de la ciencia cubana

Nacido en La Habana el 18 de junio de 1822, Felipe López de Briñas fue un conocido poeta cubano de la primera mitad del siglo XIX. Aunque hizo estudios universitarios nunca llegó a graduarse y dedicó por entero a las letras. Sobresalió como periodista y editor de revistas. Publicó su primer libro de poesías en 1849. Falleció en su ciudad natal el 22 de septiembre de 1877.

Uno de sus libros fue Fábulas, alegorías y consejas, de Don Felipe López de Briñas, publicadas por los redactores de las Brisas de Cuba (1856), donde incluyó parte de su obra poética hasta esa fecha. Allí apareció el poema “Los tres naturalistas”, que llevó la siguiente dedicatoria: “A Poey, Gundlach y Lembeye. Conseja”. Se trataba de los tres principales científicos que, para esa fecha, estudiaban la naturaleza cubana.

Matanzas en la vida y obra de Felipe Poey Aloy

Felipe Poey Aloy (1799-1891) era un reconocido escritor y profesor universitario, fundador de las ciencias naturales en Cuba, que se destacó por las obras que dedicó a los peces cubanos. A su vez, Juan Cristóbal Gundlach (1810-1896) era un naturalista alemán que llegó a Cuba en 1839 y en ella vivió más de cincuenta años. Durante ese tiempo estudió con profundidad su fauna de vertebrados, es especial las aves. Por último, Juan Lembeye Lartaud (1816-1889) era un ornitólogo español que vivió e investigó en Cuba por varios años. Su obra fundamental fue Aves de la Isla de Cuba (1850).

Juan Lembeye. Archivo del autor.

El poema

El argumento de este poema es, básicamente, reconocer el esfuerzo realizado por tres naturalistas al investigar sobre la naturaleza cubana. Es un homenaje a su obra y, además, a la amistad que los unió, lo cual favoreció el desarrollo de la ciencia en el país. Forma parte de una tradición poética cubana del siglo XIX, dirigida a exaltar el valor de la investigación, la tecnología y el conocimiento científico. Dice así el poema de Felipe López de Briñas:

Los tres naturalistas

A Poey, Gundlach y Lembeye. Conseja.

 

Por entre montes y asombrosas selvas

Registrando la arena de los ríos.

Las orillas del mar y los sombríos

Abismos cavernosos de un país:

Iban ayer en fraternal consorcio,

Tres sapientes amigos y perfectos,

Sectarios de Bufón buscando insectos

En su ilusión científica y feliz.

 

Hablaban de su patria y sonreían

Con el noble y loable pensamiento

De elevar el glorioso monumento,

De Cuvier, de Linneo y de Adubon.

Y exclamaban con férvido entusiasmo

—Unamos nuestra pobre inteligencia,

Como unidos están para la ciencia

Los reinos de la vasta creación.

 

Huya de nos la detestable envidia,

La soberbia brutal y el egoísmo,

Y sustentando un pensamiento mismo,

Los tres volemos de la gloria en pos.—

Y así diciendo, una gigante piedra

Unidos removieron con trabajo

Para encontrar con júbilo debajo

Una sublime arcanidad de Dios.

 

Y la hallaron empero, rica mina

De moluscos, insectos y reptiles

Y de otras bellas existencias miles

Abrió la asociación bajo sus pies.

Y á medrar empezó la ciencia hermosa

De Plinio y de sus émulos gloriosos

Y se hicieron los hombres estudiosos

En la ilustrada patria de los tres.—

 

Y fué ejemplo fecundo y en la tierra

De los frondosos cedros y las palmas,

Se unieron con fervor tres nobles almas

Imitando de aquellos la virtud.

Cuba risueña al despertar un dia

Con los nítidos rayos de la aurora,

Saluda á tres hermanos que en buen hora

Nacieron á ilustrar la juventud.

 

A Poey, á Gundlach y á Lembeye unidos

Vió correr tras sus pájaros cantores,

Sus peces, sus insectos y sus flores,

Y de gozo inspirada suspiró

Y al presente suspira enajenada

Al verlos de consuno como hermanos

Trabajar por el bien de los cubanos

Mientras saludo su esfuerzo yo.

 

Vuelve sus ojos de amorosa madre

Para mirar á sus fecundos hijos

Y los manda á que tiernos y prolijos

Imiten el consorcio de los tres.

Y una brillante lágrima se advierte

Que rueda por su plácida mejilla

Al ver la desunión que nos humilla

En la sagrada escena del saber.

 

Y lloro con la patria porque anhelo

Que junten los pintores sus paletas,

Sus dorados laudes los poetas

Y los artistas todos su fervor.

Y la tierra feliz mi hermosa cuna

En el Edén donde suspira Marta

De Tiro y Roma y de la ilustre Esparta

Que renazcan los tiempos de esplendor.

Gundlach, el sabio de las aves

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