Adquirir alimentos de primera necesidad en Unión de Reyes resulta una verdadera odisea cotidiana.

En cuestión de días, los precios suben aceleradamente sin lógica aparente: los que el viernes ofertaban a un valor, el domingo, ya aparecen con grandes aumentos y reflejando así una inflación informal que golpea a los unionenses.

En esta inestabilidad tiene una fuerte influencia el mercado cambiario informal, donde el precio del dólar estadounidense alcanza alrededor de los 630 pesos cubanos. Esto marca un récord histórico y acelera la pérdida del poder adquisitivo del salario en moneda nacional.

Por otra parte, los inspectores conocen la situación que viven a diario los unionenses con el pago por transferencias, o mejor dicho, los pagos en líneas, «que nunca implementan esta operación» y que los trabajadores del sector no estatal violan constantemente o se hacen de la vista gorda.

Agregar además, que en este municipio como en otros tantos, la llamada bancarización continúa generando tensiones. En numerosos puntos de venta persisten las dificultades para pagar mediante transferencia, y cuando aceptan este método, en ocasiones aplican recargos informales o condiciones arbitrarias, lo que contradice el objetivo de digitalizar los pagos en un contexto donde escasea el efectivo.

Mientras tanto, los trabajadores por cuenta propia ajustan precios constantemente e incluso esconden productos esenciales para al otro día aumentarlos más, – aunque la mercancía la adquirieron a un precio inferior – en función del costo de reposición y del tipo de cambio informal. Esto provoca que productos esenciales como arroz, aceite, pollo o embutidos cambien de precio en periodos muy cortos o incluso desaparezcan temporalmente de los puntos de venta.

En este escenario, los más afectados son los mismos: el trabajador estatal, el jubilado, la familia que depende de un salario fijo. Incluso con ingresos estables, el dinero pierde valor en cuestión de días. Genera la sensación de que la pirámide económica está profundamente invertida. Quien produce y trabaja no siempre logra garantizar la compra de productos esenciales.

¿A dónde vamos a parar si el salario lo depositan en una tarjeta, pero al llegar al mercado debe enfrentarse a precios que no guardan relación con los ingresos reales? ¿Qué alternativas tiene el joven que intenta independizarse o formar una familia en medio de esta espiral inflacionaria?

La bancarización, como principio, no es el problema; el desafío está en su implementación en un contexto donde el acceso, la estabilidad del sistema de pagos y la disciplina comercial no están plenamente garantizados. Sin estos elementos, la digitalización corre el riesgo de convertirse en una formalidad sin impacto real en la vida cotidiana.

Sin embargo, incluso, en medio de este panorama complejo, no todo está cerrado. Si aplicaran con rigor el control efectivo de precios, la transparencia en las operaciones comerciales y el fortalecimiento de los mecanismos de fiscalización podrían contribuir a frenar los abusos más evidentes. La economía local necesita orden, pero también equilibrio social.

Porque Unión de Reyes —y Cuba en general— no está condenada a la incertidumbre permanente. La salida no puede ser la resignación, sino la búsqueda de un sistema donde el salario vuelva a tener valor real y el acceso a los alimentos deje de ser una preocupación diaria. Solo entonces podrá hablarse de estabilidad con sentido para quienes viven del esfuerzo cotidiano.

Foto: Tomada de Cubadebate 

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