La obra de Domingo del Monte incluyó aportes a la educación cubana.

Para José Martí, palabra mayor, fue “…el cubano más real y útil de su tiempo”. Nicolás Azcárate reconoció que “…su amor más vivo y palpitante, más apasionado y más tierno, era para Cuba…”. Por su parte, Antonio Bachiller y Morales destacó “…su erudición, su entusiasmo y la influencia que ejerció…”. Uno de sus grandes amigos, José Antonio Saco, elogió la “…castiza y elegante prosa…” que le caracterizaba. Con tales cualidades, ese hombre debió dejar huellas perdurables de su vida. Así fue con Domingo del Monte.

Una vida útil

Aunque la vida y el legado de Domingo del Monte y Aponte están unidos estrechamente a Cuba, en realidad nació en Maracaibo, Venezuela, el 4 de agosto de 1803. Llegó a La Habana a los siete años y, una vez cumplida la edad reglamentaria, ingresó en el Seminario de San Carlos y después en la Universidad de La Habana. Desde muy joven comenzó a colaborar con revistas y periódicos habaneros, lo que hizo muy popular su nombre.

Se graduó de Licenciado en Derecho Civil en 1827. En el bufete de Nicolás María de Escobedo se estrenó como abogado. Gracias al apoyo de Escobedo viajó por varios países de Europa y los Estados Unidos, lo que le permitió establecer amistad con varias personalidades relevantes. De regreso a La Habana fundó en 1829 la revista La Moda o Recreo semanal del bello sexo. Al año siguiente publicó, junto a Antonio Bachiller y Morales, el semanario El Puntero Literario.

Un acontecimiento importante en la vida de Domingo del Monte fue la entrada, en 1839, a la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. En esta institución fue secretario de la Sección de Educación y promovió la creación de la Academia Cubana de Literatura. Colaboró, entre 1831 y 1834, en la Revista Bimestre Cubana.

Se radicó por un tiempo en Matanzas, donde desarrolló una intensa labor literaria. Estableció una célebre tertulia y formó parte de la Diputación Patriótica, donde apoyó la creación de una biblioteca pública. En su honor la Biblioteca Provincial matancera lleva el nombre de Gener y Del Monte, que rinde también homenaje al célebre catalán Tomás Gener. De vuelta a La Habana, Domingo del Monte continuó escribiendo colaboraciones literarias e informes para la Sociedad Económica, que resumen buena parte de su ideario educativo. También defendió la promulgación de leyes especiales para Cuba.

Inmerso en los trajines abolicionistas, debió abandonar Cuba en 1842, viajó a Filadelfia y después se estableció en Francia. Fue implicado en la llamada Conspiración de la Escalera, pero no se presentó ante el Tribunal Militar y permaneció en París. Tiempo después se radicó en Madrid, donde se opuso a la propaganda anexionista. Acusado falsamente de anexionista por las autoridades, se le desterró de la capital, a la cual regresó en 1852. Allí murió al año siguiente, el 4 de noviembre de 1853. Sólo tenía 50 años.

El cadáver de Domingo del Monte se trasladó a La Habana en 1854. El 10 de abril de ese año, el Capitán General dictó una orden en la cual estipuló las condiciones de su sepelio:

“…que el cadáver sea enterrado con modestia y silencio con la asistencia de sólo la familia del difunto”.

Escritos educativos

Portada del primer tomo de los Escritos de Domingo del Monte (1929). Archivo del autor.

La obra más conocida de Domingo del Monte es el Centón epistolario de Domingo del Monte (1923-1957). Fue impreso, en siete tomos, por la Academia de la Historia de Cuba. Tuvo una nueva edición en 2002, esta vez en cuatro volúmenes, como parte de la Biblioteca de Clásicos Cubanos. El ensayo introductorio, la compilación y las notas fueron de la autoría de Sophie Andioc.

La Colección de Libros Cubanos, serie que dirigió Fernando Ortiz, publicó en 1929 dos tomos de los Escritos de Domingo del Monte. La introducción y las notas las redactó el escritor José A. Fernández de Castro. En el primero de esos volúmenes, apareció una sección que se dedicó a “Escritos políticos” y otra a “Informes y exposiciones pedagógicos”. Esta última continuó en el segundo tomo, junto a la parte que compiló los “Ensayos críticos y literarios”.

Los trabajos educativos de Domingo del Monte que allí se incluyeron son los siguientes:

“Exposición de las tareas de la Comisión Permanente de Literatura, durante el año 1831”.

“Exposición de los trabajos en que se ha ocupado, el año de 1831, la Sección de Educación de la Real Sociedad Patriótica”.

“Informe sobre el estado actual de la enseñanza primaria en la Isla de Cuba en 1836, su costo y mejoras de que es susceptible”.

“Educación primaria en la Isla de Cuba”.

“Movimiento intelectual en Puerto Príncipe”.

La esencia de estos escritos de Domingo del Monte basta para asegurarle un lugar en la historia de la educación cubana. Contienen, todos sin excepción, las preocupaciones legítimas de un ilustrado sobre el estado de la escuela en el país. Por esta razón sus propuestas son prácticas: creación de nuevas escuelas, formación de maestros, elevación del nivel de la enseñanza, entre otras.

Otras de las mejoras que propuso, para ser ejecutadas desde la Sección de Educación de la Sociedad Económica, fueron:

“Celar para que se trate con suavidad a los niños en cada clase de escuelas, prohibiendo rigurosamente los azotes”.

“Publicar con encarecidos elogios en los periódicos los nombres de aquellas personas que hagan algún servicio a la causa de la educación”.

“Influir para que la educación tome un carácter práctico de aplicación inmediata a los usos de la vida”.

“Respetar y hacer respetar a los maestros de las primeras letras en lo que valen, por su digno ministerio”.

Domingo del Monte  defendió la creación de Casas de Corrección para adolescentes, como medo para evitar la delincuencia. También sostuvo la necesidad de Escuelas Normales, encargadas de formar a los maestros. Pidió establecer una Escuela de Artes y Oficios, así como impartir clases de primeras letras en cárceles, prisiones y cuarteles.

Como ejemplo de la esencia de su obra educativa, señaló:

“Mientras no se filtre la enseñanza hasta el corazón de la masa popular, nada habremos hecho con tener aisladamente disertos abogados, hábiles oficinistas, amenos literatos y algunos que otro insigne matemático especulativo o naturalista consumado”.

Legado

La obra educativa de Domingo del Monte ha sido poco estudiada. Cualquier búsqueda bibliográfica demuestra que es la parte menos conocida de su quehacer. Casi siempre se resalta, en los acercamientos a su legado, lo relativo a lo literario y lo político, y menos la parte sobre la contribución que realizó a la instrucción pública.

Fue la pedagoga Enma Pérez Téllez, en el libro Historia de la pedagogía en Cuba (1945), quien dio inicio al rescate de este aspecto de su obra. Lo hizo en el epígrafe “Domingo del Monte y sus ideas sobre educación”. Esto propició el conocimiento de esta faceta delmontina, aunque en realidad no ha tenido muchos continuadores.

Acerca de este aspecto de la vida intelectual de Domingo del Monte, Pérez Téllez escribió:

“…se destaca en el campo de la pedagogía cubana como ferviente partidario de la causa de la extensión de la educación pública”. (ALH)

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