El pronóstico es bien serio: el mundo está lejos de alcanzar la igualdad de género, y se avizoran pocos avances antes del 2030.

Mientras, la vida transcurre con sus injusticias sociales y para muchos resulta intrascendente el reclamo de aquellos que sufren las desigualdades.

Cuando se trata de comentar sobre género, una presencia bien nefasta y abarcadora se cierne sobre la mujer, víctima histórica de las sociedades que ha desarrollado la humanidad.

En unos países más que en otros se manifiesta el maltrato a las mujeres de disímiles formas. La Organización de Naciones Unidas se muestra bien documentada al respecto, pero también indefensa,  pues si bien su acción ha logrado algún progreso, este se ha visto ensombrecido por la actuación de gobiernos que contribuyen o toleran la violencia de género.

En nuestro país rige el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres desde el 2021, y resulta innegable que se ha avanzado en la transformación de la mentalidad tanto de hombres como de mujeres, pero aún podemos ver cada día ejemplos de maltrato físico o emocional. Y este último es bien peligroso, dado que lo caracterizan el menosprecio o critica constante al desempeño de la fémina, la proliferación de insultos con la intención explícita de denigrarla, y la amenaza de hacerse daño a sí mismo, a su víctima o a algún ser querido.

El maltrato emocional puede ser difícil de notar o definir. Una persona puede actuar como una buena pareja al principio, y producirse el cambio posteriormente, de manera sutil y durante las interacciones cotidianas. Además, a veces se dificulta catalogar este comportamiento,  porque las relaciones tienen la influencia de los ejemplos cercanos y los reproducen.

Muchas veces la víctima siente vergüenza y recurre al aislamiento, especialmente si la han alejado de sus amistades o familiares como una forma más del control del maltratador. Generalmente asume que es la culpable y ello la obliga a ceder siempre y a mantener la esperanza de que el agresor cambie.

Y esta realidad presente en nuestro país recaba una mayor divulgación y acciones acordes con el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, cuyo objetivo general promueve la igualdad de derechos y oportunidades presentes en la Constitución, y profundizar en los factores objetivos y subjetivos que determinan la discriminación, que persisten en la sociedad cubana y obstaculizan el desarrollo económico, político, social y familiar.

Corresponde a los medios de comunicación un importante papel en el cumplimiento de estos objetivos, en la garantía de una política de comunicación  que defienda la cultura de igualdad, el respeto a la diversidad y el perfeccionamiento y la presencia de estos temas en los diferentes espacios televisivos, radiales, de prensa escrita y en las redes sociales.

El mundo reta, y todos jugamos un papel en su modificación. Cuba se ha pronunciado, y toca a los cubanos transformar tradiciones en provecho de quienes aún hoy sufren a nuestro lado de la desigualdad de género. Un paso cada  día, en provecho de todos.

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