El matancero José María Zayas Jiménez sobresalió como profesor en varios colegios habaneros

José María Zayas Jiménez formó parte de una familia que dio glorias a Cuba. Hermano de dos médicos relevantes, Juan Bruno y Francisco, ambos fundadores de la Real Academia de Ciencias. El último, además, se destacó como agrónomo. José María fue padre de Alfredo, abogado que llegó a presidente de la República, y de Juan Bruno, general mambí y uno de los héroes de la Guerra del 95. Su legado fue, sobre todo, en el campo de la enseñanza, donde dejó huellas perdurables.

Vida y obra de un maestro

En Corral Falso de Macurijes, hoy Pedro Betancourt, Matanzas, nació José María Zayas Jiménez el 14 de junio de 1824. Realizó sus estudios en La Habana, en especial en el Colegio San Cristóbal de Carraguao, donde fue discípulo de José de la Luz y Caballero. Muy joven, entre 1844 y 1845, dirigió el Diario de Avisos con Narciso Foxá. Se graduó en 1846 de Licenciado en Derecho en la Universidad de La Habana.

Sin embargo, José María Zayas no se dedicó a la abogacía, sino a la enseñanza. Por esta razón acompañó a su maestro Luz y Caballero desde los primeros tiempos del Colegio El Salvador. Acerca de la labor que desarrolló en ese centro, escribió José Ignacio Rodríguez en su biografía de José de la Luz y Caballero:

“A una erudición notable, reunía el señor Zayas ciertas cualidades de carácter que lo hacían el hombre propio para las funciones que ejercía en el Colegio; y era él quien especialmente se ocupaba de todo lo relativo a la administración económica del establecimiento, cobrando las cuentas y pagándolas, entendiéndose con los padres, o directamente o en nombre del Señor Luz, y estando a cargo de los libros”.

En 1853, ante la suspensión temporal de las clases en el Colegio El Salvador a causa de una epidemia de cólera, José María Zayas estableció el Real Colegio Cubano. Esto causó un serio problema, pues

“…como todos en la Habana se habían acostumbrado a ver en el señor Zayas una especie de alter ego del señor Luz, en un gran número de las relaciones exteriores del establecimiento, y muchos pensaron que todo esto se había hecho con la anuencia y consentimiento del mismo señor Luz, hubo un momento en que la nueva institución amenazó de muerte a El Salvador, estando a punto de llevarse todos sus alumnos y de heredar sin gran trabajo su reputación y antecedentes”.

Sin embargo, la situación fue superada gracias a la inteligencia de José de la Luz y Caballero, quien siempre sintió gran afecto por José María Zayas. Este volvió al Colegio El Salvador en el curso 1858-1859 y ocupó nuevamente el cargo de vicedirector. Sobre la significación de este regreso José Ignacio Rodríguez expresó lo siguiente:

“La presencia del Señor Zayas en un establecimiento con el que por tanto tiempo había estado antes identificado, junto con sus indisputables méritos, contribuyeron a mantener el Colegio en el alto grado de reputación, de que con sobrado fundamento, había estado disfrutando”.

También Enrique Piñeyro comentó al respecto, que José de la Luz y Caballero

“…siempre había apreciado en Zayas uno de los mejores discípulos del colegio primero que dirigió a su vuelta de Europa. Causóle en seguida verdadera satisfacción observar que, en cuanto a carácter, el que volvía a su lado era casi un José María Zayas distinto del de antes, como domado por la edad, suavizado por la influencia de la familia, la esposa y los hijos que ahora lo acompañaban”.

Como ejemplo del aprecio que sentía José de la Luz y Caballero por José María Zayas está que lo dejó encargado, en su testamento, de la organización de sus papeles, manuscritos en ingreso, junto al bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales. Ambos debían disponer la impresión de sus obras pero ninguno pudo cumplir ese encargo.

Tras la muerte de Luz y Caballero en 1862, y hasta 1869, José María Zayas desempeñó la dirección del Colegio El Salvador. Durante su gestión mantuvo en alto el legado lucista y el prestigio de la institución. Sin embargo, no pudo evitar su cierre tras el inicio de la Guerra de los Diez Años.

Este hecho condicionó su actuación política desde ese momento. Un punto culminante fue la publicación de Cuba, su porvenir (1868), donde se mostró partidario del mantenimiento de la colonia sobre la base de la aceptación de reformas. Las ideas que defendió provocaron una extensa polémica entre los diferentes sectores políticos cubanos, sobre todo en la emigración revolucionaria. Ejemplo de ello fueron los folletos Contestación al opúsculo titulado Cuba su porvenir por J. M. Zayas (1869), Don José María Zayas y su folleto (1869) y La Revolución de Cuba a Don José María Zayas (1869).

Después del Pacto del Zanjón, José María Zayas perteneció al Partido Liberal Autonomista, al igual que sus hermanos Juan Bruno y Francisco. Llegó a ocupar altas posiciones en la dirección política de esa agrupación. Se destacó, además, como socio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. De sus escritos en esta etapa sobresalen los 33 artículos que publicó en el periódico autonomista El Triunfo, que tituló “La cuestión económica”.

Inicio de un artículo crítico sobre el libro de Gramática de José María Zayas. Archivo del autor.

Publicó el libro Nociones elementales de gramática castellana (1853), que tuvo otras ediciones en 1860 y 1891. También fue autor de Etimologías. Observaciones al opúsculo publicado por Juan Ignacio de Armas, bajo el título de «Etimologías de la Academia» (1886), que se dio a conocer también por la Revista Cubana. Según Carlos M. Trelles, escribió el folleto Influencia de la novela Werther en Goethe. Se ha planteado que tradujo del francés las novelas La barba azul o el aventurero (1844), de Eugenio Sue, y La hostería roja (1843).

José María Zayas colaboró en publicaciones periódicas como El Siglo, Revista Cubana, Revista de Cuba, Revista Habanera, La Revista del Pueblo, El Artista, El Triunfo y El País.

Muerte y legado

José María Zayas falleció en La Habana el 24 de junio de 1887. Tras conocer la noticia de su muerte, la habanera Revista Cubana expresó:

“El 24 del mes actual ha fallecido en esta ciudad el señor don José María Zayas, miembro de una respetable familia habanera, que ha dado a Cuba varios hijos distinguidos, y notable personalmente como escritor laborioso y docto. En su juventud se dedicó al magisterio, y fue profesor de filosofía en el colegio de D. José de la Luz, a cuyo lado estuvo en dos ocasiones, como vice-director. A su muerte se sucedió en la dirección de El Salvador; y ya antes, cuando la momentánea clausura de este famoso instituto en 1852, había fundado y dirigido una Academia, que refundió en el Colegio Cubano”.

“Aunque el señor Zayas ha escrito mucho, no deja colección ninguna de sus trabajos, y hay que buscar en los papeles y revistas de estos últimos cuarenta años las numerosas muestras de su vasto saber y del interés que demostró siempre por los asuntos públicos. La Revista Cubana se asocia al duelo que ha producido su muerte”.

En el conocido libro Cuba y sus jueces (1887), Raimundo Cabrera lo consideró “…un hombre de vasto saber, carácter firme y rectitud acrisolada”. Este fue el principal legado de José María Zayas, un maestro nacido en Matanzas que brilló en La Habana.

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