Alcanzó la gloria al final de la adolescencia, cuando ganó el Mundial en Rusia 2018. De inmediato lo compararon con Messi y Cristiano, y lo bautizaron como el heredero. Él asumió el mote y le dio rienda suelta al talento. En Catar 2022 lideró a Francia, metió tres goles en la final y se quedó a las puertas de un bicampeonato. Le dolió, pero siguió jugando.

Después de romperla en Francia, fichó por el Real Madrid, porque el equipo más poderoso del mundo merecía su talento. No ha podido brillar como le gustaría vestido de blanco, pero cuando se pone la azul de su país todo cambia. Se vuelve un goleador temible y encarna la leyenda que está escribiendo. Mientras las crónicas se van con Messi y Cristiano por ser su último Mundial, él camina su sendero con menos estridencia, pero con luz propia.

Ya lleva cuatro goles en el torneo y suma 16 gritos en 16 partidos, en un registro que roza el absurdo. Algunos lo critican, otros lo aplauden, nadie lo ignora. Y la mejor parte es que aún le quedan Mundiales por delante. Sólo queda sentarse, disfrutar el juego y agradecerle al fútbol por Kylian Mbappe.

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