Los clubes profesionales del Partido Revolucionario Cubano realizaron una abnegada labor patriótica durante la guerra del 95.

En las bases del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí el 10 de abril de 1892, se estableció que su principal objetivo era

“…para con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

Para cumplir ese fin supremo, se definieron varios propósitos concretos, entre ellos estos dos que planteaban:

“Unir en un esfuerzo continuo y común la acción de todos los cubanos residentes en el extranjero”.

“Allegar fondos de acción para la realización de su programa, a la vez que abrir recursos continuos y numerosos para la guerra”.

Las células organizativas del Partido Revolucionario Cubano fueron los clubs, que en los estatutos secretos se definieron como

“…asociaciones organizadas de cubanos independientes que acepten su programa y cumplan con los deberes impuestos en él”.

En virtud de estos aspectos, durante la Guerra del 95 se fundaron clubs profesionales, formados principalmente por médicos, farmacéuticos, dentistas y otros especialistas. Fue el caso de los clubs Oscar Primelles, Federico de la Torre y 27 de noviembre, que desarrollaron una encomiable labor patriótica en apoyo de los combatientes mambises que peleaban en Cuba.

Club Profesional Federico de la Torre

El 29 de abril de 1896, se fundó en Tampa el Club Profesional Federico de la Torre. Tomó el nombre del joven médico que murió en la batalla de Las Taironas, Pinar del Río, primer profesional de la medicina que cayó en combate en la Guerra del 95. El objetivo que se propuso fue

“…auxiliar al Delegado de nuestro Gobierno en el Extranjero en los trabajos de organización sanitaria, con destino al Ejército Libertador”.

La primera directiva estuvo integrada por los doctores Sebastián Cuervo, como presidente; el matancero Federico Grande Rossi como vicepresidente; Julio San Martin fue el secretario y Eduardo E. Pla el vicesecretario, con Rafael Echeverría y Juan Fusté como tesorero y vicesecretario, respectivamente. Los presidentes de honor escogidos fueron Joaquin Castillo Duany, subdelegado de la República, Fernando Figueredo, subdelegado del Partido en Florida; Cecilio Henríquez, presidente del Consejo de West Tampa, y Ramón Rivero, presidente del Consejo de Ibor City.

Portada de la edición de la carta enviada a Clara Barton. Archivo del autor.

Una de las acciones iniciales que realizó el Club Profesional Federico de la Torre fue dirigir una circular los fabricantes estadounidenses de instrumentos quirúrgicos, drogas y material de curación antiséptica, en solicitud de donativos o rebaja de precios, para enviar material médico a Cuba. Las empresas o personas que respondieron a esta solicitud fueron John Reynders Co., de Nueva York; Finlay, Dick’s Co., de Nueva Orleans; Hawkins, Mook Co., de Liveoak, Florida; Warner Safe Cure Co.; Holekamp, Moore Co., de San Louis, y el Dr. Kelly, de St. Paul, Minnesota, así como Rena y Eugenia Seabury, de Nueva York.

El Club Profesional Federico de la Torre elaboró un “paquete”, manuable y de empleo sencillo, que contenía lo necesario para una primera cura antiséptica y una cartilla impresa con instrucciones. Esto permitió que los miembros del Ejército Libertador, al ser heridos, pudieran curarse a sí mismos y a sus compañeros inmediatos. De esta forma, cada paciente había recibido una atención mínima el momento de ser recibido por el médico. Además, este Club enseñó a los expedicionarios residentes en Tampa, de forma práctica, aspectos básicos sobre cómo realizar cirugías pequeñas. Esto permitió que

“…desde entonces, cada expedición lleva un cuerpo de sanitarios, suficientemente instruidos y capaces de hacer una cura provisional bastante perfecta, y prestar, en caso de accidentes, como los ya indicados, una valiosa ayuda al soldado hasta la llegada del médico”.

Otras acciones importantes que realizó el Club Profesional Federico de la Torre fue la vacunación de todos los expedicionarios, así como enviar vacunas contra la viruela a territorio cubano. También creó una comisión encargada de reconocer a los expedicionarios y de esta forma garantizar que se incorporaran al Ejército Libertador individuos sanos y capaces, sin limitaciones para la guerra.

Se enviaban, al mismo tiempo, botiquines, alforjas de cuatro compartimentos metálicos forrados de cuero, con medicamentos suficientes para atender entre 300 y 400 hombres, durante dos o tres meses. En cajas de zinc, soldadas y revestidas de madera, muy ligeras, que podían ser transportadas por un sólo hombre, remitían material médico de variado tipo, lo más completo posible.

En Tampa. Impresiones de emigrado (1907), el periodista Wenceslao Gálvez recordó al Club Federico de la Torre de la siguiente forma:

“El fin humanitario de esta sociedad, la hace doblemente noble, pues se dedica a acopiar material sanitario para los enfermos y heridos cubanos”.

“Yo he tenido el honor de asistir a una de las sesiones de dicho club, en una humilde habitación a un costado de modesta botica. Allí estaba el venerable Juan Arnao, el Dr. Santiago Cuervo, Presidente del club; sus compañeros Plá, Grande Rossi, Pérez Abreu, Fusté, Barbarrosa, Rivero, Dueñas, Creci, Córdova yotros. Faltaba el Dr. Rafael Echeverría, al que atenciones preferentes lo tenían alejado esa noche de esta población”.

“Este club es de utilidad indiscutible, y sus servicios nunca serán agradecidos bastante, porque no solamente se limita a colectar material sanitario, sino también enseña a los expedicionarios las primeras atenciones que demandan los heridos, los atacados de fiebre, y le indica asimismo como se cohíben las hemorragias y mil cosas más, cuyos resultados prácticos es innecesario encarecer”.

“Ahora se propone vacunar a los expedicionarios, de modo que no contraigan la enfermedad que tantas víctimas hace en la isla”.

“Desde que está organizado el club Federico de la Torre, rara es la expedición que no lleve una caja, por lo menos, de medicina, enviada por el club”. (…)

“Pero no es solamente en el club donde los médicos cubanos están dando pruebas de su patriotismo; sino que éste se manifiesta en todos sus actos. Ellos no asaltan la tribuna para gritar a todo pulmón oraciones más o menos brillantes, ellos no publican artículos-proclamas en la prensa, ni les hace falta tampoco. Les basta con entrar en las casas de sus clientes y mantener vivo el fuego sagrado; les basta con acudir siempre allí donde han sido llamados; en su labor, que es constante; en contribuir de los primeros siempre que a ellos se acude”. (…)

“Tienen la paciencia indispensable para luchar con toda clase de enfermos, y viviendo estrechamente y dedicando su tiempo a la patria y a la clientela, tanto más grande cuanto más pobre, quédanles entusiasmo bastante y bastante antor a la ciencia, para asistir a sesiones de academias, de leer revistas y de seguir el movimiento científico”.

En junio de 1897, los doctores Julio San Martín, en esa fecha presidente del Club Federico de la Torre, y Eduardo F. Plá, secretario, dirigieron una carta abierta a Clara Barton, presidenta de la Cruz Roja en los Estados Unidos. En ella llamaron la atención sobre aspectos que consideraron vitales a la hora de entender el porqué el gobierno de España no consideraría los beneficios de esa organización para los heridos y enfermos cubanos, ni para los hospitales establecidos por el Ejército Libertador. Como ejemplos, citaron noticias tomadas de varios periódicos cubanos, en las que se informó sobre numerosos cubanos fusilados o asesinados a pesar de estar heridos o convalecientes.

Un mes más tarde, la revista Cuba y América comentó en sus páginas lo siguiente:

“Entre las instituciones beneméritas con que el patriotismo de los cubanos residentes en Tampa revela su fecunda actividad, figura en primera línea el Club Federico de la Torre que viene a ser allí lo que el «Oscar Primelles» en New York. Sus servicios a la causa de la Patria y el afán constante que le anima por mejorar la condición de los heridos de nuestro ejército, son tan evidentes que es de todo punto innecesario relatarlos”.

“Últimamente ha dirigido un informe completo y substancioso a la Srta Clara Barton, Presidenta de la Cruz Roja de esta República, relatándole los salvajes atentados que a cada instante cometen los españoles contra los hospitales en donde se albergan nuestros enfermos, médicos y enfermeras que los asisten”.

Club Profesional 27 de noviembre

Algunos miembros del Club 27 de noviembre. Archivo del autor.

El Club Profesional 27 de noviembre, fue fundado en Cayo Hueso el 12 de julio de 1896. Fue el segundo de este carácter que tuvo el Partido Revolucionario Cubano. También tuvo por principal misión adquirir medicinas para los heridos y enfermos del Ejército Libertador. Publicó el Reglamento del Club Revolucionario Profesional 27 de Noviembre (1897).

Según la noticia publicada en Patria, la primera directiva de este club estuvo integrada por el doctor Juan R. O’Farril como presidente. El vicepresidente fue el doctor Eligio M. Palma y el secretario el doctor Francisco Cubría, como el doctor Abelardo Jiménez de vicesecretario. El doctor Mateo Frías fue el tesorero, secundado por el doctor E. Rodríguez Basó como vicetesorero. De acuerdo con este periódico

“El club cooperará por todos los medios que estén a su alcance al triunfo de la independencia de Cuba y tendrá por uno de sus principales objetos la adquisición de material sanitario para enviarlo al Ejército Libertador”.

En 1897 el presidente de este club era el naturalista y profesor Juan Vilaró, con Gabriel Díaz de tesorero y Francisco Cubría como secretario. Entre sus miembros más destacados estuvo el eminente cirujano matancero Pedro M. Cartaya. También se incorporaron otras personalidades de la ciencia cubana como Joaquín Castillo Duany y Esteban Borrero Echeverría.

Miembros del Club 27 de Noviembre en 1897. Archivo del autor.

Club Profesional Oscar Primelles

Directiva del Club Oscar Primelles en 1897. Archivo del autor.

Aunque al parecer ya funcionaba desde finales de 1896, fue el 9 de enero de 1897 que se fundó oficialmente, en Nueva York, el Club Profesional Oscar Primelles. Su nombre rindió tributo a otro joven médico caído en combate en 1895. Este club profesional envió a Cuba botiquines de campaña y remesas de medicinas para los combatientes, así como dinero para la compra de recursos de guerra para el Ejército Libertador.

El presidente y fundador del Club Profesional Oscar Primelles fue el Dr. Ricardo Gastón, uno de los estudiantes condenados en 1871. Como vicepresidente tuvo al Dr. Julio Henna, y el tesorero fue el Dr. Raimundo Menocal. Como secretario de correspondencia tuvo al Dr. Lincoln de Zayas, mientras que el secretario de actas fue el relevante médico matancero Enrique B. Barnet. Según algunos autores, Barnet fue el alma de este club.

Medicina y patriotismo en Enrique Barnet y Roque de Escobar

En el reglamento del Club Profesional Oscar Primelles se destacó que el objetivo que se planteaba era

“…recolectar y distribuir, de la manera más eficaz, todo tipo de suministros médicos y quirúrgicos destinados a los ejércitos revolucionarios de Cuba y Puerto Rico”.

Estos recursos

“Una vez clasificados y organizados debidamente, los suministros se pondrán a disposición del Delegado del Gobierno de la República de Cuba en los Estados Unidos, para que él los remita a su destino”.

Recibo de contribución al Club Oscar Primelles. Archivo del autor.

Acerca de los miembros, se estableció que estaría compuesto

“…por médicos, farmacéuticos, dentistas y todas las personas que deseen cooperar para alcanzar los fines para los que se ha creado este Club”.

Estos miembros se clasificarían en

“…Fundadores, aquellos que contribuyen al establecimiento del Club; Activos, aquellos que se inscriban con posterioridad a su establecimiento, aceptando las condiciones de los Fundadores; Benefactores, aquellos que contribuyan, en una sola vez, a los fondos del Club, con la suma de cien dólares o más, en efectivo o en efectos médicos; Honorarios, aquellos a quienes el Club, por mayoría de sus votos, otorgue este título”.

Lincoln de Zayas, presidente del Club Oscar Primelles en 1897. Archivo del autor.

Una de las actividades más relevantes que desarrolló el Club Profesional Oscar Primelles fue la velada patriótica que celebró el 27 de noviembre de 1896. Esta se realizó en Chickering Hall, Nueva York y en la misma pronunciaron discursos Ricardo Gastón, Charles A. Dana, W. Bourke Cockran, Manuel Sanguily, Enrique J. Varona y Enrique Barnet. Además, hubo una parte artística con la participación de músicos cubanos y estadounidenses. También se editó un folleto que recogió diversos textos relacionados con el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1871. Los recursos allegados se destinaron a los heridos y enfermos de la revolución de Cuba.

Meses después, el 17 de marzo de 1897, el Club Profesional Oscar celebró un banquete en el Hotel Flouret, de Nueva York, dedicado al Mayor General Julio Sanguily. Para esa fecha el presidente del club era el doctor Lincoln de Zayas.

Entre los valiosos medios enviados por estos clubs hay que destacar los botiquines Ellcotts, Marshall y argentino, en sus variantes de grupa y mochila. Los dos primeros incluían material médico concebido para enfrentar, en el primer momento, las enfermedades más comunes. Por sus características permitían ser llevados por el médico. El llamado botiquín argentino era un valioso auxiliar del cirujano. Contenía una caja de amputación, aparatos de fracturas, vasijas, sonda y material para curar más de 300 heridos, todo adecuado para las condiciones de una guerra. Se podía llevar en la espalda como mochila o a la grupa del caballo como alforja.

Noticia publicada en Patria el 7 de agosto de 1897. Archivo del autor.

Además, se recogía dinero y material auxiliar para los hospitales de campaña. Estos clubs encauzaron, de forma ejemplar, la solidaridad del pueblo estadounidense con la lucha de los cubanos. También establecieron relaciones de trabajo con la Cruz Roja de los Estados Unidos. Hay que resaltar, en el caso del Club Oscar Primelles, que varios heridos fueron trasladados a Estados Unidos para ser operados, en lo cual se destacó el eminente médico Raimundo Menocal.

Los Clubs Profesionales del Partido Revolucionario Cubano fueron un ejemplo del apoyo que brindaron los médicos cubanos a la independencia de su patria. Significaron, para sus colegas que peleaban y curaban en el Ejército Libertador, una retaguardia entusiasta y abnegada. Sus esfuerzos patrióticos no deben ser olvidados.

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