Con la talentosa y versátil actriz cubana Yaité Ruiz conversamos, a propósito de su participación en la telenovela Ojo de agua, que transmite actualmente el canal Cubavisión en horario estelar.
Fuiste de un IPVCE al ISA. ¿Cuándo y cómo descubriste que la actuación era el camino?
“Fui la típica niña de los matutinos, que le gustaba hacer de todo: bailar, cantar, como le pasa a casi todos los actores. Estuve en varios talleres, me encantaba, pero no sabía que se podía hacer una carrera. Veía a los actores como dioses únicos. Terminando la secundaria, supe de las pruebas de la ENA, pero no bajaron plazas para mi provincia, tampoco me sentía como a la altura de esa gente que se presentaba. Veía la carrera como algo muy grande. Ya estando en la Lenin, había un instructor de teatro que nos enseñó que el ISA existía, con él hicimos varias obras y me animó a hacer las pruebas y así fue”.
En televisión, ahora mismo podría mencionar tres personajes completamente diferentes en los que te he visto desempeñarte como pez en el agua: Yoanka, la pesista de Tan lejos y tan cerca; Muñeca, en El derecho de soñar, y la Zuleica de la actual telenovela, Ojo de agua. ¿No hay límites para Yaité Ruiz a la hora de escoger o aceptar un personaje? ¿Qué no puede faltarle?
“En cuanto a los límites, he estado varios minutos pensando cómo decirte esto porque puede sonar un poco, no sé, puritano, si se quiere, pero sí hay límites para mí. ¿Cómo decirte? No hay límites en cuanto a la creación. Yo creo que un actor puede hacer cualquier personaje que se proponga, cualquiera, porque un actor es una persona con herramientas para transformarse y, para mí, es lo mejor que tiene mi carrera y lo que más disfruto. Pero hay límites en cuanto a que yo nunca haría un personaje que defendiera el racismo, la homofobia, que minimizara a la mujer. Yo podría hacer un personaje con estas características si el mensaje de la obra o del hecho artístico fuera en pos de defender a todos los seres humanos por igual, entonces yo podría hacerlo.
“Lo que no puede faltar a un personaje que yo me lea es una historia que me haga aprender sobre ella. O sea, cuando el personaje tiene un conflicto que a mí me hace investigar, me remueve cosas. Un personaje que emocionalmente tenga matices, digamos, que le pueda sacar lasca, como se dice en nuestro mundo, eso es lo que no puede faltarle al personaje».
En cuanto a Zuleica, es un ser con muchos matices. ¿Qué dirías en su «defensa», tú que la conoces mejor que nadie?
“Fue difícil entenderla cuando yo la empecé a leer. Yo dije: bueno, ¿cómo le entro a esta mujer? Y bueno, le entré desde mi condición de madre. Como ya he dicho en otras ocasiones, no considero que sea una buena madre, porque para mí ser una buena madre es apoyar a los hijos desde la comprensión, pero también desde el respeto y desde la exigencia, y la educación va de eso. O sea, ser una buena madre no es lo que hace Zuleica, que es apoyar a su hijo, pero taparle todo lo malo que hace, acompañarlo en sus fechorías, en mi opinión no es ser una buena madre. Sin embargo, Zuleica reconoce que esto es ser mamá, porque no tiene recursos o una inteligencia emocional determinada para poder guiar a su hijo por un buen camino, porque ella misma está yendo por el camino equivocado.
“Entonces ha criado a su hijo según su propia experiencia, pero el hecho de que ella lo haga todo por él, lo que sea, el hecho de que sea una mujer emprendedora, amante de la familia reunida, bueno…, a cualquier costo y a cualquier riesgo, pero eso es lo que yo me llevo de positivo en ella y por eso la defendí, porque, a fin de cuentas, ella reconoce que lo que hace su hijo está mal, pero tampoco sabe cómo guiarlo, y por eso lo apoya hasta el final. Eso es algo que ella tiene muy positivo”.
Sin spoiler, pero ¿todavía va a dar mucha guerra Zuleica en Ojo de agua?
“Sí, sí, Zuleica se mantiene luchando por su objetivo hasta el final, aunque no sabemos si lo va a lograr o no, pero bueno, según los códigos de la telenovela, los finales siempre son felices, entonces, sí, Zuleica todavía va a dar mucha, mucha guerra, y va a llevarse a sí misma contra la pared en cuanto a que va a desvalorizarse mucho como mujer, todavía más, por conseguir un objetivo”.
Yaité, has tenido experiencias positivas en el cine y en la televisión, sin embargo, siempre regresas al teatro. ¿Es un lenguaje especial para ti?
“Siempre me gusta decir que yo siento el teatro como mi casa. Cuando te gradúas de la academia, es el teatro el medio que te ayuda a llevar al máximo todas estas herramientas de las que te hablaba. Te ayuda a probar tu voz, tu cuerpo, a expresarte al máximo. Además, es el teatro donde yo puedo reunir todas las manifestaciones, y por eso es el medio donde más cómoda y más plena me siento, por supuesto, sin menospreciar el resto de los medios audiovisuales.
“A mí me encanta, por ejemplo, el teatro musical, porque puedes bailar, cantar… yo creo en el intérprete en general, no creo en el actor, el músico, el bailarín, creo que un actor reúne todas esas condiciones, si así lo quiere, para realizar el hecho escénico, incluso en la plástica, porque en la escenografía, la utilería, el vestuario, los diseñadores hacen que la puesta en escena sea una obra visual única cada día.
“Todavía estoy aprendiendo un poco sobre las cuestiones técnicas en los medios, las luces… cosas que van más allá de la actuación como tal, pero es en el teatro donde tienes ese contacto único con el espectador, donde una historia empieza y puede contar sucesos que duran años, pero tú la terminas en escena en un mismo día. El personaje empieza un recorrido y, sin interrupciones, sin cortes, termina, y esa energía para mí es vida. Es un salto al vacío, es un riesgo, porque cualquier error puede cometerse, pero no hay intercambio de energías igual en otros medios como en el teatro”.
