Dentro de la obra de Emilio Roig de Leuchsenring la historia de la ciencia cubana tuvo su espacio.

Emilio Roig de Leuchsenring nació en La Habana el 23 de agosto de 1889 y falleció en la misma ciudad el 8 de agosto de 1964. Desde joven se destacó periodista e investigador de temas históricos y políticos. El 1 de julio de 1935 fue nombrado Historiador de la Ciudad de La Habana y en 1938 se creó la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, la cual pasó a dirigir desde esa fecha y hasta su muerte.

Emilio Roig de Leuchsenring desarrolló una amplia labor dirigida a la educación patriótica del pueblo cubano. Defendió la tradición antimperialista en nuestra historia, para lo cual profundizó en el pensamiento de los grandes próceres, desde Félix Varela hasta Enrique José Varona. Fue relevante su contribución a la defensa, conservación y restauración del patrimonio construido, como edificaciones y espacios públicos de valor artístico e histórico. Prestó especial atención al develamiento de monumentos y tarjas conmemorativas.

Entre sus aportes fundamentales estuvo la divulgación histórica. Para ello se apoyó en la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales y los Congresos Nacionales de Historia. Ambos espacios tuvieron una marcada intencionalidad educativa y cultural. Manifestó también una marcada preocupación por la enseñanza de la historia de Cuba, acerca de lo cual hizo valiosas recomendaciones. Fue un sistemático estudioso de José Martí, sobre quien escribió libros esclarecedores.

Buena parte de su obra y la de sus colaboradores apareció en los 75 números de los Cuadernos de Historia Habanera, colección que inició en 1935. Los volúmenes de la Colección Histórica Cubana y Americana se comenzaron a publicar, también gracias a su iniciativa, en 1938. Creó la Biblioteca Cubana y Americana Francisco González del Valle, así como el Museo de la Ciudad, entre otros muchos proyectos y empeños. Defendió la existencia de una escuela cubana en Cuba libre, alejada de los dogmas y defensora de un porvenir más justo para la humanidad.

Las contribuciones de Emilio Roig de Leuchsenring a la historiografía cubana fueron perdurables e imprescindibles. Sobresalió su aporte a la revalorización de la historia de Cuba, a despecho de ideas preconcebidas e impuestas por la tradición. Al respecto, sustentó que a ningún alzamiento en particular le correspondía el mérito de capitalizar la fecha del 24 de febrero de 1895. También sostuvo la continuidad histórica de las guerras de independencia y defendió que Cuba no debía su independencia a los Estados Unidos.

Ciencia en los Cuadernos de Historia Habanera

La historia de la ciencia en Roig

Numerosos temas vinculados a la historia de la ciencia estuvieron presentes en el desempeño de Emilio Roig de Leuchsenring como historiador. Fueron varios los Cuadernos de Historia Habanera que dedicó a este tema. También organizó numerosos homenajes a personalidades de la ciencia cubana a lo largo de varios años.

Además de lo anterior, Roig también escribió sobre historia de la ciencia en Cuba. Lo hizo sobre todo sobre hechos acontecimientos y personalidades de la historia de la medicina. La mayoría de estos trabajos se compilaron en el volumen Médicos y medicina en Cuba. Historia, biografía, costumbrismo (1965), que editó la Academia de Ciencias de Cuba. La compilación fue realizada por el Museo Histórico de las Ciencias Carlos J. Finlay.

En el prólogo, puede leerse este elogio:

“Rendir homenaje a Emilio Roig de Leuchsenring, que jamás aceptó ninguno, es cosa difícil; per únicamente podemos hacerlo de este modo: publicando un libro con sus trabajos relativos a la medicina y los médicos, entre los que figura, en primer término, su calurosa defensa de la obra de Finlay, la que sostuvo siempre contra la injusticia histórica y el intento de los norteamericanos de arrebatar al sabio cubano la gloria por su genial descubrimiento. Así, reunidos en forma permanente estos trabajos, que su autor esparció en periódicos, folletos y revistas, se conservarán para conocimiento del público actual y del futuro”.

El libro tuvo una primera parte, que se tituló “Historia y biografía”. Los escritos incluidos en esta sección fueron: “Recuerdos de antaño: los primeros médicos, cirujanos y boticarios de La Habana” y “Medicina y médicos cubanos de nuestros días”. Ambos tratan sobre los orígenes de la medicina en La Habana y su actualidad en 1928. Le siguió “La primera mujer médico de Cuba, en 1819: Enriqueta Faber”. En este caso fue un aporte al conocimiento de esta personalidad, que marcó una época en la historia de la medicina cubana.

Portada del libro Médicos y medicina en Cuba. Historia, biografía, costumbrismo (1965). Archivo del autor.

La vida de uno de los médicos forjadores de la nacionalidad cubana se trató en “Tomás Romay enaltecido por la escuela pública cubana”. Sobre el médico, poeta y patriota Fernando Valdés Aguirre disertó en “Recuerdos de antaño: la vida ejemplar de un profesor universitario de 1868”. En “Pequeñas biografías de grandes cubanos”, expuso la vida y obra del agrónomo Álvaro Reynoso y de los médicos Joaquín Albarrán y Manuel González Echevarría.

Además de estos aportes biográficos, también se incluyeron en la compilación las biografías de los médicos Nicolás José Gutiérrez y Diego Tamayo que Emilio Roig escribió. “Juan Guiteras y Gener: uno de los higienistas más notables del mundo”, fue otro de los trabajos que pueden leerse en esta sección.

La segunda parte de Médicos y medicina en Cuba, que se tituló “Finlaísmo”, recopiló todos los trabajos de Emilio Roig de Leuchsenring sobre el genial médico cubano Carlos J. Finlay. Estos fueron:

“Por la justa gloria de Carlos J. Finlay”,

“Finlay, descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla”,

“Plena confirmación práctica en 1900 de las teorías de Finlay”,

“Reiteradamente la gloria de Finlay es negada o desconocida en los Estados Unidos”,

“Retrato de Finlay, donado por La Habana en 1939 al Museo de Historia Natural de New York, no figura aún en dicha institución”,

“La muerte del Dr. Francisco Domínguez Roldán, el máximo glorificador de Finlay”,

“Urgencia de una acción cubana oficial pro Finlay”,

“La gloria de Finlay reconocida y proclamada por toda la América, incluyendo los Estados Unidos, y por Europa”, y

“La ciudad de Nueva Orleans glorifica a Finlay y su inmortal descubrimiento”.

Con estos trabajos, llenos de pasión y verdad histórica, Emilio Roig de Leuchsenring realizó aportes relevantes a la defensa del legado de Finlay en Cuba y fuera del país.

La tercera y última sección del libro Médicos y medicina en Cuba, se tituló “Costumbrismo”. En ella se recogieron artículos escritos sobre recuerdos, costumbres y tradiciones populares vinculadas a la medicina. Fue el caso de “Memorias de un enfermo”, “El médico de los muertos”, “La moda de las operaciones o las operaciones de modas”, “Las clínicas de modas” y “Modas, Beauty Parlor, cirugía estética”.

También pueden leerse “Esencia de Amansa Guapo”, “Medicamentos criollos amoroso-curanderiles”, “Del aceite de cucarachas al ungüento de ranas” y “Aplíquese un «perparo» y verá que bien le sienta”. Es muy conocido su escrito “El médico chino, la Virgen de Jiquiabo, el hombre Dios, Ñica la Milagrera y otros salvadores de la humanidad”.

Los últimos tres trabajos de Emilio Roig en este libro recogieron aspectos vinculados a las supersticiones populares. Se titularon “Cómo se curaban nuestros pobres abuelos”, “Triunfo lógico de curanderos y comadres vs médicos en nuestros campos” y “La anciana y la vieja, la madre casamentera, el calambuco, el músico aficionado, el médico antiguo y otros tipos criollos de antaño”.

En esto consistió, en apretada síntesis, la faena de Emilio Roig de Leuchsenring como historiador de la ciencia cubana. Fiel a su estilo, se destaca el apasionamiento y la defensa de la verdad histórica. En este aspecto, también fue un historiador íntegro y comprometido con Cuba, su patria. (ALH)

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