La obra de Alexis E. Frye forma parte indisoluble de la historia de la educación cubana.
North Haven, en Penobscot Bay, Maine, fue el lugar donde nació Alexis Everett Frye el 2 de noviembre de 1859. Siendo niño su familia se mudó a Quincy, Massachusetts. Allí asistió a la escuela primaria y a la Academia Adams. En 1878 se graduó de English High School en Boston, Massachusetts. Después se inscribió en un curso de formación de maestros y se graduó como profesor en Bridgewater Normal School, Plymouth, Massachusetts. Impartió clases en Quincy durante tres años. En 1882 se le nombró como asistente en la supervisión de las Escuelas Públicas de Boston.

Establecido en Chicago, Illinois, enseñó geografía en la Escuela Normal del Condado de Cook hasta 1886. Al año siguiente, Frye se inscribió en la Facultad de Derecho de Harvard, donde obtuvo su Licenciatura en Derecho en 1890. Aunque se juramentó en el Colegio de Abogados de Massachusetts se dedicó por entero a la educación. Entre 1891 y 1893 fue superintendente de las escuelas públicas de San Bernardino, California. Además, publicó libros de texto de geografía que fueron muy populares y se reeditaron en numerosas ocasiones.
Alexis E. Frye obtuvo una maestría en artes en la Universidad de Harvard en 1897, lugar donde conoció a Charles W. Eliot, presidente de esa casa de estudios. Ambos forjaron una gran amistad. El inicio de la guerra contra España en 1898 motivó que Frye se ofreciera como voluntario. Poco después fue nombrado superintendente de las escuelas de Cuba y viajó a la Isla.
Durante su estancia en Cuba, Alexis E. Frye conoció y contrajo matrimonio con María Teresa Arruebarrena (1878-1973), maestra de la ciudad de Cárdenas, que participó en la Escuela de Verano de Harvard. Hay que destacar que fue el único funcionario estadounidense del gobierno de ocupación que se casó con una cubana. Con ella fundó una extensa familia, donde el amor a Cuba y el recuerdo de la patria antillana fue una constante.
Por su labor educacional, Alexis E. Frye recibió un título honorario en Derecho en la Universidad de Redlands, una membresía vitalicia en la Sociedad Geográfica Estadounidense y la medalla de la Legión de Honor Cubano-Americana. Murió en Loma Linda, California, a los 76 años, el 1 de julio de 1936. Con el paso del tiempo la vida y la obra de Frye han sido más estudiadas y reconocidas. Fue, en un momento importante de la historia de Cuba, un hombre que fundó, sobre sólidas bases, la escuela republicana.
Un Superintendente para Cuba
Alexis E. Frye fue nombrado Superintendente de las Escuelas de Cuba por el gobernador militar John Brooke el 2 de noviembre de 1899. Fue una de las medidas tomadas como parte de las acciones encaminadas a crear un verdadero sistema de escuelas públicas que, junto a la posibilidad de superar el inocultable atraso educacional existente, justificara en cierta medida la presencia del gobierno interventor yanqui. No puede decirse que esa designación haya concitado rechazo, pero sí existieron cuestionamientos, pues se argumentó que existían cubanos con iguales o mayores méritos para esa responsabilidad.
El 10 de noviembre de 1899 el Diario de la Marina publicó una biografía de Alexis E. Frye, en la que insertó respuestas a preguntas que se le formularon al funcionario. En ella destacó los hechos más sobresalientes de su vida, así como las personalidades estadounidenses que lo recomendaron para el cargo. Así dicen algunos de sus párrafos:
“Cuando el general Brooke pidió a Mr. Frye que viniese a Cuba para ayudar a organizar el sistema de escuelas públicas, abandonó inmediatamente sus interese y ofreció dedicar todo en tiempo y energías al interés de las escuelas cubanas, sin retribución alguna, mientras él creyese que sus servicios pudiesen ser útiles en nuestra isla”.
“Creyendo el general Brooke que los veinte años de experiencia de Mr. Frye como educador en las escuelas públicas y normales, ayudaría a los maestros cubanos a resolver muchos de los problemas que de seguro se les han de presentar, puesto de acuerdo con el secretario señor Lanuza, creó el puesto de Superintendente que hoy ocupa el inteligente profesor americano”.
Acerca de los fines que se había propuesto Frye, añadió el Diario de la Marina:
“El plan del nuevo Superintendente es directo y simple. Consiste en preparar a los niños cubanos para que sean hombres de provecho y buenos ciudadanos, con profesores cubanos aptos para ello”.
“Cree Mr. Frye que los cubanos deben prepararse para mejorar ellos mismos el sistema de las escuelas, porque ellos los que están en más estrecho contacto con los niños y tienen sobre ellos más influencia”.
“La idea del Superintendente Frye es ayudar a los profesores cubanos a desarrollar su sistema educativo, limitando su esfera de acción solamente a las escuelas normales y elementales”.
Lo cierto es que Alexis E. Frye fue fiel a estas intenciones. Se creó un comité de maestros cubanos, que se encargaría de recomendar los libros textos que se utilizarían en las escuelas públicas. También se comenzó a trabajar en un nuevo plan o curso de estudios para la enseñanza elemental, tarea a cargo igualmente de maestros cubanos.
Al finalizar, se expresó:
“Mr. Frye se siente satisfecho está agradecido por el buen deseo y los sentimientos cordiales de compañerismo que le han demostrado los maestros cubanos, ayudándole con valiosos consejos en la gran tarea que han emprendido”.
Fue Charles Eliot quien recomendó al secretario de Guerra, Elihu Root, que nombrara a Alexis E. Frye superintendente de las escuelas públicas de Cuba. En esa labor, Frye sobresalió por su energía y capacidad de trabajo. Durante el desempeño de ese cargo logró la creación de más de 3,000 escuelas en el país, con 5,500 maestros y una matrícula de 130,000 alumnos.
En 1900, concibió el ambicioso proyecto de enviar maestros cubanos a la Universidad de Harvard para una escuela de verano. El plan fue un éxito y cimentó el prestigio de Frye como directivo educacional. En seis semanas, más de la mitad de los maestros de escuelas públicas participaron en el programa.
El 6 de diciembre de 1900, el Diario de la Marina dio cuenta de la visita que realizó Alexis E. Frye a Matanzas. Según informó este periódico, el funcionario se personó en el Dispensario de Niños Pobres que pertenecía al Cuerpo de Bomberos del Comercio. Allí escribió un sentido texto, que tradujo para sus lectores el periódico habanero:
“Hay muchas clases de fuegos que consumen. Entre estos las enfermedades, la ignorancia y las penas. Las enfermedades pueden consumir el cuerpo, la ignorancia consume el entendimiento y las penas el corazón. Un organismo que proporciona medicinas al pobre, que ofrece socorros a los accidentes en la vía pública, educa en música o de cualquiera otra manera a juventud, y el objeto de su institución es consagrarse a aliviar en las desgracias salvando la vida en el fuego o en las inundaciones, colma por completo sus sagrados deberes y sus sublimes propósitos de combatir los fuegos que tienden a consumir humana”.
Entre los rasgos que caracterizaron a Alexis E. Frye durante su estancia en Cuba estuvo que donó su salario a los orfanatos cubanos. La labor que desarrolló, aún sin dejar de ser expresión del dominio yanqui sobre Cuba, tuvo un nivel de autonomía que causó alarma entre los gobernantes estadounidenses. Sobre todo, le ganó la ojeriza de Leonard Wood, gobernador militar de Cuba, quien lo acusó “…de hombre peligroso y de tendencias radicales…”. El 9 de enero de 1901, Frye dimitió como Superintendente de Escuelas de Cuba.
Un manual para maestros
Entre los libros que publicó Alexis E, Frye estuvo el Manual para maestros (1899). Lo elaboró como una guía metodológica para los educadores cubanos que impartían clases en las escuelas públicas. Ha estado en el centro de las polémicas en torno a la obra de Frye, aunque la realidad es que fue elogiado por los pedagogos más relevantes del país, sobre todo después de que su autor terminara su labor en Cuba. A veces se obvia que el texto fue aprobado por dos cubanos: Esteban Borrero y Lincoln de Zayas, superintendentes asociados.
El volumen lo encabezó una exhortación “A los maestros de Cuba”, en la cual puede leerse:
“Este pequeño libro os lleva mi primer saludo, como compañeros en la noble empresa de fomentar un sistema de escuelas públicas en este país. Con el levantado objeto de cultivar la inteligencia y desarrollar el cuerpo de los niños que en breve serán los hombres y las mujeres de Cuba, trabajemos Con todas las energías de nuestra alma, plenamente convencidos de que en nuestras manos está el porvenir de Cuba”.
“Es mi primer mensaje, y el lema de nuestra labor será siempre: Libertad absoluta a todo maestro, para que emplee su propio método de enseñanza”.
“Aceptad, pues, este pequeño libro como fruto de mi experiencia. personal, y usad las partes que en él estiméis útiles y provechosas”.

El índice de este libro ofrece una idea acerca de los temas que trató: “A los maestros de Cuba”, “Reglas Generales”, “Del Ejercicio Físico”, “Registros Escolares”, “Notas Generales”, “De la Lectura”, “Del Lenguaje y la Gramática”, “Del Idioma Inglés”, “Del Deletreo”, “De la Escritura”, “De la Aritmética”, “De la Geografía y estudio de la Naturaleza”, “De la Historia” “De la Higiene”, “De la Música” y “Del Dibujo”.
El Manual para maestros incluyó, además, el decreto del 6 de diciembre de 1899, “De las escuelas primarias y superiores en la Isla de Cuba”. Esta legislación, que aprobó el Gobierno Interventor, estableció el sistema de escuelas públicas de Cuba.
El Manual para maestros tuvo vigencia oficial por poco tiempo y fue sustituido por textos elaborados por pedagogos cubanos. Varios materiales extraídos de él, como clases modelos de diferentes asignaturas, se siguieron utilizaron por varios años más. Así lo demuestra el contenido del Manual o guía para los exámenes de maestros cubanos (1901-1904), publicado en diez tomos bajo la dirección del naturalista y pedagogo matancero Carlos de la Torre y Huerta.
El recuerdo de los cubanos
A pesar del tiempo transcurrido y de la distancia, Alexis E. Frye no olvidó a los maestros cubanos. Lo mismo hay que decir de estos últimos, quienes siempre tuvieron en cuenta el ejemplo del recordado educador estadounidense. En 1916 la Asociación Nacional de Maestros solicitó la ayuda de Alexis E. Frye para consultar algunas leyes estadounidenses sobre el retiro de los maestros. El viejo maestro respondió enseguida y les hizo llegar las aprobadas por California y Nueva York. Además, envió una carta a Carlos Génova, presidente de la Asociación, en la que se destacan los párrafos siguientes:
“Quisiera que esta carta pudiese llevarle mi cariño a todos mis antiguos camaradas, los maestros de Cuba. Ninguna época de mi vida trae a mi memoria tanta felicidad y tantas asociaciones queridas, como aquella en la que me fue permitido unirme a todos ustedes en la organización de las escuelas públicas de esa querida isla republicana”.
“Deseo que ningún otro recuerdo, jamás suplante este. En esto el mundo me ha dado ya más de lo que me pertenece, en sus bendiciones.
En 1928 la Asociación Pedagógica Universitaria, que presidía el destacado educador Alfredo Miguel Aguayo, lo nombró Socio de Mérito. Hasta su casa, que nombró “Villa Cuba”, en Redlands, California, llegó el diploma acreditativo, acompañado de una carta. En la respuesta de agradecimiento, Alexis E. Frye escribió:
“Su bello mensaje y el diploma de la Asociación Pedagógica Universitaria de la Habana, que lo acompaña, me han llegado al corazón. Uno y otro me mueven a expresarle mi más sincera gratitud”.
“Al paso de los años, cuando recorro el jardín de la memoria, mis flores favoritas son las escenas e incidentes de la obra escolar de su bella Isla. Ellas son las flores más dulces de mi vida. Y ahora, en el diploma de afecto que usted me ha enviado, encuentro las semillas de nuevas flores para mi jardín”.

Más de cuarenta años después de finalizada su misión en Cuba, Alexis E. Frye recibió un solemne homenaje del pueblo cubano. Fue el 16 de diciembre de 1942, fecha en la cual quedó develado un busto del maestro de Connecticut, junto a los de otros destacados educadores: Eduardo Yero, Esteban Borrero y Mathew Hanna. Esta iniciativa fue propuesta por el entonces Ministro de Educación, el periodista matancero Ramón Vasconcelos. Aunque, en honor a la verdad, desde hacía 15 años se había concebido la idea e incluso, realizado algunas colectas públicas con ese fin.
El busto de bronce que se dedicó a Alexis E. Frye lo esculpió el artista Teodoro Ramos Blanco. Quedó emplazado cerca del Anfiteatro Municipal de la Habana. La inauguración la presidió el ministro Vasconcelos y las palabras iniciales, escritas por Alfredo Miguel Aguayo, fueron leídas por la doctora Hortensia Martínez Amores.
Palabras sobre Cuba
La edición en español de la obra de Alexis E. Frye, Geografía elemental (1900), contó con un apéndice que tituló “La isla de Cuba”. En esa parte, que al parecer sólo se puede leer en esta edición, expuso interesantes ideas acerca de Cuba y los cubanos que merecen ser conocidas. Destacó que Estados Unidos se encontraba en esa fecha “…ayudando a la Reina de las Antillas a ser una nación próspera”. Sobre este aspecto, añadió:
“…bajo la protección temporal de los Estados Unidos, Cuba empezará a reponerse, con la paz asegurada, con menores contribuciones y alentada con todo género de estímulos para llegar a ser lo que fue en tiempos pasados, uno de los puntos más productivos del mundo. Los cubanos, que son de temperamento valiente y generoso, no olvidarán las hazanas heroicas de los soldados y marinos cubanos y americanos que perdieron la vida por la causa de la libertad; y ningún verdadero patriota guardará sentimientos de rencor. Para Cuba libre se presenta ya un porvenir glorioso”.
Acerca de los cubanos, escribió:
“El natural de Cuba es inteligente y tiene buena memoria. Cuando ha recibido educación de colegio, ocupa con facilidad un buen puesto entre los hombres distinguidos por su instrucción y habilidad. Europa y América deben hoy a Cuba médicos, músicos e ingenieros, como también grandes ejemplos de patriotismo y valor en blancos y negros. Mientras los cubanos sigan bajo a protección de los Estados Unidos, no es posible concederles mayor beneficio que un extenso sistema de escuelas públicas, donde hasta los niños más pobres puedan recibir una educación que los prepare para las artes y los oficios”.
Vale la pena leer estas palabras de Frye sobre los cubanos negros:
“Muchos patriotas de las últimas guerras fueron mulatos y negros que se batieron al lado de los blancos por la libertad de la patria, y sus hechos de heroísmo han conquistado para su raza la admiración y respeto del mundo entero”.
“El trabajo constante durante la zafra ha dado a muchos de los negros su hermosa constitución física y sus costumbres económicas”.
“Se cree que, durante la guerra de la independencia, por lo menos 300,000 blancos y negros pobres en los distritos del campo de las provincias de Pinar del Río, la Habana, Matanzas y Santa Clara, murieron de hambre o fueron muertos. Los que aún viven, tienen que resolver el problema de reconstruir sus hogares, pero pueden emprender la obra con la convicción de que jamás ninguna potencia extranjera volverá a poner el pie en Cuba a no ser como amigos”.
Al referirse a las principales actividades económicas de los cubanos, resaltó:
“…mientras algunos trabajan en los campos, otros se ocupan en los ingenios y fábricas de tabaco, y aún otros en las diversas carreras y oficios que forman parte de la vida de un pueblo libre e inteligente”.

