A partir de este momento el Sol comenzará su camino hacia el sur, luego de “cruzar” la frontera ecuatorial, en búsqueda del verano austral y dejándonos el camino al invierno boreal. Así ya el norte irá recibiendo menos luz solar que el sur, por lo que muchos consideran que en este día ambos momentos: el día y la noche, tienen la misma duración.
Realmente en Cuba durante el equinoccio, el día no dura exactamente 12 horas al igual que la noche, de hecho, durante este equinoccio de otoño, el día durará unos minutos más que las horas sin Sol. Esto no depende de la posición geográfica de Cuba, sino del tamaño real del Sol y de cómo interacciona su luz con la atmosfera terrestre. Por ello en ningún lugar del planeta ocurre durante el equinoccio el “equilux”: la igual duración de horas con y sin luz solar, que suele ocurrir días después del equinoccio otoñal y días antes del primaveral.
Tomando como referencia a la capital cubana, los dos días en que ocurrió el “equilux”, o al menos la mayor aproximación al mismo por la menor diferencia entre la duración de día y la noche fueron el 15 de marzo, con solo unos segundos más de luz que de sombra y el venidero 27 de septiembre con menos de medio minuto de diferencia, a favor de la noche.
La no correspondencia ambos momentos, cuando por la posición de la Tierra y el Sol indican que debieran coincidir viene dada como dijimos por el tamaño del Sol y la presencia de atmósfera terrestre.
En primer lugar, el Sol, que vemos como un disco (si prefiere llamarle un “circulo”) tiene un tamaño aparente para nuestros ojos, dado por su volumen real y la distancia a la que se encuentra. Esto hace que cuando su centro realmente está cruzando el horizonte para “salir” ya vemos sobre la línea del horizonte su mitad superior. El efecto contrario ocurre en la puesta del Sol, que “retrasa” la presencia del astro rey en el firmamento. Si estuviera tan lejano o fuera tan pequeño como un punto, o como vemos cualquier otra estrella (suponiendo que nos llegara su luz con la suficiente intensidad por supuesto) sí ocurriría que durante ambos equinoccios el tiempo entre la salida y puesta del Sol sería de 12 horas (casi exactamente).
También aunque no nos percatemos, comienza a ser visible su borde superior incluso cuando en la realidad no ha superado el horizonte. La causa es como la atmosfera refracta (desvía) la luz solar, a manera de un lente curvado. Esto hace que los rayos del Sol desviados lleguen a nosotros unos segundos antes de la salida (incluso del borde superior del disco solar) sobre el horizonte y amanezca antes y al atardecer permanezca visible cuando ya descendió bajo el límite entre cielo y tierra. Ya hemos visto como la atmosfera bajo ciertas condiciones puede engañarnos.
Lo que sí ocurren en ambos equinoccios es que, como ambos hemisferios reciben igual cantidad de luz solar, todos los puntos a cierta distancia del ecuador reciben la misma cantidad de luz solar, tanto si están al norte o al sur de la línea. Ya vimos por estas fechas y hablando de este mismo evento, que Cristo de La Habana y el Cristo Redentor en la ciudad de Rio de Janeiro, en Brasil recibirán la misma cantidad de radiación solar en este momento del año.
Así que ya puede decir que estamos en otoño, solo astronómicamente hablando, pero quizás ya lo ayude a sentir más cerca de invierno añorado por muchos para el descenso de las temperaturas. (ALH)
