Ivis Villasuso Socarras, merecedora del Premio Mujer y Medio Ambiente Juana Zoila Junco Horta, ha compartido sus reflexiones en torno a este reconocimiento y a su extensa trayectoria en el ámbito ambiental. Para Ivis, este galardón tiene una carga emocional y personal muy profunda, pues no se trata de una figura distante, sino de una compañera y amiga. Juana Zoila fue su colega en los años 90 en la Comisión Provincial de Medio Ambiente, donde ella representaba a la Universidad de Matanzas e Ivis a la delegación de la Agricultura. Allí comenzó su amistad. Cuando Juana Zoila organizó la primera maestría en Medio Ambiente —quizás la primera que se hizo en la Universidad de Matanzas—, enseguida convocó a los que formaban aquel grupo a integrarse. Ivis así lo hizo hasta defender su tesis de maestría en 1999, un trabajo que luego fue Premio Provincial del CITMA. Más tarde, cuando Juana Zoila organizó el doctorado curricular, acudió al CITMA para saber si Ivis quería integrar aquel grupo. Por desconocimiento en aquel momento, Ivis le respondió que si iba a ser doctora quería que fuera en Geografía, su pasión declarada. Sin embargo, siempre que Juana Zoila la solicitaba para impartir conferencias sobre cuencas hidrográficas, ella respondía presente. Ivis la respetaba y admiraba profundamente, y siente que el respeto era mutuo. Por eso, recibir este premio con el nombre de su amiga le produce una enorme satisfacción.

En cuanto a las barreras o retos por ser mujer en el ámbito ambiental, Ivis no recuerda haber enfrentado grandes dificultades específicas por su género en su quehacer diario, ni con sus compañeros de trabajo ni con sus jefes. Sus tres grandes jefes fueron geógrafos: Jesús Barceló, Ángel Alfonso y Orozco, el último en la Oficina del Conservador. Nunca tuvo limitaciones; al contrario, laboró con mucha satisfacción y siempre encontró las puertas abiertas para realizar lo que entendía necesario. Sin embargo, al recordar, viene a su mente una etapa compleja cuando sus hijos eran pequeños. Sin familia en Matanzas, ella y su amiga geógrafa María Cristina Padesni realizaban proyectos de conservación de suelo en las Lomas de Cabeza. En una ocasión, un aguacero tan intenso las sorprendió que el jeep en el que viajaban se atascó y no podía salir. Ivis pensaba entonces en sus niños, pero siempre tuvo la confianza y el respaldo de su compañero en la vida, su esposo Alberto Florido, quien los cuidaba mientras ella llegaba. Ese fue un reto cotidiano, algo normal de la vida, pero no un obstáculo impuesto por su condición de mujer.

Sobre el impacto directo en la protección de la naturaleza y la comunidad, todo el quehacer profesional de Ivis Villasuso Socarras ha impactado positiva y directamente en la naturaleza de la provincia de Matanzas y de otros lugares donde también ha colaborado, como Mayabeque y otros países. Recuerda sus inicios profesionales con proyectos de conservación de suelo y reforestación. También realizó los diagnósticos ambientales de las cuencas hidrográficas de la provincia, dirigiendo el equipo técnico que guiaba al Consejo de Cuenca. Cuencas como San Juan, Yumurí, Canímar, Anábana, Palma Meteor y Cochino Bermejo fueron trabajadas directamente por ella o bajo su asesoría. Destaca especialmente el trabajo de las cuencas, declarado en 1998 como una unidad de gestión ambiental, una mirada integral que integra todos los componentes de la naturaleza. Otro gran aporte fue dirigir los planes de manejo de las áreas protegidas del norte de Matanzas durante muchos años, y siente que aportó a los administradores de esas áreas, sobre todo a la empresa de Flora y Fauna de Matanzas. También trabajó en el manejo sostenible de tierras y fincas. En sus últimos años, ya con 71 años, dejó de estar vinculada a la Oficina del Conservador el 31 de enero de este año, pero siguió apoyando a quienes la buscaban. Ha colaborado con el proyecto Cinco Palmas en la elaboración de proyectos de investigación para pequeñas donaciones del GEF, que fueron aprobados, y en estos días terminaba otro proyecto, porque cree que esa es la manera que tiene de ser útil y de aportar a la humanidad. En sus últimos diez años en la Oficina del Conservador, confeccionó y guió la estrategia ambiental del centro histórico, círculos de interés, y algo que la llena de regocijo es haber participado desde los inicios en el Plan Especial de Desarrollo Integral del Centro Histórico de Matanzas (PEDI), un documento fundamental para guiar el quehacer de la ciudad.
Finalmente, Ivis aconseja a las niñas y jóvenes que quieren dedicarse a las ciencias ambientales o al activismo ecológico que, en primer lugar, estudien mucho y que vean los componentes de la naturaleza con respeto. Subraya que los seres humanos tienen la responsabilidad de cuidarla, protegerla, investigar y establecer planes para que ello ocurra. Y sobre todo, que lo hagan con pasión, con entrega y con amor, porque proteger la naturaleza es proteger la vida en toda su extensión de la palabra.
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