Dicen que “a falta de pan, ca­sabe”, y por eso nos toca hacer magia con lo que tenemos; a fin de preservar este logro que, pese a las dificultades, continúa ofre­ciendo sus servicios a las madres trabajadoras, a las familias.

Frente a los problemas mencio­nados, algunos se preguntan cómo contribuir. Conocemos que desde hace tiempo existen centros labo­rales que han asumido dentro de su programa de trabajo el apoyo a círculos infantiles en cuanto a la alimentación y la reparación de los locales; sin embargo, los buenos ejemplos no abundan tanto como desearíamos.

Llevar esas iniciativas al máximo posible permitiría un mayor vínculo con nuevos acto­res económicos —mipymes y tra­bajadores por cuenta propia—, quienes poseen muchos casos de ayuda a escuelas, hospitales, ho­gares de ancianos y de niños sin amparo familiar por solo citar estos casos. ¿Quién niega que en los últimos meses es muy visible esa solidaridad colectiva, res­puesta de los cubanos para en­frentar tan difícil circunstancia?

Si tomamos como base esas alternativas me atrevería a propo­ner que en dependencia del mon­to de las donaciones a los círculos infantiles, estas se gestionaran con las autoridades en la locali­dad. Otra de las maneras de estre­char vínculos con la comunidad y de mostrar transparencia en el proceso.

Y no me refiero a aplicarlo solo en los círculos infantiles en las ciudades, también incluyo a los de las zonas periféricas y ru­rales. Hay ejemplos de ello, pero deben de ser más. Estas propues­tas no eliminan la responsabili­dad institucional, solo pedimos que se multiplique la solidaridad. Nos corresponde cuidar lo que ya poseemos. No dejemos morir, por falta de acción u omisión, uno de los logros más hermosos de la Re­volución. (ALH)

/Trabajadores

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