Así de repente, como suelen ser las cosas en el gremio reporteril, Tubal Páez Hernández acató este martes en la Casa Central de la Prensa su misión más emocionante en calidad de “Presidente de Honor” de la UPEC: erguirse de su butaca de ejemplo, donde antes se le veía muy relajado, para improvisar a puro nervio un discurso hermoso y cercano al enterarse allí mismo que el Premio José Martí por la Obra de la Vida en el sector es en 2026 para… ¡Tubal Páez Hernández!

A la postre, (el cuadro de la presidencia en la actividad sorprendido con un premio) terminaría con exceso de “resplandor” en esos ojos que han visto correr tanto periodismo bajo el puente de las redacciones, pero en su “defensa” hay que apuntar que no fueron pocos los colegas que, justamente por respetar al ganador, terminaron “cogiéndose” para sí lo único que esta vez podían arrebatarle: las lágrimas de la honra.

No era para menos. Ricardo Ronquillo, el presidente actual de la UPEC, se fundió con él en un abrazo -primero de muchos de la mañana- que ilustró como pocas cosas pueden hacer que, con defectos y virtudes, los periodistas cubanos no elegimos como guía a cualquiera: siendo de generaciones distantes, Tubal y Ronquillo reúnen los mismos atributos porque en ambos palpita la virtud, la obra grande, el legado comunicacional y el arresto personal para dar todavía más.

Tubal lo explicaba así: “Los tiempos no están para decir que no, no solo ante el reconocimiento y las tareas; tampoco ante la trinchera”. Los más cercanos, incluidos los que le propusieron a la brava para el “José Martí” por toda su vida en obra, entendieron en seguida el guiño que hacía: varias veces anteriores, su propuesta tropezaba con su muro infranqueable de modestia: “¡Yo no quiero competir!”, dijo mil veces, pero ahora, más que sus amigos y que la propia prensa, fue Cuba quien le exigió que aceptara lo que tantos habían sugerido. Y Cuba, ya lo sabemos, se equivoca muy poco.

De modo que, aunque elegir entre 20 buenos candidatos de todo el país a quién otorgar el Premio más hondo representó -lo dijo Juvenal Balán, el presidente del jurado- “un trabajo muy duro”, decantarse por Tubal despertó en el sector inmediata simpatía.

El jurado reconoció en el elegido los méritos que explicaron antes su condición de “Presidente de Honor” y ahora se traducen en el Premio José Martí: su rol en la Historia del periodismo cubano, su lucha clandestina y su valentía pública, su paso como diseñador, redactor, directivo… por relevantes medios cubanos y por esta UPEC que todavía le une a todos sus miembros, su rol como fundador del Partido y las Milicias Nacionales Revolucionarias, su activismo en la FELAP y otros espacios internacionales, su paso por la Asamblea Nacional, ora en rol de diputado, ora en el de jefe de comunicación, su sello fidelista y su condición martiana, qué cará…

Así que el premiado premió a los otros con esos relatos deliciosos que elevan las peripecias del individuo con la levadura de la nación. Como Premio y premiado son patrimonio del periodismo, Tubal Páez Hernández habló de nosotros: “En los momentos más difíciles es cuando más se fortalecen los medios; más se aprietan los cerebros para buscar soluciones, como merecen la grandeza de la coyuntura”, dijo retratando el hoy.

El Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de la Vida 2026 fue presidente nacional de la UPEC entre 1993 y 2013, pero, preocupado por Cuba y el mundo, continúa dando tareas: “Nos corresponde ahora la defensa del pensamiento y de la evolución intelectual humana. Los medios cubanos lo asumen como merece la situación”.

Tubal defiende la credibilidad, que a su juicio se consigue cuando el periodista está cerca del corazón, de la inteligencia y de los problemas de la gente. Él tiene plena confianza en la prensa cubana porque sabe sus sacrificios y avances y también, a veces, hasta la mala evaluación externa.

Lo mejor del caso es que en miles de rostros, edades y perfiles, la prensa cubana tiene gente como Tubal Páez Hernández, el hombre que otras veces opuso resistencia, pero que este año decidió ceder y decir “Sí” a la candidatura para, al cabo, ir armado con un Premio a su trinchera. (ALH)

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