Cada mes de septiembre, el Día Mundial de la Salud Ambiental invita a reflexionar sobre cómo el aire que respiramos, el agua que consumimos y los espacios donde vivimos influyen en nuestro bienestar.
La salud no depende únicamente de la atención médica. También se construye en el entorno: en la calidad del aire, el acceso al agua potable, la gestión de los residuos y las condiciones de las viviendas y los lugares de trabajo. Ese vínculo entre ambiente y bienestar es el centro del Día Mundial de la Salud Ambiental, que se conmemora cada 26 de septiembre.
La jornada pone de relieve problemas que afectan de manera directa a las comunidades. La contaminación del aire puede agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares; el agua contaminada y el manejo inadecuado de desechos pueden favorecer la propagación de enfermedades; y las altas temperaturas asociadas al cambio climático representan riesgos crecientes, sobre todo para niñas, niños, personas mayores y quienes trabajan al aire libre.
Las consecuencias no se distribuyen por igual. Los barrios con menos espacios verdes, viviendas precarias o servicios básicos insuficientes suelen estar más expuestos a la contaminación y a eventos climáticos extremos. Por eso, hablar de salud ambiental también es hablar de prevención, planificación urbana y equidad.
La conmemoración, impulsada internacionalmente por la Federación Internacional de Salud Ambiental, busca promover la conciencia y la acción. Reducir las emisiones contaminantes, proteger las fuentes de agua, fortalecer la recolección y el tratamiento de residuos y preparar a las ciudades frente al calor extremo son algunas de las medidas que pueden contribuir a entornos más saludables.
El Día Mundial de la Salud Ambiental recuerda que proteger el ambiente no es una tarea separada de proteger la salud. Constituye una responsabilidad compartida entre gobiernos, comunidades, instituciones y ciudadanía, y una inversión en la calidad de vida presente y futura.
