La calle Río, una de las arterias principales de la ciudad de Matanzas, encierra tesoros patrimoniales vinculados a la historia de la ciencia en el territorio.

Conserva el primitivo nombre de Río, por su cercanía al San Juan, una de las vías fluviales de la ciudad. También se llamó O’Reilly y oficialmente es Tello Lamar, en homenaje a Eleuterio Lamar Varela, joven conspirador fusilado por los españoles en 1869. Existe desde la misma fundación de la ciudad en 1693. Es un espacio lleno de historia y tradición.

La cuna de tres grandes hombres de ciencia

La calle Río, en la ciudad de Matanzas, sobresale, en primer lugar, por albergar las casas donde nacieron tres grandes personalidades de la ciencia cubana: el sabio naturalista Carlos de la Torre y los eminentes médicos Juan Guiteras y Ángel A. Aballí.

Nacido en la casa número 37 de la calle Río, Carlos de la Torre y Huerta fue el científico cubano más destacado en el campo de la malacología. Cursó estudios en los colegios La Empresa y Los Normales, de su ciudad natal, donde también recibió la influencia educativa del sabio coleccionista Francisco Jimeno. Alcanzó el grado de Licenciado en Ciencias en 1881, en La Universidad de La Habana. Después matriculó la carrera de Ciencias Naturales en Madrid, titulándose Doctor en 1883.

Fue catedrático de los Institutos de Segunda Enseñanza de San Juan, Puerto Rico, y de La Habana. En 1885 formó parte del claustro de la universidad habanera. Ingresó en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en 1889. Perteneció y obtuvo distinciones de más de 50 instituciones científicas cubanas y extranjeras. Participó en la dirección de una decena de medios científicos de prensa y publicó diferentes investigaciones en cientos de artículos y libros en Cuba y el extranjero.

Estuvo entre los más destacados representantes del evolucionismo en Cuba. Desde la impartición de la asignatura Anatomía Comparada en la Universidad de La Habana, contribuyó a dar basamento científico a una concepción evolutiva del desarrollo de la naturaleza orgánica. En esta faceta se inscriben los resultados que alcanzó como paleontólogo: descubrió los restos del Megalocnus rodens, con lo cual probó la existencia de la Isla en el período Pleistoceno. Al hallar fósiles de Ammonites en Pinar del Río, confirmó la presencia en Cuba del período Jurásico.

Acosado por el régimen colonial, al estallar la Guerra del 95, se vio obligado a exiliarse en el exterior (Inglaterra, Francia y Estados Unidos) donde ayudó a la causa cubana. Por esta razón fue depuesto de su cargo de catedrático de la Universidad de La Habana y repuesto en 1898. Como pedagogo la labor de Carlos de la Torre y Huerta fue amplia. Propuso en 1899 un nuevo plan de estudios para las escuelas de Cuba. Dirigió la publicación, entre 1901 y 1904, de los diferentes tomos del Manual o guía para los exámenes de maestros cubanos, donde implementó una pedagogía genuinamente cubana. Dio a conocer varios libros de texto para las escuelas públicas cubanas sobre lectura, de primer a quinto grados, y de geografía de Cuba.

Instaurada la República, ocupó varios cargos políticos. En 1921 fue designado Rector del más alto centro de estudios cubanos. Al fallecer, el 19 de febrero de 1950, era reconocido como la figura cumbre de la Zoología cubana. Una placa conmemorativa recuerda el lugar de su nacimiento en la calle Río de la ciudad de Matanzas.

Carlos de la Torre y Huerta, el hijo de Matanzas que fue un sabio universal

Juan Guiteras nació en Matanzas, en la casona de la calle Río número 43, el 4 de enero de 1852. Recibió las enseñanzas primaria y secundaria en el Colegio La Empresa, que dirigía uno de sus tíos. En 1867 se graduó de bachiller en artes en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. Comenzó los estudios de medicina en la Universidad de La Habana y los terminó en la de Pennsylvania, Estados Unidos, donde se graduó en 1873. Revalidó su título de Doctor en Medicina en la Universidad de la Habana en 1901.

Después de 1873 desarrolló una intensa labor científica y asistencial. Fue médico interno y de visitas del Hospital de Filadelfia (1873-1879). En Frankfurt, Alemania, completó en 1889 su especialización en anatomía patológica y en el Instituto de Higiene de Berlín, en 1891, estudió los avances de la bacteriología, ciencia que experimentaba un gran desarrollo en ese momento. Se desempeñó como profesor en universidades de Estados Unidos. Como oficial médico del Marine Hospital Service realizó una notable labor y participó en la Guerra Hispano-cubano-americana.

Perteneció a la Primera Comisión Americana para el Estudio de la Fiebre Amarilla en 1879 y durante muchos años fue infectólogo consultante de la Fundación Rockefeller. Fue Decano de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de La Habana de 1905 a 1909. Ocupó en Cuba los más altos cargos sanitarios: presidente de la Comisión de Fiebre Amarilla, director del Hospital de Enfermedades Infecciosas Las Ánimas (1901-1909), director Nacional de Sanidad (1909-1921) y Secretario de Sanidad y Beneficencia (1921-1922).

Fundó y dirigió en La Habana la Revista de Medicina Tropical y la Revista de Medicina Tropical e Higiene. Perteneció a numerosas academias y sociedades científicas de América y Europa. En 1922 fue electo Académico de Mérito de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Su bibliografía sobre temas de medicina fue amplísima y abarcó, sobre todo, los relativos al parasitismo en las zonas tropicales. Fue un ferviente defensor de la obra de Carlos J. Finlay. Al constituirse en 1925 la Federación Médica de Cuba fue electo por aclamación su primer presidente.

Dos momentos de su vida ejemplifican su carácter de hombre íntegro. Primero su renuncia, en 1922, al cargo de Secretario de Sanidad y Beneficencia, con motivo de la injerencia estadounidense en los asuntos cubanos. Y en segundo lugar el hecho de que, al regresar a su ciudad natal ese mismo año, fundó una escuela cerca de su finca San Agustín, en Benavides, donde se dedicó a enseñar a leer y escribir a niños pobres de la zona y a brindar consultas médicas gratuitas a los pobladores. Aquí le sorprendió la muerte el 28 de octubre de 1925, a los 73 años.

Legó a su patria y a Matanzas una obra científica y pedagógica muy valiosa, así como un ejemplo imperecedero de investigador y profesional de la medicina. En su honor la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas lleva su nombre y allí existe una cátedra dedicada al estudio de su obra.

Apoteosis y gloria de Juan Guiteras Gener a cien años de su muerte

Ángel Arturo Aballí Arellano, nació el jueves 30 de septiembre de 1880 en una amplia casona de la calle Río número 8. Estudió en la Universidad de La Habana, donde se graduó en 1901 como doctor en medicina. Por sus resultados docente recibió la primera beca de estudios que se le concedió a un estudiante cubano. Durante su viaje por Estados Unidos y Europa amplió sus conocimientos médicos. Regresó a Cuba en 1904 y dos años más tarde ocupó el puesto de jefe de clínica infantil de la Cátedra de Clínica Médica y posteriormente la obtuvo por oposición.

Elaboró planes y programas de estudio, incorporando a la enseñanza de la pediatría los métodos pedagógicos más avanzados. Creó en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes el primer servicio de clínica infantil en Cuba. También inauguró el Dispensario Antituberculoso para Niños Calmette, el Preventorio Grancher para Lactantes y una sala destinada a niños tuberculosos en el hospital La Esperanza. Fundó el Hospital Infantil Antituberculoso, después nombrado Hospital Materno Infantil Ángel Arturo Aballí.

Ángel Arturo Aballí fue presidente de la Sociedad de Estudios Clínicos entre 1920 y 1924. Al crearse en 1923 la Cátedra de Patología y Clínica Infantil de la Universidad de La Habana fue nombrado profesor titular. En 1924 fungió como presidente del VI Congreso Médico y presidió la delegación cubana al VII Congreso Médico Latinoamericano, celebrado en México en 1925. Este año participó en la fundación de la Federación Médica de Cuba.

Electo miembro honorario de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en 1926. Presidió el V Congreso Panamericano del Niño celebrado en La Habana en 1927. Fundó en 1928 la Sociedad Cubana de Pediatría, de la que fue el primer presidente. En 1936 fue designado decano de la escuela de medicina de la Universidad de La Habana y en 1946 se le confirió el diploma de miembro de honor de la Sociedad Cubana de Pediatría. Fue autor de una amplia bibliografía científica. Ángel Arturo Aballí falleció en La Habana el 22 de julio de 1952.

Ángel Arturo Aballí y la salud de la infancia cubana

Tres colegios

Placa que recuerda el lugar donde radicó el Colegio La Empresa. Archivo del autor.

Entre las instituciones de educación que funcionaron en la calle Río a lo largo de la historia, el más célebre es el Colegio La Empresa, que estuvo ubicado en el inmueble número 40. Se fundó el 15 de febrero de 1840 como una sociedad por acciones. El primer director fue el escritor José Antonio Echevarría y entre los primeros profesores estuvo Cirilo Villaverde. La Empresa tuvo gabinetes de Física y Química, así como un museo de Historia Natural. En sus aulas se enseñó latín, griego, francés, inglés y alemán. Además, Lógica, Metafísica, Ideología, Psicología, Moral y Derecho Natural. Se impartió esgrima, gimnástica, música y teneduría de libros.

El verdadero momento de gloria se sucedió al asumir la dirección Eusebio Guiteras Font, a quien sustituyó su hermano Antonio en 1852. La Empresa llegó a ser comparado con el Colegio El Salvador, de José de la Luz y Caballero, y se le consideró el “…mejor de España y sus dominios”. Varios de sus profesores y estudiantes se incorporaron a la Guerra de los Diez Años, ya como conspiradores, combatientes o emigrados. El gobierno español lo clausuró en 1869, tras considerarlo “nido de víboras” Un ex alumno, el destacado pedagogo Manuel Valdés Rodríguez, escribió en 1909:

Funcionaba el colegio en la amplia casa número 40 de la calle del Río. y aquí, hasta después de 1868, ofreció anualmente sus brillantes exámenes, no cesando en el avance constante de sus ideas pedagógicas y en la ardua obra de modelar el carácter de la juventud”.

En la calle Río, número 6, estuvo el Colegio La Luz, otra relevante institución educativa matancera. De acuerdo con algunas fuentes, este centro se fundó por Eduardo Meireles Brito en 1899. Sin embargo, está documentado que fue en 1904 que la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes le autorizó la apertura de un colegio privado en Matanzas. En La Luz se impartió la primera enseñanza elemental y superior, así como la segunda enseñanza. Estaba adscrito al Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas.

Fue una escuela que aplicó nuevas concepciones pedagógicas y didácticas en la formación de niños y jóvenes. Entre las innovaciones de este centro estuvo la utilización del cinematógrafo como medio de enseñanza. Fue de los primeros en aprovechar las ventajas de la coeducación, pues en sus aulas había estudiantes hembras y varones desde 1912. En 1914 se amplió con un departamento dedicado a señoritas y niñas. Eduardo Meireles fue director del Colegio hasta 1917. Después de esa fecha funcionaron dos instituciones de igual denominación, una en La Habana y otra en Matanzas. En ambos casos, los fundadores habían sido discípulos o colegas de Meireles, quienes se declararon continuadores de su obra.

Sobre el Colegio La Luz, escribió el poeta Agustín Acosta:

“Recuerdo aquel famoso colegio matancero «La Luz», de cuyas aulas salió una generación brillantísima. Yo vivía enfrente. La voz del maestro se colaba por la ventana de mi balcón como un torrente de energía no exenta de dulzura para los discípulos. Aquella voz decía bellas cosas de patria, de hogar, de voluntad, de porvenir… Aquella voz no predicó en desierto. Inició una desconocida pedagogía propia: consintió que los discípulos le interrogaran, le opusieran sus dudas, sus reparos, sus ásperos descreimientos de muchachos. Y entonces, en el silencio amplio de la sala, la voz se hacía convincente, imperaba la lógica, el ejemplo tomaba cuerpo y vida… Y si los discípulos no aplaudían los razonamientos del maestro, era porque le dedicaban un aplauso más íntimo y más dulce: la sonrisa”.

Logo del Colegio Arturo Echemendía que aún se conserva en la fachada de la actual Escuela Primaria Quintín Pino Machado. Archivo del autor.

En la calle Río funcionó durante años el Colegio Arturo Echemendía. La génesis de esta institución educativa comenzó en el llamado Colegio o Academia de los Catedráticos, creado por los profesores del Instituto de Segunda Enseñanza que fueron cesanteados por el gobierno de Gerardo Machado. Primero se ubicó en la casona con el número 68 de la calle Manzano. Tiempo después ocupó el local de la casa natal de Carlos de la Torre en la calle Río. Se le consideró en su tiempo el mejor de la ciudad.

Tras la muerte de su fundador en 1934, el ilustre educador matancero Arturo Echemendía, el Colegio de los Catedráticos recibió este nombre. Entre los profesores de este afamado colegio estuvieron Mario E. Dihigo, José Russinyol y José F. Wegener. Varios alumnos de esta escuela se destacaon después en diferentes ámbitos, tanto en Matanzas como en Cuba. Fue el caso, por ejemplo, del médico Julio Font y del cardenal Jaime Ortega. Uno de ellos, Cintio Vitier, dejó sentidos testimonios sobre la influencia que recibió en este colegio:

“Matanzas fue un lugar privilegiado para la educación en esos años; desde luego, en ese sentido ya tenía una tradición, como la tenía también de cultura, de poesía en general; yo creo que los mejores maestros de Cuba estaban en ese momento en Matanzas. Fui alumno de una verdadera pléyade de educadores de primera línea, tuve esa suerte, por eso siempre he creído que la verdadera enseñanza que yo recibí fue la primaria y el comienzo de lo que entonces se llamaba Preparatoria, que fue lo que hice en esta Academia de Arturo Echemendía, hasta que ingresé en el Instituto. Ya después, a los catorce años, vine con mis padres a vivir a La Habana”.

“Arturo Echemendía, era gran amigo de mi padre. Hermano espiritual, debo decir más bien. Lo recuerdo siempre por encima de todos los profesores de aquel Colegio excepcional…”.

La Clínica Tamargo

Además, de las relevantes instituciones educativas ya mencionadas, en la calle Río radicó uno de los establecimientos médicos más famosos que han existido en Matanzas, la Clínica Tamargo. Esta se ubicó en una casona que llevaba el número 29. Esa casa fue en un inicio sede del Banco Español de la Isla de Cuba, que en aquella época tenía una sola planta. Ya en el siglo XX el médico Juan F. Tamargo adquirió el edificio e instaló junto al doctor Vicente Gómez la Clínica Gómez-Tamargo. Después de 1912 se le adicionó una segunda planta.

La Clínica Gómez-Tamargo en 1912. Archivo del autor.

Entre los aspectos más relevantes de la Clínica Gómez-Tamargo estuvo el laboratorio, dirigido por el doctor José A. Fernández Benítez, que contó con todos los recursos de la época. Uno de los médicos que trabajó en la Clínica Tamargo, como pasó a llamarse posteriormente, fue Mario E. Dihigo, quien la consideró “…amplia y bien instalada”. En 1912 la visitó el doctor José Varela Zequeira y destacó que era una institución “…digna de ser imitada”.

Gabinete de Rayos X de la Clínica Gómez-Tamargo en 1912. Archivo del autor.

A inicios de los años 40 la Clínica Tamargo fue vendida a un grupo de médicos, quienes después fundaron el Centro Médico de Matanzas, para el que se construyó un moderno edificio en las Alturas de Simpson. Con remodelaciones y ampliaciones a lo largo del tiempo, allí radica el Hospital Pediátrico “Eliseo Noel Caamaño”. Hoy el hermoso edificio en el que radicó la Clínica Tamargo en la calle Río está en una completa ruina y bajo amenaza de desaparecer.

La calle Río, o Tello Lamar, en su largo devenir de siglos, ha sido testigo de importantes hechos de la historia de la ciencia en Matanzas. Ilustres personalidades nacieron en ella, célebres instituciones encontraron cobijo en sus imponentes casas. Es, en sí misma, ejemplo de la identidad que nos convoca cada día a conocer y cuidar lo que hemos sido, para seguir siendo quienes somos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *