Con la caracterización de cada grupo, el Preuniversitario Urbano José Alberto Rodríguez Acosta, de Unión de Reyes, desarrolló la graduación de sus 101 nuevos bachilleres, en una jornada cargada de emociones, recuerdos y gratitud.

La alumna más integral del centro, Laura Marta Linares Moriñigo, agradeció a los docentes por enseñarle mucho más que fórmulas matemáticas, tiempos compuestos o etapas históricas.

Según expresó, aprendió a pensar con rigor aun en medio de las limitaciones, recibió consejos en cada clase y encontró motivación constante para convertirse en una mejor persona. “Nunca imaginé que las aulas se convirtieran en mi segundo hogar ni que cada uno de ustedes dejara una huella imborrable en mi vida”, destacó emocionada.

En representación de las familias, Leydis Quiñones Quintero reconoció la profesionalidad y el compromiso del colectivo pedagógico, encargado no solo de instruir, sino también de formar valores humanos. “Cada tarde nos devolvían a nuestros hijos un poco más sabios y más sensibles. Fueron testigos de los nervios antes de un examen, de la timidez del que no se atrevía a preguntar y también de la rebeldía propia de una vocación”, expresó.

La madre también resaltó la perseverancia de los educadores en medio de circunstancias complejas, marcadas por dificultades con el transporte y las preocupaciones cotidianas, sin que ello afectara su vocación de enseñar.

Por su parte, Sixto Sangroniz, director de la institución, subrayó el papel decisivo de la familia durante el curso escolar y felicitó a los estudiantes por el esfuerzo realizado. “Este centro siempre será su casa”, afirmó.

La ceremonia estuvo dedicada al centenario del invicto Comandante en Jefe Fidel Castro. Como colofón, los graduados participaron en la última clase junto a sus maestros, un momento pensado para atesorar los recuerdos de la etapa preuniversitaria y la dedicación vivida dentro del plantel.

Las emociones, las risas y las manifestaciones culturales acompañaron una celebración que quedará marcada para siempre en la memoria de estos jóvenes. Una vez más, el claustro del IPU de Unión de Reyes demostró que el magisterio es mucho más que una profesión: es una verdadera vocación de vida.

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