La reciente lectura de algunos pasajes de Black Atenea, el polémico libro de Martín Bernal, me permitió dar forma a ciertas consideraciones sobre la presencia africana en la Atenas de Cuba.

Distante de cualquier pretensión académica, la propuesta obedece a la natural admiración por una cultura llamada a perpetuarse desde la defensa de sus valores ancestrales.

Si bien el texto del autor inglés remite a la Atenea griega, en tanto deudora de sus antecedentes africanos y asiáticos, la Atenea africana que reconozco no resta admiración a la diosa europea.

Se trata entonces de resaltar, que aquella cultura que floreció en Matanzas durante el siglo XIX, y que en la segunda mitad de esa centuria le adjudicara a la urbe el consabido epíteto de la Atenas de Cuba, estuvo acompañada en su raíz de otras manifestaciones culturales no menos admirables.

Cabría distinguir la tragedia impuesta a hombres y mujeres, traídos a la fuerza hasta nuestras tierras, donde solo el arraigo y la perseverancia les permitió salvar sus más caros atributos, convertidos en sangre y carne compartidas en su nueva condición identitaria.

La presencia esclava en Matanzas data del año 1555, distante aún de la fecha fundacional de la urbe yumurina, ocurrida en octubre de 1693.

La soberbia española que martirizó hasta su extinción la población indígena de la isla, logró sustituirla por la fuerza esclava africana, al amparo de la cruz y de la espada.

De los 2,5 millones de africanos embarcados a Cuba, cerca del 40% llegó a Matanzas para cultivar la caña, el tabaco y el café durante el largo flagelo de la esclavitud.

Durante los siglos XVIII y XIX, la población esclava en Matanzas se multiplicó al ritmo impetuoso de su desarrollo azucarero. La sacarocracia instalada en Matanzas dotó a la urbe de palacetes y comercios.

Colegios, tertulias y teatros distinguieron la villa, a la que no faltaron periódicos e imprentas, donde hombres de ciencia, pedagogos, músicos, poetas y escritores hallaron sitio propicio para la creación y el crecimiento cultural.

Tal fue el dinámico desarrollo de la ‘’Fiel Yucayo’’, como solían llamarla los partidarios adscriptos a la corona, que otros prefirieron destacarla por sus luces propias. Entonces se la consideró La Atenas de Cuba.

Pero el caso es que la entusiasta pléyade yumurina era acompañada por una población negra que ascendió entonces a más de 100 mil individuos esclavizados, número superior a la de su población blanca en ese momento.

Hombres y mujeres sometidos al trabajo agotador, al hacinamiento del barracón, al cepo y el látigo por cualquier rebeldía, que apenas alcanzaban a tranquilizar sus almas cuando interpretaban sus cantos y danzas, así como al momento de adorar a sus dioses, aunque debieran confundirlos con las imágenes del santuario católico.

De esa masa irredenta nacieron Carlota y Fermina, abanderadas entre los oscuros gladiadores*, el Teniente del Ejército Libertador Felipe Espínola Travieso, fusilado por las armas españolas, Juan Gualberto Gómez, insigne patriota matancero amigo del Apóstol, nacido de un vientre esclavo y Juan Francisco Manzano, el poeta cautivo que alcanzó la libertad con el clamor de sus versos.

De aquella estirpe legendaria nacieron Plácido el peinetero, fusilado por la supuesta participación en la Conspiración de la Escalera, Joseito White, que divinizó la bella matancera en las tardes de concierto y Miguel Faílde, quien ocupó un lugar cimero en los elegantes salones de su época para establecer al Danzón, convertido luego en nuestro baile nacional.

Matanzas debe a sus hijos de piel negra o mestiza, naturales, o avecindados y los que la honraron con su comprometida cercanía, una legión de valerosos soldados, patriotas, intelectuales, deportistas, hombres dignos que hicieron de su cultura popular un templo.

De José Tomás Rodríguez a Conrado Benítez, de Martín Morúa a Geogina Herrera, de Martín Dihigo a Félix Isasi, de Saldiguera y Minini a Francisco Cobo y Agustín Drake, así como tantos otros que honran la cultura tricentenaria de la urbe yumurina.

Pensar La Atenea Negra es razón obligada para reconocer el crisol de nuestra única cultura, escudo y espada de la nación, sublime y sagrada en la pequeña Patria.

* Oscuros gladiadores, asi llamados ppr Fidel Castro, a losos esclavos rebeldes revelados contra la esclavitud.

Foto 1: Cubadebate 

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