Tras el fallecimiento del querido médico, el dolor de los matanceros se expresó de múltiples formas.
Ocurrido el triste acontecimiento, el 20 de septiembre de 1926, toda la ciudad de Matanzas se convirtió en un doloroso lamento. La tristeza abarcó todos los barrios yumurinos, sin importar la condición social de sus habitantes. Así lo reflejó Carlos M. Gómez en un escrito que publicó el Diario de la Marina el día 22, con el título: “Matanzas está de duelo por la muerte del doctor Armando Carnot, al que se dio cristiana sepultura”. Este fue su testimonio:
“Puede decirse que todo el pueblo de Matanzas llora hoy al hombre caritativo, todo corazón, que de su paso por la tierra solo dejó el recuerdo de sus bondades y su caballerosidad”.
“El fallecimiento del Dr. Armando Carnot y Veulens, ocurrido anoche, ha sido motivo de un duelo sensacional en toda la ciudad”.
“El Dr. Carnot, medico cirujano, desde hace largo tiempo había sido bautizado con el honroso título de «El médico de los pobres». Y, en efecto, bien ganado tenía el filantrópico galeno ese remoquete. El Dr. Carnot, iniciado en la política desde temprana edad, casi no utilizó su carrera sino para hacer favores que él esperaba ver luego reciprocado por las masas. Y cuando enfermo pobre había en la ciudad, iba a visitarlo a cualquier hora y a cualquier parte”.
“Carnot contaba, por este motivo con la adhesión más decidida del pueblo. Así se explica que anoche hubiera tantas lágrimas en los distritos pobres de la ciudad”.
“Al conocerse, sobre las once y cuarto, la noticia de que «Armando acababa de morir» la cuadra de la calle de Milanés, entre Zaragoza y Manzaneda, donde residía el extinto, en la casa número 86, se vio llena, materialmente invadida de público”.
“De la casa no ha que decir. Desde el instante en que el último suspiro fue exhalado por el médico generoso, su amplia residencia fue insuficiente”.
“Con la velocidad del rayo circuló la noticia. Y de lodos los barrios de la ciudad comenzaron a llegar amigos agradecidos, gentes a quienes el Dr. Carnot había salvado, o la vida o alguna situación crítica. Pudiera compararse el duelo experimentado por las clases populares, con una calamidad general que hubiera llenado de luto y de dolor todos los hogares; con tal sentimiento ha sido llorado, en todas partes, el filantrópico médico desaparecido”.
“Por gratitud unos, por sentimiento otros, y todos porque ven perdido quien era su esperanza en los momentos más difíciles, la muerte de Armando Carnot ha conturbado a Matanzas entera”.
“En el barrio de Simpson, lugar de la ciudad habitado por familias humildes, es corriente ver residencias con lazos negros en las ventanas y hombres y mujeres, gente trabajadora, hijos del pueblo, lucen en sus ropas pequeños lacillos negros, también. Lo mismo ocurre en el resto de la ciudad”.
“Esta mañana, la casa de Carnot ha sido un constante jubileo, habiendo sido necesario habilitar una entrada y una salida, para que los amigos y simpatizadores del difunto desfilen ante su cadáver, y a nadie se le permite detenerse. La calle está tan llena como anoche, y no puede dar un paso”.
“El sepelio será lo más grande se haya visto en Matanzas. Se calcula que esta tarde, cuando se inicie el cortejo, el desfile del público será tan enorme, que tal vez dos horas después de puesto en marcha el cortejo aún no haya terminado el desfile”.
“El Dr. Carnot, hijo del Senador Don Alfredo, fue alcalde liberal de esta ciudad durante el periodo 1917-1921. En las elecciones siguientes, seguido de un núcleo numeroso, aceptó postulación para el mismo cargo, por el Partido Conservador, siendo derrotado por el candidato liberal”.
“Desde entonces retornó a su vida privada, dedicándose por entero a su profesión”.
“En la presente contienda electoral, sus amigos quisieron llevarlo como candidato liberal a la alcaldía, pero frustrados esos deseos, se constituyó un núcleo aparte, que laboraba independientemente”.
“En estos afanes lo ha sorprendido la muerte, y no sería aventurado decir que a ellos debe el bajar al sepulcro”.

“Hace varios domingos, el Dr. Carnot concurrió a una fiesta en su honor, y estaba lloviendo. Se mojó, y fue víctima de una bronco neumonía. Después el ajetreo de los días que siguieron: entrevistas, reuniones, idas y venidas. Todo esto, constituyendo una absoluta preocupación personal, debilitó grandemente al Dr. Carnot. Y, una septicemia generalizada, completó la obra destructora que acaba de rendir aquella vida consagrada al bien”.
“A pesar de haber laborado tanto, a pesar de haber luchado con tanto desasosiego, el Dr. Carnot muere pobre, sin fortuna. Y por sus manos, por honorarios profesionales, han pasado cientos de miles de pesos”.
“Pero, el hombre que sabía ganar con el poder de su ciencia buenos pesos, tenía unas manos caritativas muy abiertas para aliviar las miserias de los pobres”.
“Verdad es que le queda la mayor riqueza. El luto que Matanzas entera siente hoy, en el tributo mayor a que puede aspirar un hombre en la tierra. Matanzas entera lo quería y lo llora”.
“El duelo de la alta sociedad matancera, es también general. Han sido suspendidas las fiestas y reuniones anunciadas. El alcalde municipal, señor Benigno González, ha dispuesto que evacuen las oficinas públicas mientras el cadáver permanezca insepulto, y que, en señal de duelo, la Policía lleve un crespón negro durante tres días”.
“Las banderas están a media asta en los edificios públicos”.
“Los chauffeurs de alquiler, uniéndose al sentimiento popular, han envuelto los faroles de sus automóviles en crespones negros. En todos los barrios de la población, los vecinos han iniciado cuestaciones para enviar coronas al Dr. Carnot”.
“El público hace guardia de honor ante el cadáver”.
