Un salidero de aceite dieléctrico que lleva meses sin solución puede parecer un problema técnico menor, hasta que se examinan sus posibles consecuencias: la pérdida de un recurso necesario para el funcionamiento de los transformadores, los gastos de reparación y el riesgo de interrupciones del servicio eléctrico.
En la calle 127, entre 296 y 200, en Peñas Altas, Matanzas, frente a los edificios próximos a la panadería y el Polinesio, los vecinos denuncian que llevan más de diez meses esperando una solución para un transformador con pérdidas de aceite.
Según el testimonio recibido, el problema se reportó a inicios de año. En junio, después de múltiples gestiones, trabajadores de la Empresa Eléctrica acudieron al lugar y sustituyeron otro poste que estaba en mal estado. También anunciaron que regresarían para revisar el transformador. El salidero llegó a contenerse, pero hace unos quince días volvió a manifestarse. La nueva reclamación quedó registrada con el número 30327. Los vecinos siguen esperando una respuesta.
La preocupación es legítima. El aceite dieléctrico cumple funciones esenciales de aislamiento eléctrico y refrigeración en determinados transformadores.

Pero hay otra dimensión que no puede ignorarse: ¿cuánto le cuesta al país perder un recurso que necesita para sostener su infraestructura eléctrica?
Cuba produce aceite dieléctrico en la Refinería Sergio Soto, en Cabaiguán, destinado a transformadores de hasta 33 kilovoltios. Sin embargo, esa producción no significa que el país disponga de todo el aceite que necesita. Los equipos de mayor tensión requieren aceite importado y la capacidad de reposición depende del tipo de producto y de su disponibilidad.
Por eso, cada pérdida evitable merece atención. El impacto tampoco termina en el valor del producto. Si un transformador sufre daños y no puede repararse o sustituirse de inmediato, las limitaciones de equipos y materiales pueden prolongar la interrupción del servicio y afectar a comunidades enteras.
La duración de esas afectaciones depende de cada avería, pero en un sistema sometido a restricciones de recursos, prevenir daños evitables resulta fundamental.
A esta situación se suma el robo de aceite dieléctrico, que implica la sustracción deliberada de un recurso necesario para el funcionamiento de la infraestructura eléctrica. Combatir ese delito es indispensable, pero también lo es actuar ante los salideros reportados.
El robo y las pérdidas por averías no son fenómenos equivalentes, aunque ambos pueden representar un desperdicio de recursos cuando no se previenen o atienden adecuadamente.
El caso de Peñas Altas exige una respuesta concreta: inspeccionar el transformador, determinar la causa del salidero y establecer cuándo se resolverá el problema.
En un país donde reponer equipos y materiales puede resultar complejo, cuidar cada litro de aceite dieléctrico no es un asunto secundario. Es proteger recursos, prevenir averías y reducir riesgos para un servicio del que dependen miles de personas.
Yuni Moliner/ Perfil de Facebook
