El militar, abogado y escritor Arístides Sosa de Quesada, nacido en Limonar, tuvo una obra multifacética.

Era el 3 de enero de 1937 y el pueblo de Limonar vestía sus mejores galas. Uno de sus hijos, Arístides Sosa de Quesada, joven abogado y militar de 28 años, era declarado Hijo Eminente, según lo aprobó un acuerdo de los concejales del municipio de Guamacaro. Manolo Jarquín, corresponsal del Diario de la Marina en Matanzas, informó que se ejecutó un “…programa de fiestas atrayentísimas…”. Acerca de los merecimientos del agasajado, añadió:

“Nativo de Limonar el Teniente Coronel Arístides Sosa Quesada, e hijo ilustre no ya por ese acuerdo de la Cámara Municipal que hoy preside Toto Velunza, sino por sus hechos, por su ejecutoria, y por su bien probada hombría de bien, era natural que al reconocerse oficialmente esos méritos, por la tierra que le vio nacer y premiarlos con el título de que tan acreedor se hizo, se desbordara el poblado el franco regocijo y se festejara el hecho de la manera solemne y jubilosa de que fuimos testigos”.

Desde temprano arribaron a Limonar las personalidades que participarían en la jornada. Poco a poco, según el cronista Jarquín, las calles se fueron congestionando con las máquinas llegadas desde La Habana, Cárdenas, Colón y otras ciudades, cargadas de visitantes. Uno de ellos, que arribó pasadas las 12 del mediodía, fue Antonio Sosa, padre del homenajeado. Sobre las dos llegó Arístides Sosa de Quesada con su familia, tardanza que se justificó por un accidente que sufrió, a las afueras de la ciudad de Matanzas, la comitiva que le acompañó.

Arístides Sosa de Quesada en 1938, a la derecha de la foto, durante un acto de entrega de diplomas a graduadas en la Escuela de Perfeccionamiento José Martí, de Rancho Boyeros. Archivo del autor.

La primera actividad consistió en el bautizo de su primogénito Arístides Rafael en la iglesia de Limonar, por el padre Viera. Allí fueron recibidos por una orquesta que ejecutó primero una marcha y a continuación las notas del himno nacional. Después partieron a la finca San José de Guamacaro, del doctor Gustavo Buxó. Allí se sirvió un almuerzo para más de 300 personas, que, de acuerdo con la crónica de Jarquín, tuvo un menú muy celebrado por su calidad y cubanía.

Tras el convite, la comitiva se trasladó a la Casa Capitular de Limonar, “…donde tuvo efecto el brillante ceremonial de la entrega del diploma de «Hijo Eminente», al apuesto, culto y distinguido oficial”. La concurrencia era “enorme” y “…hacía imposible la entrada en el Ayuntamiento”. Al escuchar las alocuciones de homenaje se vivieron “…instantes de intensa emoción…”. Estas fueron pronunciadas, la primera, por un representante de la Cámara municipal y la segunda por el “inmenso pensador” Fernando Lles, cuya oración fue de “monumental trascendencia”. Le siguieron el Lic. Manuel Abril Ochoa, “nutrido de sapiencia y elocuencia”, y una “dama”, que leyó un “…inspiradísimo discurso”.

Por último, habló Arístides Sosa de Quesada,

“…que embargado por un sentimiento de noble orgullo y una justa y serena satisfacción, dio las gracias a todos, alta la frente, erguido el busto, como cuadra a un soldado cuando se le condecora”.

“Evocó sus años mozos, sus días de estudiante, sus momentos hogareños en el regazo de la madre amada, y cada una de sus palabras parecían abrazos que estrechaban a cuántos allí se encontraban y le rendían aquel simpático tributo”.

Arístides Sosa de Quesada. Archivo del autor.

Antes de concluir el discurso de agradecimiento, Arístides Sosa de Quesada informó a los presentes la donación al pueblo de Limonar del inmueble de su casa natal. En él se instalaría un centro escolar que llevaría el nombre de “Doña Manuela de Quesada”, su madre. Este acto, señaló Jarquín, era una demostración de “…su cariño, su devoción y su amor por la patria chica en que viera la luz primera”.

Sobre cómo transcurrió y terminó el homenaje, destacó Manolo Jarquín:

“Embanderado el pueblo, recorrían las calles las charangas, repicaban las campanas, y endomingados sus habitantes, celebraban el acontecimiento con una exteriorización de alegría que era como ambiente comunicativo que embargaba a todos por igual”.

“…con vivas al Ejército, al Coronel Batista, al doctor Arístides Sosa Quesada y al Ayuntamiento de Limonar, abandonaron todos aquel poblado que, al recuperar su calma habitual, sentíase orgulloso de haber enaltecido al hombre que tanto prestigio y tanta gloria le ha dado a ese término de Guamacaro”.

Vida y obra

En Limonar, pueblo que lo recibió con admiración en 1937, nació Arístides Sosa de Quesada el 22 de enero de 1908. Allí estudió las primeras letras y después se graduó de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, donde fue discípulo del destacado profesor Miguel Garmendía, a quien siempre admiró y ayudó hasta sus últimos días.

Ingresó en la Universidad de La Habana en 1925, donde alcanzó los títulos de Doctor en Derecho Público y Doctor en Derecho Civil. Regresó entonces a Limonar y comenzó a trabajar junto al doctor Gustavo Buxó, notario municipal. Se presentó en 1931 a unas oposiciones para Primer Teniente Auditor y se alistó en el Ejército. Comenzó en la Sección de Auditoría del Estado Mayor, radicado entonces en el Castillo de la Punta.

Aunque no participó directamente en los sucesos del 4 de septiembre de 1933, se vio enrolado en la vorágine desatada tras ese acontecimiento. Pocos días después fue ascendido a Primer Teniente y ese mismo mes a Capitán Auditor. Formó parte del Círculo Militar y Naval de la Ciudad Militar, del cual llegó a ser vicepresidente. Al mismo tiempo, comenzó a impartir conferencias sobre variados temas. El 9 de abril de 1934 pronunció en el Conservatorio González-Molina, de La Habana, una sobre el tema “Arte y religión”.

En 1936, ya con el grado de Comandante, asumió de forma interina la alcaldía de La Habana. Quizás fue la persona más joven en ocupar ese cargo en la historia de Cuba. Desde esa responsabilidad promovió la cultura, al inaugurar el Conservatorio Municipal de Música. La eficiencia demostrada en el desempeño de esa función favoreció que fuera nombrado por Fulgencio Batista para dirigir varias dependencias del Ejército, sobre todo de índole cultural y educativa. Se le encargó organizar las escuelas cívico militares y los hogares infantiles campesinos, aunque la principal tarea que asumió fue dirigir el Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficencia.

Arístides Sosa de Quesada en el en el acto por el cuarto aniversario del Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficencia en 1940. Aparece saludando al expresidente Mario García Menocal. Archivo del autor.

Esta fue una institución cívico-militar creada para potenciar la influencia social del Ejército que, en muchas ocasiones, realizó acciones que le correspondían a los ministerios. Esta mega institución estuvo integrada por el Consejo Nacional de Tuberculosis, el Instituto Cívico Militar de Ceiba del Agua, la Corporación de Asistencia Pública, el Instituto de Salubridad Rural, el Centro de Orientación Infantil, el Departamento de Cultura Física Mental para Menores, el Patronato de la Lepra, la Asociación Nacional de Beneficencia de la República y otras instituciones. Además del Consejo Corporativo en su conjunto, Arístides Sosa de Quesada dirigió personalmente algunas de estas dependencias.

Fueron varias las realizaciones que promovió Arístides Sosa de Quesada al frente del Consejo Corporativo. Entre ellas la creación de escuelas cívico-rurales y biblioteca infantiles. Realizó en Santiago de Cuba el Primer Congreso de Arte Cubano, del 8 al 13 de enero de 1939. A propósito de este evento se editó el libro Primer Congreso de Arte Cubano (1939).

Otras de las tareas que acometió fue el Complejo Deportivo José Martí, en el malecón de La Habana, la inauguración de la Biblioteca Pública Habana en la capital de país y ofreció el apoyo necesario para la inauguración de una Casa de Socorro en Limonar. Fue responsable de las obras para la construcción del Hospital de Maternidad Obrera en Marianao, La Habana, y de uno similar en Santiago de Cuba, llamado Mariana Grajales, cuyas obras comenzaron en 1939. A propósito del centenario de la muerte de José María Heredia, patrocinó la publicación de Antología herediana (1939), compilación realizada por Emilio Valdés de la Torre.

Portada del libro Norteamérica al vuelo (1945). Archivo del autor.

Junto a las responsabilidades en el Consejo Corporativo, Arístides Sosa de Quesada mantuvo la jefatura de la Sección de Auditoría del Ejército y también asumió, en 1838, como Jefe del Cuerpo de Cultura del Ejército Constitucional. Fue ascendido a coronel el 1 de febrero de 1942, momento en el que era jefe del Servicio Jurídico Militar. Entre 1941 y 1945 fue director de la revista Océano, publicación mensual que fue el órgano oficial de la Asociación de Propietarios de la playa de Santa Fe.

En el propio más de febrero de 1942 ocupó la responsabilidad de ministro de Defensa Nacional en el gobierno de Fulgencio Batista. Desde esta función también influyó en la cultura nacional. Fue Arístides Sosa de Quesada quien invitó al escritor alemán Emil Ludwig para que visitara Cuba en 1944. La intención era, además, que escribiera una biografía de Fulgencio Batista, proyecto que no se materializó. Hay que destacar que promovió y materializó en 1943 la erección de un busto a Bonifacio Byrne en Matanzas.

Acerca de su gestión como titular del Ministerio de Defensa Nacional, destacó el periódico Noticias de Hoy en 1943:

“Al frente de esta dependencia céntrica y desarrollando un buen trabajo esté el joven Ministro, Dr. Arístides Sosa de Quesada, que con su actuación continuada y eficaz ha sido un colaborador valioso y decidido en la elaboración y cumplimiento de las medidas adoptadas por el Señor Presidente de la República, para impulsar el esfuerzo de guerra de nuestro país al lado de los Estados Unidos, Inglaterra, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, China y demás integrantes de las Naciones Unidas, cuyos soldados re baten heroicamente en defensa de la libertad de todos los pueblos de la Tierra, seriamente amenazados por las bárbaras hordas del nazi-fascismo”.

Teatro Popular hace entrega de un diploma al Ministro de Defensa, Dr. Arístides Sosa de Quesada, por su valiosa cooperación. Noticias de Hoy, 12 de enero de 1944. Archivo del autor.

Como ministro de Defensa, Arístides Sosa de Quesada apoyó la creación y consolidación de Teatro Popular, iniciativa de los comunistas cubanos que presidió el dramaturgo Paco Alfonso. Por estos vínculos con el Partido Unión Revolucionario Comunista, después Partido Socialista Popular, el Diario de las Américas lo catalogó en 1957 como un “…viejo protector de los líderes comunistas…”.

En septiembre de 1944, un mes antes de que Ramón Grau San Martín asumiera la presidencia de la República, Arístides Sosa de Quesada volvió a ocupar su cargo como auditor en el Ejército. En febrero de 1945 viajó a Estados Unidos, comisionado por el ministro de Defensa Nacional, para “…realizar distintos estudios relacionados con las leyes militares que rigen en el vecino país”. Del 14 de marzo al 25 de abril del mismo año, participó en la primera reunión panamericana sobre Derecho Militar, celebrada en ese país. En ese evento presentó las ponencias “Concepto del militarismo en el continente americano” y “Medidas militares de seguridad en la post-guerra”.

Arístides Sosa de Quesada en su biblioteca particular en 1952. Archivo del autor.

Colaborador muy cercano de Fulgencio Batista, lo acompañó en los preparativos del golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Al mes siguiente de la asonada se le ascendió a General de Brigada y se le nombró Asesor General del Ejército. Algunas fuentes indican que fue el autor principal de los “Estatutos Constitucionales”, que sustituyeron la Constitución del 40 tras la asonada castrense. En 1954 presidió la Organización Nacional de Bibliotecas Ambulantes y Populares (ONBAP). Además, formó parte de la redacción de la revista Isla, que publicó esta institución.

Aunque tuvo varias ocupaciones en el Ejército, Arístides Sosa de Quesada no se vio involucrado en crímenes durante la dictadura. Inconforme con los acontecimientos, en julio de 1958 se dispuso su arresto domiciliario. Según la información que publicó el Diario de las Américas el 2 de agosto de 1958, el motivo fue

“…haber insinuado que se discutiese una tregua con el jefe revolucionario doctor Fidel Castro Ruz. Los informantes declararon, que el general Sosa de Quesada, un oficial de carrera, quedó arrestado en su cuartel, por haber hecho una visita no autorizada al Palacio Presidencial, donde se dice que hizo un pesimista informe sobre la moral en las filas del Ejército y recomendó que se celebrasen conversaciones de paz con Castro, para lo cual ofreció sus servicios personales en calidad de mediador”.

“Añadieron los informantes, que el arresto del general Sosa de Quesada fue ordenado por el jefe del Estado Mayor, teniente general Francisco Tabernilla, luego de haberse filtrado la información sobre la entrevista no autorizada”.

“Las noticias sobre la detención del general Sosa de Quesada, coinciden con las informaciones de fuentes privadas desde Santiago de Cuba, sobre un empeoramiento de la situación en la provincia de Oriente”.

Al parecer, Arístides Sosa de Quesada permaneció arrestado durante los meses previos al 1 de enero de 1959. Estuvo entre los militares que trataron de escamotear el triunfo revolucionario mediante la junta creada por el general Eulogio Cantillo. Fue licenciado del Ejército al disolverse este y no tuvo problemas con la justicia revolucionaria. Los datos disponibles indican que en 1961 se radicó en Estados Unidos. Hasta donde se sabe, nunca más volvió a incursionar en la política.

Titular de la noticia sobre el arresto de Arístides Sosa de Quesada en 1958, en el Diario de las Américas. Archivo del autor.

El escritor

La obra escrita de Arístides Sosa de Quesada fue muy amplia y abarcó más de treinta libros. Sobre aspectos militares y derecho fue autor de El ejercito internacional (1930), su tesis para el doctorado en la Universidad de La Habana, que se tradujo al francés; La coacción como garantía de la paz (1931), Hacia una fuerza militar interamericana (1935), La naturalización forzosa (1935), Necesidad de la fuerza para el mantenimiento de la paz universal (1936), La jurisdicción de guerra o fuero militar (1936), Militarismo, antimilitarismo, seudomilitarismo (1939) y El fuero militar (1956).

Portada del libro Por la democracia y por la libertad (1943). Archivo del autor.

Vinculados a sus labores en el Ejército estuvieron Renovación (1931), El momento es de acción (1931), El Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficencia y sus instituciones filiales (1937), 4 de septiembre de 1933 (1938), Por la democracia y por la libertad (1943), Cuba está presente (1944) e Ideario de un hombre público (1944)

También dio a conocer obras vinculadas a la educación, como Motivaciones escolares (1938), libro de texto que en 1953 tuvo su cuarta edición, y Temas de orientación (1955). Publicó Tres charlas en México (1939), El periodismo, antena de la libertad (1944) y Ayer sin fecha (1957). Dejó constancia de sus vivencias en los Estados Unidos en el volumen Norteamérica al vuelo (1945). Su única novela fue Wan-Pu. Relato de una vida (1950). En Byrne, poeta de la guerra (1943) valoró la obra del gran bardo matancero. Cuba escarnecida y sojuzgada (1962) recogió artículos que publicó en Colombia.

Acerca de Motivaciones escolares (1938), libro que escribió para ser utilizado en las escuelas rurales cubanas, se planteó:

“…ha causado verdadera sensación y sorpresa entre nuestros más distinguidos pedagogos. El libro tiene un contenido exclusivamente rural, y está precedido de un prólogo y unas explicaciones generales para su debido manejo. Abarca abundantísimo material para el maestro rural, diseminado a lo largo de la obra en forma de motivos o sugerencias llenos de interés. Es una obra valiosísima que parece hecha por un experto pedagogo o algún consagrado a la enseñanza”.

“Este libro escolar, que ha sido acogido con tan señalados elogios por parte de nuestros más distinguidos pedagogos, es, sin embargo, una obra de meditación y de largo estudio, llena de observaciones y de eminente sentido pedagógico”.

Portada del libro Éstos (Selección de poemas favoritos) (1973). Archivo del autor.

Arístides Sosa de Quesada escribió numerosas poesías. Fueron varios los libros que dedicó a este género: Tardes de Arifael (1953), que tuvo otra edición al año siguiente; Dolor de patria encadenada (1962), Errante (1967), Brasas en la nieve (1973) y Éstos (Selección de poemas favoritos) (1973). En 1955, al comentar el libro Tardes de Arisfael, Medardo Vitier escribió sobre Arístides Sosa de Quesada como poeta:

“…el doctor Sosa de Quesada escribe y publica versos, no así como peripecia marginal de su vida, sino como necesidad íntima, lo cual advierte el lector en la finura de los poemitas, en el esmero tipográfico y en la reiteración de las ediciones”.

Varios años antes, el matancero Andrés de Piedra-Bueno, pronunció la conferencia Matanzas y sus poetas (1949), donde mencionó la contribución del destacado escritor limonareño:

“Arístides Sosa de Quesada es poeta matancero. No ha hecho dedicación absoluta a la poesía, pero salta en él la ola de armonía. De vez en vez hace florecer el limonero del espíritu. Tiene—con clara percepción—vena de fabulista. Es lástima que su vida múltiple—Presidencia del Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficencia, Jefatura de la Sección de Cultura del Ejército Constitucional, Jefatura de la Auditoria del propio Ejército, etc.—no le dejen vía libre al cultivo del verso. Pero por necesidad biológica (ya se ha dicho: la poesía no es más que la circulación de una sangre musical) se asoma irremediablemente al balcón donde las musas hacen reverdecer laureles…”.

Como ejemplo, citó la fábula “El caimito y la yagruma”, tomada del libro Motivaciones escolares:

“El caimito, observando a la yagruma

sus hojas agitar con gracia suma,

envidioso le dijo: Cuentas claras,

nadie fía en persona de dos caras”.

 

 “Respondió la yagruma al insolente:

—Veo que ha sido usted muy elocuente;

mas si tener dos caras es un vicio,

usted lo tiene, o yo he perdido el juicio”.

 

“Buena contestación al insensato

que, dando sus defectos de barato,

en todo tiempo sin piedad condena

sus propios vicios en cabeza ajena”.

El martiano

Arístides Sosa de Quesada propició la publicación, en 1940, de Archivo José Martí. A su pluma se debió el primer artículo que apareció en esta revista, que tituló “Moción”. En él, planteó que la nueva publicación de proponía

“…divulgar la vida y obra de Martí de la pluma de autores cubanos y extranjeros a partir de la dimensión continental de su pensamiento, así como publicar escritos inéditos, o no conocidos de Martí para la época, y estudios, reseñas, notas informativas que muestran en el año todas las conmemoraciones que se realizaron alrededor de la vida y obra del Apóstol”.

Portada del libro Reliquias de Martí (1942). Archivo del autor.

El libro Reliquias de Martí (1942) recogió el contenido de las conferencias que, sobre ese tema, impartió en el Teatro Sauto, de Matanzas, el 20 de mayo de 1942; en el Lyceum Lawn Tennis Club, de La Habana, el 26 de agosto del propio año, que tituló “Un estudio sobre la vida de José Martí a través de sus reliquias conservadas”, y en el Gobierno Provincial de Santiago de Cuba, el 12 de septiembre, sobre “Martí y sus reliquias”. En todos los casos se auxilió de proyecciones en pantalla. Otra versión de este libro fue Martí, Maceo y Agramonte a través de sus reliquias (1944).

En el párrafo final de Reliquias de Martí, Arístides Sosa de Quesada escribió:

“Hemos, pues, seguido a Martí con una guía emocionante: sus reliquias. Es preciso que cada cubano entre en Martí como en una gruta maravillosa. Al principio, ciega la mirada del espíritu. Luego, la vista comienza a detallar: poeta, orador, periodista, guerrero, maestro… No obstante, siempre hay, como dije al inicio, un Martí más. Ahora bien: entrar en él es quedarse en él. Es un dédalo para el corazón: prende, enamora… Y eso es, exactamente, lo que Cuba requiere: que cada cubano entre en Martí para quedarse en él. Así seremos mejores. Así realizaremos lo que él veía, en su intuición extraordinaria. Contribuya, pues, esta visión de reliquias a ser una piedra más en la obra ineludible. ¡Y sea él con nosotros para siempre!”.

Arístides Sosa de Quesada. Archivo del autor.

Fiel al esfuerzo cultural que mantuvo toda su vida, obtuvo en 1966, con 58 años, el grado de máster en Colegio de Emporia, Kansas. La tesis que defendió se tituló “Formas nuevas en la poesía de Martí”. En 1973 asistió a la Universidad de Valencia como profesor invitado y en 1980 era presidente del Grupo Literario Gala, en Miami. Arístides Sosa de Quesada falleció el 31 de mayo de 2000 en la ciudad de Miami.

Esta fue la trayectoria vital de Arístides Sosa de Quesada, el Hijo Eminente que Limonar exaltó en 1937. Jamás olvidó las esencias de su pueblo matancero, en la misma puerta del hermoso valle de Guamacaro. Lo reflejó en el poema “A mi tierra colorada”, del libro Éstos:

“Yo no extraño en mis paseos

por las calles de mi infancia,

el temblor de las gardenias

en la tierra colorada”.

 

“Pero el rumor marinero

de las ondas en las cañas;

y el pito del tren llamando

sin tic-tac de madrugada”.

 

“Y aquellas manos gozosas

como mariposas blancas

en recepción de portales

para franquearme la entrada”.

 

“Y las rondas en el parque

Por ver mejor mi muchacha,

Cuidando que no me mire

Para yo entonces mirarla…”.

 

“Esas visiones con otras

De la Iglesia y sus campanas,

Son las que traigo conmigo

para acariciarme el alma”.

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