Dos años después de perder la Casa Blanca y el Capitolio, los demócratas recuperaron este martes con holgura el control de la Cámara de Representantes y del Senado en las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Se trata de un serio castigo al presidente de Estados Unidos y de una victoria histórica: esa doble pérdida legislativa para el partido en el poder solo se había dado en seis ocasiones anteriores.
Las encuestas vaticinaban una ola azul, pero el resultado fue más contundente. Los demócratas lo ganaron casi todo. En Texas, James Talarico, que aspiraba a la Cámara alta frente a Ken Paxton —un rival apoyado por Trump—, obtuvo una victoria para su partido por primera vez en más de 30 años. Mientras, su compañera de filas, Gina Hinojosa, hará historia al convertirse en la primera latina en gobernar ese Estado profundamente conservador.
A medida que avanzaba la noche, los republicanos veían escaparse en el Senado un territorio reñido tras otro: Iowa, Kansas, Ohio, las dos Carolinas y Maine, donde los votantes pusieron fin a la carrera de 30 años en el Capitolio de Susan Collins. La penúltima conquista fue la de Abdul El-Sayed en Míchigan, un candidato progresista y el primer musulmán en la Cámara alta en la historia del Capitolio.
El descontento de los estadounidenses con la inflación y la frustración por el coste de la vida, los aranceles y la guerra contra Irán han golpeado al republicano, arrastrándolo a las cotas de popularidad más bajas de la historia para un presidente en vísperas de unas elecciones de mitad de mandato.
Durante la campaña, Trump mantuvo una actitud compulsiva, con cerca de 200 publicaciones en Truth apoyando a los candidatos republicanos y atacando a los demócratas. También intentó interferir en Alaska, ordenando al Departamento de Justicia que bloquease el resultado si perdía el candidato republicano. Sin embargo, su esfuerzo ha sido infructuoso.
Simpatizantes de James Talarico celebran en Austin, Texas. Foto: Reuters
Cuando ya no quedaban dudas sobre la debacle, Trump escribió en su red social Truth: “¡Yo no aparecía en la papeleta y, si hubiera aparecido, habríamos ganado CON UNA VICTORIA APLASTANTE!”. Poco después, habló con The New York Times para anunciar que está dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones. “Esperamos con interés colaborar con ellos. Probablemente llegaremos a algún tipo de acuerdo”, manifestó.
No obstante, lejos de parecer una mano abierta, fue una advertencia: “Creo que colaboraremos con los demócratas y nos llevaremos muy bien con ellos. Si no, seremos muy duros con ellos y ellos serán muy duros con nosotros”, precisó al Journal.
En una conversación con Fox News, Trump reconoció: “Bueno, estoy un poco sorprendido. Pensé que lo harían mejor. Tuvimos tremendos actos de campaña”. Y añadió a The Wall Street Journal: “A veces las cosas no salen como uno espera”.
Asimismo, publicó la imagen de una gorra roja con la palabra “VETO” inscrita en letras blancas, en referencia a su amenaza de vetar las leyes que impulse un Congreso de mayoría demócrata. ”Es uno de los poderes más fuertes que tiene un presidente”, remachó en Fox. “Me envían propuestas descabelladas y las veto. Después de un par de meses de vetos, se preguntan: ‘¿Cómo podemos lograrlo?’ Y trabajamos juntos”.
Con Trump convertido en un “pato cojo” —como se conoce a los políticos en su último tramo de mandato sin posibilidad de volver a presentarse—, la derrota abre la carrera por la sucesión en el Partido Republicano de cara a las presidenciales de 2028.
“Voy a convertirme en un analista político, tanto para bien como para mal, sobre las razones por las que estos candidatos ganaron y perdieron”, escribió el presidente en su red social, después de atacar al gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, que perdió el cargo en favor de la demócrata Gina Hinojosa.
“Si no se hubiera convertido en un republicano moderado en los últimos seis meses de su carrera política, no habría perdido. Volvió a su fórmula original, ¡y no fue nada agradable!”, criticó Trump, obviando que fue decisión suya respaldar como candidato al Senado a Ken Paxton, un controvertido fiscal general de Texas envuelto en varios escándalos, en detrimento de John Corbyn. La decisión terminó por arrastrar a Abbott a la debacle republicana.
Trump también explicó que no se arrepiente de haber impuesto a candidatos como Darline Graham, que perdió la carrera al Senado por Carolina del Sur, y a Paxton, el aspirante de Texas, que protagonizó una de las grandes derrotas de la noche. (ALH)
