Oscar Piñera: Encestar desde la Historia

Son de esos días pesados, donde el sol reverbera de más. El reloj marca la 1:30 de la tarde y en el aula hay un bullicio de locos. La fiesta de fin del verano noqueó a unos cuantos que se acomodan sobre la mesa, convencidos, de que una clase de Historia de Cuba bajo esas condiciones terminará por dormirlos.

Es el primer encuentro del año con un nuevo profe y para colmo la tan llevada y traía asignatura. ¿Qué habrá de nuevo que ya no se haya conocido en grados precedentes?, comentan. Tocan a la puerta y con la misma prontitud, el movimiento de nudillos sobre la mesa, alerta sobre el comienzo del turno. “Arriba muchachos”.

El profesor Oscar Piñera se enfrenta cada curso a algunos jóvenes universitarios que no comprenden aún la importancia de la historia, o a los que no les gusta por lo densa que plantea ser.

Enamorar a un estudiante de esta materia no resulta tarea complicada para este betancourense que dedicó buena parte de su adolescencia y juventud a la práctica del baloncesto y contrario a todo pronóstico estudió Licenciatura en Historia. Impartió por más de 25 años docencia en la Universidad de Matanzas.

PRIMER CUARTO: CAMBIAR DE SUEÑO

“De pequeño tuve un accidente por el cual mis padres me sobreprotegían mucho. Me escapaba de la casa para jugar a las bolas y a la pelota, fui un niño muy inquieto”, confiesa con una mirada pícara, cual si reviviera aquellos mediodías de carreras por los potreros.
“A los 8 años comencé en el baloncesto, y literalmente puedo decir que se convirtió en un vicio para mi. Quienes me conocieron por aquel entonces se atrevían a asegurar que sería basquebolista; pero la estatura no me acompañaba en el sueño de encestar. Para ser jugador profesional debía ser más alto y tener otra constitución física.
“Sabía que no iba a llegar a ser deportista de alto rendimiento, así que quería estudiar una carrera universitaria y siempre tuve claro que sería una que me ayudara a investigar.
“Desde niño prefería las humanidades, por eso a la hora de llenar las boletas solo escribí tres opciones: Licenciatura en Lengua Inglesa, en Historia del Arte y en Historia. Esta última fue la que me llegó y que cursé en la Universidad de La Habana. Cuando empecé en el Alma Máter me sentí realizado. Tuve una formación muy seria con excelentes profesores.
“Al terminar la carrera inicié mi vida laboral en el Museo Provincial Palacio de Junco. Lugar que se convirtió en otra escuela. Aprendí muchísmo sobre la recopilación de datos y también sobre la investigación. Trabajando allí, supe de la posibilidad de optar por una plaza vacante como profesor en el Departamento de Marxismo de la Universidad de Matanzas.
“No contaba con un currículo, ni experiencia docente; pero aún así los miembros del tribunal consideraron que había sido yo, quien explicó con mayor seguridad y claridad lo que pedían. Fue así, como desde 1996 hasta hoy, soy profesor de la casa de altos estudios matancera”.
Al principio ser profesor universitario fue todo un reto, que poco a poco se convirtió también en “un vicio”.

SEGUNDO CUARTO: LLEGÓ LA HISTORIA

“La historia como asignatura tiene una función formativa dentro la enseñanza universitaria; pero a la vez tiene que ayudar a vivir en el mundo contemporáneo y servir para entender el presente.”

Oscar habla con desenfado y sin tecnicismos. Su voz es pausada y apasionada al mismo tiempo. Tiene la capacidad de hablar con las manos. Explicar y trasladarte hasta el momento exacto en que Maceo rechazó el Pacto del Zanjón y hacerte sentir el frío de los hombres de Bolívar cruzando los Andes. Asombra siempre su capacidad de relatarlo todo como si lo hubiera vivido en primera persona.

“Se debe aprender historia no por simple erudiccón o para tener mucha cultura, sino para a partir del conocimiento, determinar, avisorar o prever qué procesos o sucesos no deben repetirse y cómo evitarlo. El mundo de hoy resulta complejo, pero dónde se originaron esas complejidades. Es necesario mirar hacia atrás para analizar las causas. Esa manera de enfocar los análisis históricos me ayuda mucho a la hora de preparar las clases. Trato que mis estudiantes entiendan que cuando les estoy hablando del pasado, de alguna manera, les estoy ilustrando el presente”.
El profe Oscar es de sonrisa amplia y auténtica. De las personas que no puedes adivinarle los años porque conversa con la misma pasión que cualquier joven. De los profes con mente enciclopédica que te obliga a pensar y no a recitar de memoria, de los que te exige en sus pruebas analizar y no transcribir.
“Prepararme implica muchísimas horas de estudio, lectura y confrontación con otros colegas. En mis clases me encanta ir a los porqués y a los detalles; pero, sobre todo, creo que para enseñar Historia es esencial la humanización de las grades personalidades.
“Por ejemplo José Martí fue un ser humano que amó, que se enamoró, que se desepcionó y a quien también debieron decepcionar en algún momento. Llevarle ese lado humano a los estudiantes brinda la posiblidad de que lo puedan conocer y lo sientan más cercano. Cuando lo describes como un ser humano y no como un semidios, al que sienten distante, entonces el alumno empatiza y se esfuerza por comprender y aprehender sobre lo que le estás explicando.
“Insisto siempre en presentar a las personalidades históricas ante todo como personas, personas de su época, con las contradicciones de su tiempo y quienes ante determinados procesos tuvieron actitudes que los hicieron trascender.”
TERCER CUERTO: EL ENCESTADO FINAL

Recuerdo verlo con la mano agarrando la cien, espejuelos sobre la nariz absorto en la lectura, en el Departamento de Marxismo e Historia de la Facultad de Ciencias Sociales, en el aula brindando todo el conocimiento sin guardarse nada para sí, motivando a sus alumnos, diciendo “ahora no recuerdo la fecha exacta”, pidiendo que alguien lo ayude y poniendo los ojos chinos, para comprobar quién leyó toda la bibliografía.
Oscar destaca por su labor investigativa en diferentes eventos y es Doctor en Ciencias históticas desde el 2009. Publicó en el año 2006 su primer libro titulado La Diputación Patriótica de Matanzas: una institución olvidada y prepara el volumen Las otras hijas cubanas del ilumanismo: Las diputaciones patrióticas en Cuba entre 1803 y 1850.
A lo largo de su carrera como docente ha obtenido disímiles reconocimientos, sin embargo, el que más valora, este profe con alma joven, resulta el Tiza de Oro, premio entregado por la Federación Estudiantil Universitaria a los mejores profesores .
Miembro de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País y del ejecutivo de la Unión de Historiadores en Matanzas, Oscar Piñera obtuvo el Premio Provincial de Historia Antonio José Valdés en el año 2022. Distinción que, según confiesa, lo compromete a continuar aportando desde la investigación y la docencia. Además es miembro de la Academia de Historia de Cuba y Científico asociado a la Academia de las Ciencias de Cuba.

CUARTO CUARTO: LA FELICIDAD

Para este betancoureño la familia es cosa sagrada. Gusta de la compañía de su hijo, sus padres, sus amistades y de jugar dominó. Pasatiempo este último, en el cual hace muchísima algarabía cuando gana y al perder, desea meter la cabeza en un cubo, -me advierte con un mueca bonachona de quien tiene un buen cúmilo de pollonas.

Actualmente el amor lo llevó a otro país latinoamericano, donde continuará contagiando de su pasión por la historia a los más jóvenes.

No podremos nunca saber qué tan buen basquebolista hubiese sido de haber medido algunos centímetros más. De lo que sí no existe dudas es de su inmensidad frente a la pizarra que verdaderamente le queda pequeña a su inteligencia y humildad. Su mejor canasta está en llegar al corazón de sus alumnos, desde la Historia. (ALH)

Acerca Liannys Díaz Fundora

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