El bayamés Francisco Javier de la Cruz fue un intelectual que amó profundamente nuestra ciudad.
De acuerdo con varios investigadores, Francisco Javier de la Cruz fue el primero que hizo mención al nombre de Yucayo en la historiografía sobre la ciudad de Matanzas. Así lo hizo en el libro de texto Geografía Antigua y Moderna de la Isla de Cuba (1842). Lo ratificó poco después en una de sus obras más célebres, el Álbum de Yucayo (1847).
Sin embargo, Francisco Javier de la Cruz no sólo sobresalió como historiador. También se destacó en la vida política cubana de su tiempo y fue, sobre todo, un gran maestro y un periodista ejemplar. Fue tal la identificación que tuvo con Matanzas, que muchos escritores de su tiempo creyeron que había nacido en nuestra ciudad.
De Bayamo a Matanzas
Aunque el nombre de Francisco Javier de la Cruz y Rivero quedó unido para siempre a Matanzas, en realidad nació bien lejos de esta ciudad. Vio la primera luz en la villa de Bayamo, el 1 de diciembre de 1804. Nació en el seno de una familia pobre, pero signada por la laboriosidad. Muy joven se vinculó a la farmacia, para trabajar como boticario. También hizo prácticas médicas en el Hospital de Pobres como ayudante.
Se radicó con su familia en La Habana, donde trató sin éxito que se le reconociera el título de Cirujano Romancista, y hacia 1830 ya estaba avecindado en Matanzas. En la ciudad del San Juan y el Yumurí fue boticario en el Hospital Militar del Cuartel María Cristina, de la farmacia del doctor Calvez, situada en Gelabert 39, esquina a Ayuntamiento, y de, al menos, dos establecimientos más, la llamada Botica de la Cruz y Nuestra Señora de los Ángeles.
Sin embargo, no era detrás de un mostrador, rodeado de frascos, recetas y fórmulas, que Francisco Javier de la Cruz pasaría el resto de lo que sería una larga vida. Se dedicó por vocación al magisterio y fundó varias instituciones educativas en Matanzas. Así lo hizo con el Colegio del Yumurí, El Siglo XIX, que dirigió junto al español Salvador Condaminas; la Academia Nuestra Señora de las Mercedes y el Colegio La Cruz.
Denunciado por conspirador, salió de Cuba en 1847 y viajó a los Estados Unidos. Allí se vinculó a los seguidores del general Narciso López. Estuvo entre los pocos cubanos que lo acompañaron en la expedición del Creole, que desembarcó y tomó la ciudad de Cárdenas el 19 de mayo de 1850. Regresó definitivamente en 1854, beneficiado con una amnistía del gobierno español.
Obra múltiple
Francisco Javier de la Cruz comenzó a escribir en el periódico matancero La Aurora de Matanzas en 1842. En las páginas de este diario se estrenó como periodista y en él se mantuvo durante décadas cuando pasó a ser Aurora del Yumurí. Ese mismo año estuvo entre los redactores de La Guirnalda, primera revista literaria que se editó en Matanzas. Fue director en 1856 de El Yumurí y en 1858 de El Eco del Valle. En 1881 dirigió en Matanzas el periódico político La Gran Antilla.

Dentro de la obra de Francisco Javier de la Cruz sobresalió la condición de editor, junto a Salvador Condaminas, del Álbum del Yucayo en 1847. En este volumen aparecieron sus trabajos “Ideas sobre Dios y la Religión cristiana”, “A la juventud”, “Historia de Cuba”, “Preceptos higiénicos (extractados y acomodados al país)” y “Astronomía”. Además de esos escritos, publicó “Matanzas”, que se considera una obra clásica de la historiografía local. Otro trabajo suyo muy conocido es “Matanzas en 1512”.
Colaboró en Álbum Cubano, Revista Habanera, El Noticioso, Diario de Matanzas, El Prisma, El Almendares, El Faro del Comercio, El Club de Matanzas, El Liceo de Matanzas, La Sensitiva, El Pensamiento, Revista de Cuba y La Prensa. Con Rafael Otero editó Pucha yumurina, dedicada al bello sexo (1856), donde se compilaron textos de poetisas y poetas cubanos. Hacia 1846 estaba escribiendo la novela “El camagüeyano” y también se debe a su pluma el ensayo “Las supersticiones de los hombres de campo en Cuba”.
Formó parte de la Sociedad Económica de Amigos del País como socio correspondiente en Matanzas. Integró la Junta Directiva del Teatro Esteban, de la cual llegó a ser secretario. También fue vocal de la Junta de Agricultura Industria y Comercio de la Diputación Patriótica de Matanzas. Fue miembro del Liceo de Matanzas.

Entre los libros que publicó se destacan los dedicados a servir de texto de geografía para las escuelas públicas y privadas. Fue el caso de Nociones elementales de Geografía, a las que se han añadido las de la Isla de Cuba con el objeto de preparar a los niños al estudio de la general (1844), Nociones de geografía general (1845), Apuntaciones históricas sobre la Isla de Cuba (1845, 1848) y Tratado de geografía antigua y moderna de la Isla de Cuba (1848).
Para la enseñanza de la historia publicó Lecciones instructivas sobre la historia. Obra póstuma de D. T. Iriarte, corregida y aumentada con las fábulas del mismo autor y con un Compendio de la historia de la Isla de Cuba (1857), Compendio histórico de Cuba y España peninsular para uso de las escuelas del país (1882) y Fragmentos históricos referentes a la Península Ibérica y a la Isla de Cuba (1892).
En Matanzas, ciudad a la que amó como un hijo adoptivo agradecido, falleció Francisco Javier de la Cruz el 30 de junio de 1894. En la nota que publicó el Diario de la Marina se expresó:
“A la avanzada edad de 90 años ha fallecido en Matanzas, su ciudad natal, el antiguo escritor y periodista, corresponsal que fue del Diario de la Marina durante muchos años, señor Don Francisco Javier de la Cruz”.
“El Sr. Cruz colaboró en la Aurora del Yumurí por espacio de muchos años y dedicó, a par que a las letras, a la enseñanza. Su primera obra, titulada Álbum del Yucayo, es una historia primitiva de Matanzas; después dio a luz unas Secciones instructivas sobre historia, y un Compendio de la historia de Cuba”.
“Muy aficionado a investigaciones históricas y arqueológicas cubanas, figuraba en el número de americanistas más perseverantes”.
“El Sr. Cruz, hasta los últimos años, fue un escritor infatigable, y una persona culta y distinguida, justamente apreciada de cuantos le conocían”. (ALH)
