En el corazón de Matanzas, mientras el frío nocturno muerde los campos de Jovellanos, un silencio técnico habla más fuerte que cualquier predicción. La Estación Meteorológica del territorio, encargada de medir y certificar las condiciones climáticas, opera hoy sin una de sus herramientas fundamentales: el termómetro certificado.

Las madrugadas recientes, descritas con el colorido local de que “Chifló el Mono, la mona y los monitos”, se registran en el municipio solo en la percepción popular y en datos no oficiales. Carecen de aval científico.

Este no es un fallo menor. Es un síntoma alarmante. Una estación meteorológica sin capacidad para medir la temperatura con precisión y certificación es como un médico sin estetoscopio: puede intuir, pero no diagnosticar. La ausencia de este instrumento básico anula su función esencial. Los posibles récords de frío (u olas de calor futuras) quedan en el limbo de lo anecdótico, perdiéndose información vital para la climatología, la agricultura local y la planificación de servicios como la salud pública.

La crítica es obligada: ¿Cómo se permite que una instalación clave para la monitorización del clima, en una era de cambio climático global, quede inoperativa en uno de sus parámetros más elementales? Habla de una desatención a la infraestructura científica básica que nos deja vulnerables. No es un problema solo de Jovellanos; es una señal de alarma para todo el sistema. Si en la base de la pirámide de datos faltan los cimientos, todo lo que se construya arriba (pronósticos, modelos, planes de contingencia) puede estar comprometido.

Sin embargo, la crítica debe virar hacia lo constructivo. Este caso expone una necesidad urgente de inventario y priorización. La meteorología no es un lujo: es una necesidad de seguridad y desarrollo. La solución no es compleja en su concepto, aunque puede serlo en su ejecución logística: dotar a la estación del instrumental estándar, certificado y con mantenimiento garantizado. Esto requiere asignación clara de recursos, gestión ágil y, sobre todo, voluntad política que comprenda que cada dato no registrado es una oportunidad perdida para entender nuestro entorno y protegernos.

La comunidad, al preguntar por los datos ausentes, demuestra una conciencia valiosa. Ese interés ciudadano debe ser el mejor aliado para exigir una pronta solución. Que el ingenioso refrán sobre el mono que chifla por el frío no sea el único registro histórico de estas notablemente frías madrugadas.

Jovellanos, y toda la provincia, merecen un servicio meteorológico que funcione con todos sus sentidos. Recuperar el termómetro es el primer paso para recuperar la claridad. El clima no espera, y nuestra capacidad para comprenderlo y anticiparnos tampoco debería hacerlo. (ALH)

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