En 1928 el científico cubano Juan Tomás Roig Mesa publicó el Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos, una obra esencial en la cultura cubana.
Nacido en Santiago de las Vegas el 31 de mayo de 1877, Juan Tomás Roig y Mesa tuvo que dedicarse al trabajo desde niño. En 1894 viajó a Cayo Hueso, Estados Unidos, donde residían gran cantidad de emigrados cubanos y participó de forma activa en la recolección de fondos para los que luchaban en Cuba Libre. Regresó a Cuba en 1898 y, ávido de conocimientos, comenzó su formación como maestro de inglés.
En 1910 se graduó de Doctor en Farmacia y Perito Agrónomo. Dos años después alcanzó el título de Doctor en Ciencias Naturales. Comenzó en 1913 su fecunda labor en la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas. Entre sus obras principales aparecen su Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos y Plantas medicinales, aromáticas o venenosas de Cuba. Con su labor se conoció mucho mejor la riqueza forestal cubana, en particular sus árboles maderables.
Después de 1959 continuó aportando a la ciencia cubana, a pesar de su avanzada edad. Colaboró con la Campaña de Alfabetización en 1961 y estuvo entre los miembros de la Academia de Ciencias de Cuba en 1964. Al morir, el 20 de febrero de 1971, recibió el homenaje sincero de su pueblo, orgulloso de uno de sus hijos más humildes y ejemplares.
Un diccionario de cultura
En el prólogo a la primera edición del Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos (1928), Juan Tomás Roig escribió:
“Este Diccionario es el resultado de las anotaciones hechas en las horas dedicadas al descanso durante más de doce años, y de las observaciones y apuntes tomados en el campo en numerosas excursiones botánicas llevadas a cabo durante ese mismo tiempo en todas las provincias. Nos decidimos a escribirlo en vista de la carencia de una obra de esta índole, necesaria a los estudiantes de Botánica, Agricultura y Farmacia, y útil para todos aquellos que de un modo u otro aprovechan los productos de nuestra flora”.
Acerca de objetivo que se había propuesto destacó:
“Nuestro principal propósito al publicar esta obra es dar una información, lo más precisa posible, acerca de los lugares donde crecen las plantas de nombre vulgar conocido, así como las propiedades y virtudes que se les atribuyen, junto con su identificación botánica, a fin de que los interesados en su estudio, cultivo o explotación, puedan encontrarlas y reconocerlas”.

Juan Tomás Roig reconoció que su nuevo libro era continuador de dos textos medulares. Fue el caso del Diccionario provincial de voces cubanas (1836, 1849, 1862, 1875), de Esteban Pichardo Tapia y del Diccionario botánico de los nombres vulgares cubanos y puerto-riqueños (1889), escrito por el botánico cubano Manuel Gómez de la Maza. En ambos casos, Roig retomó los nombres vulgares de plantas cubanas, razón por la cual ambos autores son profusamente citados en su Diccionario. Por esta razón, agregó lo siguiente:
“Nuestro Diccionario comprende todos los nombres vulgares contenidos en los diccionarios de Gómez de la Maza y de Pichardo y también los que aparecen en todas las obras relacionadas con la botánica cubana que hemos podido examinar; una lista de las mismas se encontrará a continuación de este prólogo. Además, contiene todos los nombres vulgares que hemos adquirido personalmente en nuestras excursiones botánicas o nos han sido comunicados por nuestros amigos у соrresponsales de diversas localidades. De esta manera hemos podido agregar más de mil nombres vulgares inconsignados en los anteriores diccionarios. Asimismo, hemos corregido algunos errores que aparecen en aquellas obras y hemos incluido la identificación botánica de muchas plantas que sólo se mencionan en ellas por sus nombres vulgares”.
“No tenemos la presunción de creer que nuestro Diccionario sea una obra completa y exenta de errores, y en consecuencia aceptaremos gustosos todas las críticas y observaciones que se nos hagan. Agradeceremos, especialmente, que se nos comuniquen otros nombres vulgares omitidos por nosotros y que se os suministren datos sobre aquellas plantas que no hemos podido identificar”.
La primera edición del Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos, en 1928, se consideró el Boletín Número 54 de la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas. Fue editado en tres volúmenes por la Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y Ca. En ella Juan Tomás Roig reunió 5 009 nombres vulgares de plantas cubanas. Sobre la publicación de este libro se expresó en el Diario de la Marina:
“…con su estilo sencillo, claro y ameno, [el autor] facilita mucho la lectura de una obra que, por naturaleza, es de suyo árida, pero que, gracias al método empleado, ha de despertar vivo interés en todos los aficionados a esta rama de la Historia Natural”.
Ante el éxito que tuvo el Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos, que se consideró con justeza una obra esencial para el conocimiento de la cultura cubana, la Sociedad Geográfica de Cuba le otorgó una medalla de oro a Juan Tomás Roig. Desde entonces ha sido una fuente indispensable de consulta para naturalistas, historiadores, lingüistas, etnólogos y estudiosos en general.
Itinerario

La segunda edición del Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos se publicó en 1953, por el Ministerio de Agricultura, como parte de uno de los Boletines que publicaba esa entidad. Esta vez abarcó 5 933 vocablos. La tercera, con 462 artículos adicionales, fue impresa en 1963 y no en 1965 como se plantea. Estuvo a cargo del Departamento de Producción del Instituto Nacional de Reforma Agraria.
En esa fecha, con motivo del 86 cumpleaños de Juan Tomás Roig y los 50 años de trabajo en la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, se le realizó un acto de homenaje, donde se le entregó un tomo especial de esa tercera edición. Contenía 233 nombres vulgares no publicados hasta ese momento.
Años después, en 1975 y 1988, se realizó la primera y segunda reimpresiones de la tercera edición. La cuarta edición se publicó en 2014, con una reimpresión, por la Editorial Científico-Técnica, en 1924. Fue una feliz idea incluir una relación de las abreviaturas más utilizadas en el texto. Al final, aparecen datos biográficos sobre algunas de las personalidades científicas citadas por el autor. En esta oportunidad, al igual que sucedió desde la segunda edición, se publicó en dos tomos.

Valor de una obra
En el Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos Juan Tomás Roig incluyó, además de las denominaciones comunes de cientos de plantas cubanas, las características generales de cada especie y su uso más frecuente. Este libro es una evidencia de la enorme diversidad de la flora nacional y de la riqueza de la cultura popular cubana. Por estos motivos fue una contribución importante a la identidad y la cultura nacional.

