Ramiro Valdés Menéndez: su legado revolucionario

La barriada La Matilde en la ciudad de Artemisa de la antigua provincia de La Habana, aportó los 28 artemiseños participantes en la gesta del Moncada, Entre los valerosos  asaltantes al cuartel de la tiranía batistiana, con apenas 21 años de edad, se hallaba el joven Ramiro Valdés Menéndez.

Ramiro, era el penúltimo hijo de una familia muy pobre. Nacido el 28 de abril de 1932, en plena dictadura machadista, creció con sus hermanos en una pequeña casa con pisos de tierra y techo de cartón que apenas los guarecía durante los días de lluvia.

Los padres debían trabajar tenazmente para sostener la familia. Su padre emprendía distintas iniciativas que al final no resultaban favorablemente, desempeñándose en bodegas, en la fundición de Guanajay, en una fábrica de cepillos y otras actividades donde ganar el sustento.

Por su parte Ofelia Menéndez, su madre, también contribuía al mantenimiento de la casa, mientras participaba en escogidas de tabaco y lavaba para algunas familias. Martiana y cespedista, supo inculcarle la honradez y el amor a la Patria.

Desde pequeño se sintió patriota. Mientras cursaba la escuela primaria lo llevaron al parque Cayajabo, donde contemplaba el escenario de varios combates de las tropas mambisas conducidas por Antonio Maceo. Entonces se imaginaba integrante de la histórica invasión.

Ramiro Valdés cursó la secundaria básica, pero desde muy joven tuvo que acompañar al padre en distintas labores para ayudar  al sustento familiar. Bodeguero, aprendiz de electricista, empleado en una carpintería, fueron sus primeros empleos. Como ayudante en un camión de tiro de caña lo sorprendió el golpe de estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952.

El joven Revolucionario

Perteneciente a la juventud ortodoxa, con otros compañeros de afiliación procuraron contacto con Fidel, al que conocían mediante un programa radial donde intervenía regularmente. Al cabo de dos meses se propició el encuentro con Fidel Castro y Abel Santamaría en Prado 109. El pensamiento político de Fidel y su valiente enfrentamiento a los gobiernos corruptos lo definían como el líder del movimiento revolucionario capaz de enfrentar la dictadura.

Cumpliendo instrucciones de Fidel se dieron a la tarea de crear una célula revolucionaria con 10 compañeros, cada uno de los cuales debía organizar además su propia célula con otros 10 integrantes debidamente verificados. Organizada la fuerza por iniciativa propia realizaron algunos actos de sabotaje en Caimito, Guanajay y Bauta.

Labores de propaganda, cortes eléctricos y otras acciones clandestinas llevaban a cabo, cuando Fidel les indicó que debían abandonar esas prácticas, pasar inadvertidos y preservarse para la lucha armada.

Un día Fidel lo visitó en su propia casa y le orientó seleccionar 30 compañeros de total confianza. De ese modo quedó conformado el grupo de artemiseños antibatistianos, que poco después partió al heroico Santiago de Cuba para asaltar el segundo cuartel de la tiranía.

El combatiente

Ramiro, protagonista de la épica gesta integró el grupo de 8 combatientes que tenían la misión de tomar la posta 3 del Cuartel Moncada, en la madrugada del 26 de julio de 1953. Fue el primero en penetrar al cuartel para bajar la cadena de un golpe y abrir paso a los asaltantes. Pero fueron descubiertos y enfrentados por la soldadesca batistiana. Frustrado el carácter sorpresivo del asalto, tras la orden de retirada, Ramiro estuvo entre los últimos en salir herido del recinto militar.

Detenido y juzgado por el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba, junto a otros 27 asaltantes encabezados por Fidel, permaneció un tiempo en la cárcel de Boniato, hasta su reclusión en el presidio modelo de Isla de Pinos.

Amnistiado el 15 de mayo de 1955, junto a sus compañeros de presidio político, viajó a México, para reunirse con Fidel y demás compañeros del movimiento 26 de Julio, Durante largos meses de entrenamiento y preparación combativa en el hermano país, organizaron la expedición del yate Granma.

Como parte de los expedicionarios desembarcó en Cuba el 2 de diciembre de 1956. Superado los difíciles días posteriores al desembarco, perseguidos y bombardeados por el ejército de la tiranía logró Integrarse al grupo guerrillero que ascendió a la Sierra Maestra, donde alcanzó el grado de teniente al frente de una escuadra del pelotón al mando del entonces capitán, Raúl Castro, perteneciente a la Columna 1 José Martí.

Su actitud y valeroso desempeño le ganaron meses más tarde un puesto en la vanguardia de la histórica invasión a occidente, orientada por Fidel. Designado como segundo al mando de la columna 8 Ciro Redondo, comandada por Ernesto Che Guevara, con la llegada de las tropas a Las Villas, Ramiro Valdés participó en las acciones del Escambray y en la decisiva toma de Santa Clara. Al triunfo de la Revolución había alcanzado los grados de Comandante.

Un lugar en la vanguardia

Tras el triunfo revolucionario de enero de 1959, Ramiro emprenderá nuevas tareas asignadas por la dirección de la Revolución. Su destacada trayectoria le hace merecedor del reconocimiento y el respeto del pueblo, que lo identifica  como uno de los integrantes de la vanguardia.

Entre las primeras misiones cumplidas se desempeñó como Segundo Jefe de La Cabaña, Jefe Militar de la región central y jefe de los Órganos de la Seguridad del Estado.

A lo largo de su trayectoria revolucionaria el Comandante Ramiro Valdés Menéndez, formó parte de la Dirección Nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), ocupó los cargos de Ministro del Interior, Viceministro Primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, ayudante del Comandante en Jefe, vice primer ministro, Ministro de la Informática y las Comunicaciones,  vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Vice primer Ministro.

Miembro fundador del Comité Central del Partido y de su Buró Político, cumplió importantes misiones políticas, económicas .y sociales. Encabezó la búsqueda, exhumación y traslado a nuestro país de los restos del Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara  y sus compañeros en Bolivia.

Ostenta la Orden Playa Girón y los Títulos Honoríficos de Héroe de la República de Cuba y Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Su destacada trayectoria le hace merecedor del reconocimiento y el respeto del pueblo, que lo identifica  como uno de los integrantes de la vanguardia revolucionaria.

 

 

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