Iraida Victoria Domínguez Acanda, guía base de pioneros, recibió la medalla Rafael María de Mendive durante las actividades por la Jornada del Educador.
Iraida Victoria Domínguez Acanda, guía base de pioneros, recibió la medalla Rafael María de Mendive durante las actividades por la Jornada del Educador.

Iraida: al habla con una guía base pioneril

Iraida es mucha Iraida, como a veces se dice. No le importan los años ni los achaques de su organismo por la fiebre reumática que padece. Ella ‘guapea’ y sigue haciendo lo que le gusta: dar clases y cumplir sus funciones como guía base de pioneros.

En la escuela primaria Mártires de la Cumbre, en Versalles, demuestra a diario que la juventud no es un estado cronológico, sino una actitud ante la vida. Por eso no hay quien la sustituya en algo que, asegura, “domina a la perfección”.

“Llevo más de 15 años ejerciendo como tal; soy, además, miembro del equipo metodológico municipal de la organización y he tenido, entre otras tareas, la posibilidad de preparar a los alumnos para participar en concursos, jornadas científicas, círculos de interés…, que los dotan de nuevos saberes y  contribuyen a formar su disciplina”.

La medalla Rafael María de Mendive, otorgada el martes último por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte,  se suma a la infinidad de reconocimientos que ha recibido en tres décadas y media la educadora Iraida Domínguez Acanda.

Esta sencilla mujer tiene también un segundo nombre: Victoria, al que hace honor cada vez que sus pupilos obtienen lauros en los eventos municipales, provinciales y nacionales en que participan. “No sé cómo me las arreglo, pero los míos siempre ganan. Hace poco, 30 de ellos fueron premiados en los concursos Trazaguas y Cero derroche”.

COMO UNA ESCOLAR MÁS

Cuando Iraida terminó el sexto grado optó por continuar estudios en la antigua Escuela pedagógica Roberto ‘Coco’ Peredo, en Varadero. Allí, por su integralidad fue seleccionada para ingresar en la naciente Escuela Militar Camilo Cienfuegos.

Luego realizó sus prácticas docentes en un plantel educacional de la ciudad de Cárdenas y de ahí se trasladó a Unión de Reyes, donde permaneció durante una década completa.

Su primer embarazo le impidió viajar todos los días desde la cabecera provincial hasta el sureño territorio. Fue así que se desvinculó del sector por un periodo en el que laboró en la llamada Constructora militar y en la base de almacenes de Salud.

“No me gusta faltar al trabajo y la escuela me exigía un horario que no podía cumplir.” Sin embargo, Iraida siempre supo que su lugar era el aula, por lo que resuelta su situación personal retornó a ella.

“Para mí el magisterio representa sacrificio, voluntad, amor, ternura. Cuando estoy entre niños me siento como una escolar más”, dice en tanto apunta que desde hace seis años se jubiló, pero nunca logró irse.

Habla del círculo de interés Por un mundo al derecho, del proyecto Agua amiga de las niñas y los niños, de su participación en jornadas científicas, fórums de ciencia y técnica, eventos de la Unión de Historiadores de Cuba, del saneamiento realizado en Versalles… y me pregunto cómo se las arregla para hacer tantas cosas al mismo tiempo.

“No hay descanso, ni sábados ni domingos”, apunta. “Esos días los aprovecho para preparar a los niños”, y enfatiza que debe hacerlo en horario extradocente “porque mis clases son mis clases”. Reconoce, asimismo, el apoyo que recibe de los padres para materializar cada uno de sus propósitos.

Así es cada día en la vida de esta entusiasta educadora que desafía el paso de los años con la firme convicción de seguir contribuyendo a la educación del futuro de la Patria. (ALH)

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Acerca Miriam Velázquez

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