En Novokuznetsk apenas calienta el sol. La temperatura baja estable de los cero grados centígrados, difícil de asimilar para los que llegan de este lado del trópico.
A orillas del gélido río Tom, una de las ciudades más antiguas de la región rusa de Siberia, vuelve al núcleo del talento deportivo. Desde la lejana porción euroasiática, historias se entretejen en cuadrículas como un tablero gigante del ajedrez. A menudo, se asimila el juego de la mente como una batalla campal, recinto de estratagemas, y guerra táctica en las casillas.
No obstante, siempre hay espacio para destruir barreras idiomáticas, geográficas y hasta culturales. Esta urbe recibe el Festival Internacional «Intellect Academy Cup», evento con más de 40 equipos de 18 países y donde Cuba dice presente. Diamantes de este deporte, medallistas en certámenes regionales, defienden las cuatro letras entre competidores de todo el mundo.
En dicha representación, de cinco antillanos, sólo una niña defiende el apasionante reinado. Mya Valdés Díaz repite de la edición pasada, cuando el equipo ancló en un extraordinario tercer lugar. La cardenense apenas tiene nueve años de edad, pero con un temple impoluto para el jaque mate.
En medio de la competencia, la pequeña Mya sostiene una bandera tricolor. A su lado, Carlos Paguaga abraza el estandarte de Nicaragua, nación hermana también con anuencia en la templada Siberia. Poco importa la distancia, y es que ambos demuestran la capacidad del deporte como vehículo social, de unión y confraternización.
Entre la patria de Martí, y la tierra de Darío, Mya y Carlos hablan por sí solos mediante el lenguaje tácito de las piezas en movimiento. Allá por la fría Novokuznetsk, coexiste la disciplina de la mente, pero también habita la calidez del corazón.
