Representantes de diversas expresiones y denominaciones de la fe en la isla, agrupados en la Plataforma, elevaron su voz mediante el documento e instó a juntar voces desde la profunda convicción ética, espiritual y patriótica que emana de cada credo y del amor incondicional de sus integrantes por la nación cubana.
La declaración advierte a su vez que la política aplicada por la actual administración norteamericana dirigidas a restringir severamente el suministro de combustible a Cuba, constituyen un acto de extrema crueldad y una afrenta a la dignidad humana que pone un nuevo escalón de presión al bloqueo económico, comercial y financiero sostenido durante más de seis décadas por sucesivos inquilinos de la Casa Blanca.
Sobre dicho cerco sostienen que, en su conjunto y estas medidas particulares, violan flagrantemente los principios fundamentales del Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas y los preceptos humanitarios más elementales, y encuentra el rechazo recurrente y abrumador por parte de la comunidad internacional.
Alertan además que estás acciones suponen un castigo colectivo dirigido directamente contra pueblo cubano en su objetivo deliberado de maximizar la escasez, sufrimiento y desesperación en las familias, afectando la alimentación, la salud, el transporte, la generación eléctrica y el acceso al agua potable de millones de personas.
Con apego a principios religiosos y morales compartidos -el amor al prójimo, la compasión, la solidaridad, la justicia y la búsqueda de la paz- la comunidad religiosa cubana rechaza cualquier acción que cause daño a seres humanos inocentes y que busque rendir a un pueblo con las carencias y la desesperación como estrategias.
De esta manera, catalogan estas medias como inmorales, injustas y contrarias a todo principio de convivencia civilizada entre las naciones, a la vez que reiteran la solidaridad inquebrantable con la población que una vez más debe cargar sobre sus hombros el peso de una política hostil y genocida que atenta contra el normal desarrollo y la soberanía de la nación.
Reafirman asimismo el derecho legítimo de Cuba a establecer sus propias leyes, su sistema político y su modelo económico, sin presiones, amenazas ni agresiones externas, al tiempo que recuerdan que el camino para el entendimiento debe ser a través del diálogo respetuoso, la cooperación y la coexistencia pacífica, nunca el de la asfixia económica y la confrontación.
