Fue la Generación del Centenario de José Martí la que se lanzó, el 26 de julio de 1953, y asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, gesto de rebeldía que encendió la mecha de la libertad.
Luego de las acciones, ya desde el banquillo de los acusados, Fidel Castro Ruz sobresalió como aquel líder que devolvió al Apóstol su vigencia y un nuevo rostro a la dignidad cubana. La historia me absolverá se convirtió no solo en su alegato de autodefensa, sino también en acusación profunda contra la dictadura de Fulgencio Batista, y donde se expuso la realidad de Cuba a través de sus seis problemas fundamentales. Lo más importante: en el documento se delineó un proyecto político.
Desde el exilio en México, Fidel organizó el Movimiento 26 de Julio y regresó en el yate Granma para iniciar la lucha armada en la Sierra Maestra. Su rol en las montañas se volvió imprescindible en el logro del anhelado triunfo revolucionario que llegaría el primero de enero de 1959.
Su nombre se escribió con fuego en la historia, en las arenas de Playa Girón, cuando estuvo en la primera línea de combate frente a la invasión mercenaria de abril de 1961. Al frente de las tropas y poniendo en riesgo su vida como lo hiciese en la Sierra, condujo la primera gran derrota del imperialismo en América. Esa victoria, que a 65 años sigue siendo una epopeya, no solo definió el carácter socialista de nuestra Revolución, sino que cimentó la resistencia de todo un continente.
La figura de Fidel no se entiende sin la de Martí ni sin la solidaridad internacionalista que hizo de Cuba un gigante de la ayuda desinteresada. Desde Angola hasta la Universidad Libre de Bruselas, donde los jóvenes alzaron su voz para denunciar el bloqueo, su pensamiento sigue vigente. En el Parlamento Europeo se le recuerda, en Italia y Sudáfrica se le homenajea. Fidel es universal porque su causa siempre fue la de los humildes y constituye para muchos una suerte de brújula.
La crisis climática, que denunció con vehemencia en foros internacionales ya es una realidad palpable. La arremetida imperial, con el refuerzo del bloqueo económico, comercial y financiero, la inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo y las millonarias campañas para promover un “cambio de régimen”, no son más que la confirmación de la guerra económica y política que supo anticipar .
Fidel entendió que el enemigo no cejaría en su empeño de destruir la Revolución, y por eso nos enseñó que la defensa de la soberanía es una tarea de cada día.
El programa conmemorativo por su centenario no es un acto de nostalgia, es un motor impulsor para transformar la realidad y fortalecer la obra revolucionaria. El protagonismo está puesto en los jóvenes, la generación que debe hacer suyo el legado y defender la Patria, un imperativo más vigente que nunca ante la arremetida imperial.
Su ejemplo es bandera que se alza en las manos de los nuevos estudiantes, de los médicos, de los constructores, de los combatientes… de todos los que continúan su obra y sus sueños. A cien años, sigue más vivo que nunca y no solo en la historia, sino en la sangre y la conciencia de un pueblo que aprendió a decir con él: “¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”.
Foto: Periódico Girón
Ana Cristina Rodríguez Pérez/ Periódico Girón
