Todo estaba negro. Estaba muerto, clínicamente muerto. Un paro cardiaco en el entrenamiento era la causa, y mientras intentaban reanimarlo, él no veía nada. Pero sí podía pensar. Lo hacía en su esposa y en sus hijos, que tenían cuatro y un año. No podía dejarlos, no todavía. Además, aún soñaba con hacer algo grande.

Siguió sumergido en la oscuridad y vio una tenue luz azul. Sintió paz y nostalgia, porque supo que el final estaba cerca. En eso, empezó a escuchar voces y la luz se volvió más brillante. Cuando abrió los ojos, estaba su esposa llorando y supo que había vuelto. Le contaron que estuvo siete minutos muerto. Lo suficiente para cambiar de vida. Después de la recuperación dejó el fútbol y comenzó a tomarse la vida medio en broma.

Se volvió entrenador y llegó a dirigir a Noruega, la poderosa selección de Erling Haaland. Clasificó al mundial y ayer, luego del triunfo a Senegal que los metió en la siguiente ronda, subió las galerías para fundirse en un abrazo con su esposa, y celebrar. Lloraron por la vida, por estar juntos y, porque en esa oscuridad, soñó con hacer algo grande, y hoy, 25 años después del infarto y en medio de la luz del Mundial, lo está consiguiendo.

Stale Solbakken, es un romántico, el hombre que volvió de la muerte para darle vida a Noruega.

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