La Librería de los Niños Cubanos, primera colección cubana de libros escolares de lectura, la inició Juan Bautista Sagarra en 1836.
En 1836, un maestro de Santiago de Cuba escribió:
“…la enseñanza de la lectura es de una grandísima influencia en el curso de los estudios y aún de la vida, pues de ser atinada o abandonada, depende a veces al tomarse afición a leer, amor a las ciencias, y aprovechamiento en lo que se lee y se estudia: que mucho riesgo corre de no saber estudiar bien, el que no haya sido guiado con acierto en las lecciones de lectura”.
Este acertado criterio pedagógico apareció en uno de los tomos de la Librería de los Niños Cubanos, primera colección cubana de libros escolares de lectura. La inició el educador Juan Bautista Sagarra Blez en 1836.
Vida de un maestro
La personalidad de Juan Bautista Sagarra Blez ha sido estudiada desde el siglo XIX. Fue el santiaguero Emilio de los Santos Fuentes, autor de Biografía del Sr. Lic. D. Juan Bautista Sagarra y Blez (1880), quien realizó los primeros acercamientos a su vida y obra. Años después, en agosto de 1885, publicó en la revista La Ilustración Cubana una “Biografía de D. Juan Bautista Sagarra y Blez”. Buena parte de los datos biográficos del insigne educador se conocen gracias a la tenacidad de este investigador. Estuvo entre los próceres incluidos en el tercer tomo de Álbum de El Porvenir (1892), publicado por Enrique Trujillo.
Juan Bautista Sagarra ha sido objeto de nuevos acercamientos en este siglo XXI. José A. Escalona Delfino fue autor de “Juan Bautista Sagarra. El pensador” (2006). Las investigadoras Irela Margarita Paz Domínguez, Graciela Ramos Romero y Maribel Asín Cala, publicaron el libro Reconocimiento al magisterio santiaguero: Homenaje a Juan Bautista Sagarra Blez (2019), con un análisis abarcador de su obra pedagógica. Otros trabajos, como el artículo “Juan Bautista Sagarra Blez: escritor de textos escolares” (2018), de Maribel Asín Cala, destacan su contribución como autor de libros para la enseñanza.

Nacido en Santiago de Cuba el 24 de junio de 1806, Juan Bautista Sagarra hizo los primeros estudios en esa ciudad. Fue alumno prominente del Seminario de San Basilio el Magno y después, en La Habana, estuvo entre los discípulos de José de la Luz y Caballero en el renovador Seminario de San Carlos, de quien llegó a ser suplente a pesar de su corta edad. Ingresó en la Universidad de La Habana, donde se graduó de Bachiller en Filosofía en 1826 y de abogado en 1830 ante la Audiencia de Puerto Príncipe.
De vuelta a Santiago de Cuba se consagró a la tarea de educar a la niñez local. Impartió clases de filosofía en el Seminario de San Basilio el Magno. Estuvo entre los fundadores de la Sociedad Patriótica en 1833, donde presidió la Comisión de Educación de la Sociedad Económica en 1834, de la que fue además secretario. Entre los cargos que desempeñó estuvo el de Protector partidario de los pueblos de San Luis de los Caneyes y San Pablo de Jiguaní.
En 1834 se le nombró socio corresponsal de la Real Sociedad Económica de La Habana. Fundó en 1841 el Colegio de Santiago, en el que prosiguió su labor educativa. Realizó otras funciones relacionadas con la instrucción pública en su ciudad natal, que le valieron el aprecio y la consideración de sus contemporáneos. Falleció en Santiago de Cuba el 29 de mayo de 1871.
La mayor parte de sus obras publicadas se refieren a la educación. Es el caso de Aguinaldo para las niñas de Santiago de Cuba (1839), que tuvo varias ediciones; Miscelánea para los niños (1839), Memoria sobre la instrucción pública en Santiago de Cuba (1840), Proyecto de un colegio en esta ciudad con el título de Colegio de Santiago (1841) y Discurso del director de la Escuela Preparatoria en la apertura de las clases de dicha Escuela (1857), entre otras.
También fue autor de Colección de voces poco usadas. (Apéndice a la Gramática) (1844), Gramática castellana (1854), Compendio de la geografía física y política de la Isla de Cuba (1853) y Breves nociones de agricultura, industria y comercio. Escritas por encargo de la Comisión local de esta ciudad (1864).
Las grandes personalidades de la época reconocieron el valor de la obra educativa de Juan Bautista Sagarra. Para José Antonio Saco era “…un hijo distinguido de Santiago de Cuba… (…) …a quien debe mucho la instrucción pública de aquella tierra”. José de la Luz y Caballero reconoció que
“…en Santiago de Cuba hay una antorcha que ilumina con rayos más luminosos; hablo señores, de un querido amigo, don Juan Bautista Sagarra, la lumbrera de Santiago de Cuba…”.
Una colección de libros
La principal obra pedagógica de Juan Bautista Sagarra fue la publicación de la Librería de los Niños Cubanos, considerada la primera serie de libros escolares de lectura que se editó en Cuba. De acuerdo con su biógrafo, Emilio de los Santos Fuentes
“Realizar el bien y difundirlo de un modo ameno y deleitoso, sin cuidarse de nada más, para que a él se aficionasen de todas veras; he aquí lo que se propuso Sagarra con su colección de obritas que designó con el significativo epíteto de: Librería de niños cubanos. A la consecución de propósito tan laudable sacrificó toda otra mira por halagüeña y seductora que fuese”.
La Librería de los Niños Cubanos estuvo integrada por los siguientes volúmenes:
Geografía de la Isla de Cuba (1836)
Tratado de geografía política de la isla (1836)
Miscelánea infantil (1839)
El aguinaldo para las niñas (1839)
Gramática castellana (1844)
Apuntaciones sobre moral cristiana (1844)
Silabario para las niñas (1849)
El pasatiempo (1850)
El padre y sus hijos (1850)
Dioscórides y el joven herrero (1851)
Salterio a la infancia (1852)
Colección de voces poco usadas (1854)
Oraciones del niño católico (1854)
Continuación de las misceláneas (1855)
Clamores de tío Domingo (1855)
Leyendas bíblicas (1855)
Breves nociones de agricultura, industria y comercio (1864)
Apuntaciones biográficas de Don Marcelino Quiroga, Deán de la S. I Catedral de Santiago de Cuba (1869)
Estos libros se caracterizaron por la utilización de un lenguaje asequible a los niños, con temas cubanos adaptados a las edades de sus lectores potenciales. Fueron la expresión de los más avanzado de la pedagogía cubana, que buscaba reafirmarse sobre la base de su autenticidad y autoctonía. En la introducción a la segunda edición de Miscelánea infantil (1849), Juan Bautista Sagarra destacó la necesidad de una biblioteca infantil
“…que tanto echamos [de] menos los que tenemos hijos a quienes educar, y una patria a quien dar buenos hijos que la sirvan”.
Hizo mención, en una “Advertencias sobre la lectura”, consideraciones sobre la importancia de su correcta enseñanza, que consideró no debía ser descuidada. En Miscelánea infantil (1849), Juan Bautista Sagarra presentó inicialmente textos breves que contenían enseñanzas valiosas para la educación de los niños. Por ejemplo:
“Un muchacho de la calle dio una pedrada a un perro, y un hombre que pasaba por allí, le reprendió, porque así maltrataba a un animal, que en nada le había ofendido”.
Esta defensa de los animales fue una constante en este texto. Así lo hizo en el resto de las lecciones que contiene el libro. En “La fuga del pajarito”, escribió:
“…me da lástima ver a los pájaros encerrados en las jaulas, como los presos en la cárcel”.

Otras lecturas que deben mencionarse, por su componente instructivo, son “División del tiempo”, “Las estaciones”, “La piña de Cuba”, “El cocotero” y “El perro”. Lo relativo a la educación de la infancia se reflejó muy en lecturas como “El fratricida inocente ¡No juguéis con armas de fuego!”, “El niño ocioso” y “El día de hoy. Soliloquio de un niño”, así como las referida a aspectos de la religión cristiana. Hay que destacar el énfasis en juegos infantiles de la época, presente en “El bonito cometón”, “El juego de mates”, “Un trompo” y “El cometón”, que hace referencia a los actuales papalotes.
Miscelánea infantil concluyó con una sección dedicada a “Preguntas”, que podían ser utilizadas por los padres y maestros para una mejor comprensión, por parte de los niños, de las lecturas del libro.
Juan Bautista Sagarra fue un maestro cubano del siglo XIX, que realizó una encomiable labor en Santiago de Cuba. Su esfuerzo se inscribió por derecho propio en la más genuina tradición educativa nacional. Ejemplo de ellos fue la Librería de los Niños Cubanos.
