Entre 1927 y 1939 se publicaron los 42 volúmenes de la Colección de Libros Cubanos.
La Colección de Libros Cubanos, dirigida por Fernando Ortiz, se publicó por la editorial Cultural S. A. entre 1927 y 1939. Fueron 42 volúmenes que recogieron una parte importante del pensamiento cubano del siglo XIX, así como de la literatura y la ciencia nacionales. De acuerdo con Ortiz, se trató de una “…serie de volúmenes escritos por cubanos o sobre Cuba…”.
Acerca de los fines de este proyecto, la empresa Cultural S. A. expresó lo siguiente:
“Esta casa editorial, al emprender la publicación de la Colección de Libros Cubanos, sin el menor deseo de lucro comercial, pretende dotar a Cuba de una Biblioteca en la que figuren las obras más notables de cubanos ilustres o que sobre Cuba se hayan escrito y espera del patriotismo de los cubanos que presten apoyo a este publicación para poder de este modo incluir en ella tantas y tantas obras notables que son desconocidas por nuestra generación y que por este medio se pondrán al alcance de todo el mundo”.
Informó además que el precio del primer volumen, en 8º mayor a la rústica, sería de 1.50 pesos. Encuadernado en tela costaría 2.00 pesos y 2.50 encuadernado en pasta valenciana, muy fina. Por último, destacó que se había impreso 50 ejemplares en papel especial de hijo, para bibliófilos, que estaban numerados. El precio de estos volúmenes de colección era de 5.00 pesos.
Al salir impreso el primer tomo se dieron a conocer otros detalles:
“Esta Colección de Libros Cubanos, impresa con esmero, es un esfuerzo notable que honra a Cuba y esperamos el favor del público para hacer una colección de cien volúmenes, en los que esté incluido todo cuanto sobre Cuba se haya escrito, digno de ser conservado”.
Historiadores clásicos
Los primeros tres volúmenes de la Colección de Libros Cubanos recogieron una obra clásica de la historiografía cubana. En tres tomos, se presentó, como inicio de la serie, el libro Historia de la Isla de Cuba (1927-1928), del matancero Pedro José Guiteras. Esta edición incluyó correcciones inéditas del autor. Acerca de la elección de este libro por parte de los editores, argumentó Fernando Ortiz en la introducción que encabezó el tomo inicial:
“Creemos que una biblioteca cubana, que aspira a recoger del olvido las más valiosas producciones de la mentalidad criolla y los escritos sobre los temas cubanos de más interés, debe iniciarse con una historia de Cuba, que ofrezca al lector el panorama general de la evolución de nuestra patria en relación con el cual habrán de poder valorizarse después las otras obras que vayan publicándose, así de carácter histórico como literario o científico”.
“…no existe otra historia de Cuba, que, como la de Guiteras, pueda representar mejor el ideario cubano de su época, constituyendo un fuerte alegato por la libertad de esta nación”.
Esta no fue la única obra de Pedro José Guiteras presente en la Colección de Libros Cubanos. En 1932, como el volumen 31 de la serie, salió de las prensas una nueva edición de Historia de la conquista de la Habana por los ingleses, seguida de Cuba y su gobierno. En este caso la introducción se debió a la pluma del historiador cardenense Herminio Portell Vilá.
Del historiador cubano Vidal Morales y Morales, en cierta medida continuador del quehacer historiográfico de Pedro José Guiteras, se publicó, en 1931, el texto Iniciadores y primeros mártires de la Revolución Cubana. Los tres tomos de este libro fueron los volúmenes 24 al 26 de la Colección de Libros Cubanos. Esta vez la introducción se debió a Fernando Ortiz, mientras que Rafael Montoro fue el encargado de presentar la biografía del autor.
Antonio Bachiller y Morales fue otro autor relevante de la tradición historiográfica cubana reeditado como parte de la Colección de Libros Cubanos en sus volúmenes 34, 35 y 36. Fue el caso de su texto Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la Isla de Cuba, que apareció en tres tomos en 1936. Esta edición de una de las principales obras de este autor tuvo una introducción, escrita por Francisco González del Valle. Además, se incluyó la biografía de Bachiller que escribió Vidal Morales y Morales.
Presencia de Saco
Como parte de los volúmenes que la Colección de Libros Cubanos dedicó al pensamiento cubano, sobresalieron los que publicaron obras del político y sociólogo José Antonio Saco. Este autor fue el más representado, con un total de ocho tomos relativos a tres títulos imprescindibles dentro de su amplia producción bibliográfica. El primero de ellos fue Contra la anexión (1927), con los números 5 y 6 dentro de la serie. En este libro, un referente obligado desde entonces para muchos estudiosos, se recopilaron textos de José Antonio Saco contra la anexión. En especial aparecieron las cartas que conformaron el polémico intercambio que sostuvo con su amigo Gaspar Betancourt Cisneros acerca del tema. El prólogo fue escrito por Fernando Ortiz, quien también escribió un ultílogo para esta edición.
La célebre Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo seguida de la historia de los repartimientos y encomiendas, fue el otro libro de José Antonio Saco en la Colección de Libros Cubanos (1932). En dos volúmenes, 28 y 29, formó parte de los enciclopédicos trabajos del ilustre bayamés acerca de la esclavitud. Por último, en cuatro tomos, apareció la Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especial en los países américo-hispanos (1938), numerada del 37 al 40. En ambos casos el prólogo lo escribió Fernando Ortiz.
Tal presencia en la Colección de Libros Cubanos se explica en la admiración que sintió la primera generación de intelectuales republicanos, de la que Ortiz formó parte, por la personalidad de José Antonio Saco. La crítica a la sociedad colonial y el antianexionismo tenían plena vigencia en el siglo XX, lo cual lo posicionó como un referente imprescindible del momento.
Literatura cubana

Varios volúmenes dentro de la Colección de Libros Cubanos recogieron parte de la literatura cubana del siglo XIX. El primero de ellos, número 4 de la serie, fue Cuentos cubanos (1928), de Ramón de Palma. La introducción de esta compilación se debió a Antonio M. Eligio de la Puente. También estuvo el caso de Artículos de costumbres (1929), de Luis V. Betancourt. Este décimo volumen contó con una introducción de Emeterio S. Santovenia. Además, en cuanto a prosa, se publicó Dos amores, novela (1930), de Cirilo Villaverde, volumen 14, con una introducción escrita por Antonio M. Eligio de la Puente.
Entre los poetas cubanos seleccionados para figurar en la Colección de Libros Cubanos estuvo Gabriel de la Concepción Valdés, el conocido “Plácido”. En 1930 se dio a conocer el volumen 19, que se tituló Poesías selectas de Plácido. El autor de la introducción fue nuevamente Antonio M. Eligio de la Puente. Al año siguiente, 1931, se dio a conocer Selección de poesías, de Julián del Casal, con una introducción por Juan Geada y Fernández. Este fue el volumen 23.
Numerados como los volúmenes 41 y 42 de la Colección de Libros Cubanos, los dos tomos de las Poesías, discursos y cartas (1939), de José María Heredia, fueron los últimos de la serie. Esta edición tuvo el mérito de ser una importante recopilación del epistolario escrito por este importante poeta romántico. Incluyó, entre otras, la célebre carta del 17 de junio de 1824, que contiene el testimonio de su paso por las cataratas del Niágara. En ella destacó la escritura de su famosa oda. Sin embargo, no incluyó la polémica misiva que Heredia envió al Capitán General Miguel Tacón, en la que le solicitó permiso para visitar a su madre en Cuba tras varios años en el destierro.
Pensamiento cubano
Muy vinculados a lo literario estuvieron los volúmenes de la Colección de Libros Cubanos que recogieron textos, ensayísticos en lo esencial, de figuras representativas del pensamiento cubano. Fue el caso de Escritos de Domingo del Monte (1929), en dos tomos, con introducción y notas de José A. Fernández de Castro. Estos fueron los volúmenes 12 y 13 de toda la serie. Esta fue la primera ocasión en que se reunieron en una compilación los textos concebidos por Del Monte, destacada personalidad de las letras cubanas en la primera mitad del siglo XIX.

Otro caso fue José de la Luz y Caballero como educador (1931), recopilación de sus escritos realizada por Francisco González del Valle, autor además de la introducción que acompañó a este volumen, el 27 de la Colección de Libros Cubanos. Aquí se recogió buena parte de la producción pedagógica de Luz, quien fuera ejemplo de maestro y reconocido como guía moral de la juventud cubana.
José Martí contó con cinco volúmenes dentro de la Colección de Libros Cubanos. Fue el caso de Poesías (1929), volumen 11, e Ideario (1930), que fue el 15. Los otros tres volúmenes relacionados con el Apóstol, del 20 al 22, estuvieron dedicados a divulgar el Epistolario de José Martí (1930-1931). Este estuvo arreglado cronológicamente con introducción y notas de Félix Lizaso, gran conocedor de la obra martiana. En Ideario se incluyó una introducción escrita por el reconocido estudioso Manuel Isidro Méndez.
También vinculado al pensamiento cubano estuvo el texto Jurisconsultos cubanos (1932), de Antonio L. Valverde. Volumen 30 de la Colección de Libros Cubanos, este tomo expuso las investigaciones realizadas por su autor acerca de la vida y obra de varios abogados cubanos, que había dejado una huella importante en el foro durante el siglo XIX.
Extranjeros
La Colección de Libros Cubanos, como estaba concebido en su proyecto original, también tuvo espacio para obras sobre Cuba escritas por autores extranjeros. La primera de ellas, impresa en tres tomos, volúmenes del 7 al 9, fue Cuba a pluma y lápiz (1927), del estadounidense Samuel Hazard, traducida por Adrián del Valle. Este libro fue un sucedo editorial que puso en manos de los lectores cubanos un texto singular, con dibujos del propio autor, que contiene descripciones maravillosas y fieles acerca de la Cuba que conoció.
Otro autor extranjero, muy vinculado a la historia nacional, fue el alemán Alejandro de Humboldt. Su Ensayo político sobre la isla de Cuba (1930), en dos tomos, también estuvo presente en la Colección de Libros Cubanos, volúmenes 16 y 17. Contó con ensayos y estudios escritos por Fernando Ortiz, que aclararon numerosos aspectos históricos relacionados con la publicación de esta obra, referente obligado en la historia cubana.

Gran éxito editorial fue la publicación en la Colección de Libros Cubanos, de la obra La tierra del mambí (1930), del irlandés James J. O’Kelly. Este destacado periodista, que visitó la manigua mambisa en la Guerra de los Diez Años, dejó en estas páginas un retrato de la vida en los campamentos. Este volumen, el 18 de la serie, fue un aporte importante de Fernando Ortiz, autor de la introducción biográfica, a la historiografía cubana.
Con los dos tomos de Cuba antes de Colón (1935), volúmenes 32 y 33 de la Colección de Libros Cubanos, cerró la presencia de autores extranjeros que escribieron sobre Cuba. En este caso se trató del reconocido arqueólogo estadounidense Mark Raymond Harrington. Su libro, traducido por Adrián del Valle y Fernando Ortiz, se considera un texto de referencia para el estudio de las culturas precolombinas en Cuba, con una metodología científica esmerada. Entre sus aportes estuvo que demostró la presencia de las conocidas culturas ciboney, muy antigua y paleolítica, y la conocida como taina, de esencia neolítica.
A fines de 1927, cuando ya era un hecho la publicación de la Colección de Libros Cubanos, en el Diario de la Marina se valoró su significación:
“Trátase de exhumar, librándolas del olvido en que yacían, muchas obras agotadas y actualmente harto raras, así como de sacar a luz obras inéditas, de autores cubanos y de extranjeros que escribieron sobre nuestro país. Y trátase, también, de que en la colección estén representadas todas las ramas del saber que en Cuba han florecido, desde el folklore y las leyendas tradicionales hasta las más elevadas concepciones científicas, mostrando, a la vez, nuestros progresos tipográficos y nuestra capacidad para actuar en el mercado librero, con ediciones nítidamente impresas y puestas, por la modicidad de su precio, al alcance de las más modestas posibilidades adquisitivas”.
La Colección de Libros Cubanos hizo esencia de cubanía. Aunque no pudo lograrse la meta de publicar cien obras, lo alcanzado la situó como uno de los proyectos editoriales más fructíferos de la República.
