El escritor matancero Alberto Lamar Schweyer fue un intelectual marcado por la polémica
Alberto Lamar Schweyer fue un escritor precoz. Nacido en Matanzas el 6 de julio de 1902, con 17 años publicó su primer libro: una conferencia sobre el poeta Amado Nervo. Tuvo dos de los apellidos más ilustres de la historia matancera, identificados con mambises, científicos, maestros y poetas. No obstante, se formó lejos del ambiente de la Atenas de Cuba, aunque siempre llevó en sí el orgullo de su matanceridad.

Hizo los primeros estudios en las Escuelas Pías de Camagüey y se graduó como bachiller en el Colegio La Salle y la Academia Casado, de La Habana. Fue estudiante universitario en las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, pero, renuente a las reglas académicas, no los concluyó. En 1918, con apenas 16 años, se inició como periodista en Heraldo de Cuba.
También muy joven fue autor de varios libros, como la biografía René López (1920), las compilaciones Los contemporáneos (1921) y Las rutas paralelas (1922), y el ensayo La palabra de Zarathustra (Federico Nietzsche y su influencia en el espíritu latino) (1923). Todas estas obras fueron acogidas favorablemente por la crítica y cimentaron la intensa labor literaria que realizó en las revistas Social, El Fígaro, Bohemia, Cuba Contemporánea y Smart. También colaboró en los periódicos El Mundo, La Discusión, La Lucha y El Sol, donde fue subdirector.

Se vinculó a jóvenes de su generación como Rubén Martínez Villena y Juan Marinello, con quienes participó en las tertulias del Café Martí. Estuvo entre los intelectuales que protagonizaron en la Protesta de los Trece, en 1923, considerado un suceso clave en la toma de conciencia sobre los males de la República. Firmó el Manifiesto del Grupo de los 13 y se incorporó también al Grupo Minorista.
Alberto Lamar Schweyer tomó parte en las actividades de la Falange de Acción Cubana, sobre todo en su Comité de Propaganda, y en el Movimiento de Veteranos y Patriotas. Además, fue director de la revista antiimperialista Venezuela Libre y miembro de la redacción de la Revista Parlamentaria de Cuba. Participó en la creación de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Económicas de Cuba e integró la Sociedad Hispanocubana de Cultura.
La asunción de Gerardo Machado como presidente de la República, en 1925, fue un hecho definitorio en la vida de Alberto Lamar Schweyer. Estableció desde ese momento fuertes vínculos de amistad con el futuro dictador, quien fue uno de los testigos de su boda en 1926. Sirvió a este gobierno como periodista, funcionario y en misiones diplomáticas. Dirigió el Departamento de Canje e Información de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes y después su Buró de Prensa.

Recibió en 1928 la Orden de Mérito otorgada por el gobierno de Ecuador. Participó en el Congreso Panamericano de Migración e Inmigración, celebrado en 1929. Durante el gobierno machadista publicó otros dos de sus libros: La crisis del patriotismo. Una teoría de las inmigraciones (1929) y La roca de Patmos (1932).
Fiel a Machado hasta el último día, Alberto Lamar Schweyer salió de Cuba tras su caída en 1933. Durante sus años fuera del país no dejó de escribir y publicar. Un ejemplo fue Cómo cayó el presidente Machado, una página oscura de la diplomacia norteamericana (1934), que se dio a conocer en España y tuvo una segunda edición en La Habana en 1938. También escribió Memoires de S.A.R. L’Infante Eulalie (1935), que se reeditó en inglés y español.
Regresó a Cuba a finales de los convulsos años 30, como mismo hicieron otros exmachadistas. Aquí imprimió Vendaval en los cañaverales (1937), una novela de temática social. Reincorporado a sus labores periodísticas, dirigió la edición vespertina del periódico El País. También dio a conocer Francia en la trinchera (1941), libro que recogió varios de sus artículos sobre la resistencia francesa ante la agresión nazi.
Un libro polémico

Durante su intensa vida intelectual Alberto Lamar Schweyer participó en varias polémicas. Ninguna ha trascendido tanto como la que se derivó de la publicación de su obra más conocida, Biología de la democracia (Ensayo de sociología americana) (1927). Este libro motivó su salida del Grupo Minorista y, además, es la que ha marcado cualquier acercamiento posterior a su personalidad.
En este libro asumió sin titubeos la defensa de las dictaduras en América Latina, como fase inevitable y necesaria para la construcción de las futuras democracias en la región. Se le consideró, no sin razón, una defensa de la prórroga de poderes con la cual Gerardo Machado extendió su permanencia en el poder. Desde que salió de las prensas Biología de la democracia motivó disímiles criterios y análisis.
Ramiro Guerra, nada sospechoso de izquierdismo, fue de los primeros en analizar críticamente el libro Biología de la democracia. En el artículo, “Caciquismo y feudalismo. Sobre La biología de la democracia del señor Alberto Lamar Schweyer”, que dio conocer en el Diario de la Marina, reconoció la “…alta calidad de la obra…”, sobre la cual estaba en el deber de ofrecer “…algunas consideraciones…”. Tras analizar lo relativo a la semejanza de la Edad Media en Europa y América, según lo que afirmaba Lamar y lo que él consideraba, concluyó:
“Creer en América, como afirma el Sr. Lamar Schweyer que él cree, debe ser confiar en su progreso, en su civilización y su libertad futuras. Y para apresurar su advenimiento no hay que «legalizar» el caciquismo, sino trabajar de firme por la cultura, la justicia, y la equitativa distribución de los bienes arrancados a la naturaleza, asegurando para el mayor número de los oprimidos la paz, el bienestar y la libertad”.
En medio de la polémica, el Diario de la Marina incluyó en sus páginas criterios de aprobación en torno a Biología de la democracia. Así lo hizo el 10 de mayo de 1927, con fragmentos de cartas firmadas por Enrique José Varona, Rafael Montoro y Antonio Sánchez de Bustamante. El primero le manifestó: “Es usted infatigable. Su excelente cerebro no descansa. Mi enhorabuena”, aunque le hizo saber que aún no había leído el libro.
A su vez, Montoro le declaró que lo había estudiado “…con el más vivo interés…”. Después añadió:
“Muy de acuerdo con los puntos de vista fundamentales de su obra, le felicito a Ud. muy cordialmente por la elevación de pensamiento, la sabia erudición y la elegancia del estilo, de la contribución con que ha enriquecido Ud. nuestra cultura”.
Por último, Sánchez de Bustamante, le planteó:
“No tengo para él, salvo algunos puntos de disentimiento doctrinal, más que frases de elogio. Quizá pueda decirte que después de haber indicado algunos de los males de América, era lógico y necesario señalar el remedio, de modo que no prevalezcan en ella situaciones gubernamentales interinas; pero esto puede ser objeto de otro libro que quizá te animes a escribir”.
Pocos días después, el Diario de la Marina publicó la introducción del libro La biología contra la democracia, de Roberto Agramonte. Al presentarlo, se destacó que se trataba de un “…brillante trabajo, en el que se refuta—empleando para ello una sólida argumentación científica y una razonada exposición, el libro reciente del Sr. Lamar…”. La polémica con Agramonte fue un punto de clímax en el ambiente de debate y discusión que provocó el libro de Alberto Lamar Schweyer.

Un gigante

Marcado por el signo de la precocidad, Alberto Lamar Schweyer falleció en La Habana el 12 de agosto de 1942. Hacía un mes que había cumplido 40 años. Moría en la planitud de su vida y su talento. Se cumplían, además, nueve años del día en que, bajo presión popular, había salido de Cuba acompañando a Gerardo Machado. Cosas del destino.
La muerte de Alberto Lamar Schweyer fue un suceso nacional. Los principales periódicos del país reflejaron el homenaje que significó su sepelio imponente. Se escribieron múltiples artículos acerca de la influencia que ejerció en sus contemporáneos. Quedó claro, desde aquellos días, que la última palabra acerca de su obra no estaba dicha aún. Para el periodista Ramón Vasconcelos era un “gigante vencido”, aunque sólo por la muerte.
