Dra. C. Lena Alonso Triana | Proyecto Amazonas de la Esperanza 

Hay historias que nacen del encuentro entre la ciencia y la sensibilidad, crecen al calor de los vínculos humanos y encuentran su mayor sentido en la posibilidad de acompañar la vida. Desde el 19 de junio de 2006, el Proyecto Amazonas de la Esperanza escribe una de esas historias en Matanzas, junto a las mujeres operadas de cáncer de mama, para quienes el camino de la recuperación también necesita escucha, comprensión, afecto y razones para volver a soñar.

En esa obra de profundo compromiso humano, la Dra. C. Lena Alonso Triana, licenciada en Psicología, profesora e investigadora titular de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas y directora de Trabajo Educativo y Extensión Universitaria, ha encontrado un espacio donde confluyen su vocación profesional, su sensibilidad y la convicción de que el acompañamiento psicológico puede contribuir a transformar la manera en que las personas afrontan los momentos más complejos de sus vidas.

Hay caminos profesionales que comienzan con una elección y, con el paso de los años, se convierten en una manera de comprender el mundo, acercarse al dolor ajeno y reconocer la extraordinaria capacidad humana para reconstruirse cuando encuentra una mano dispuesta a sostenerla. Para la Dra. Lena, la psicología ha sido ese camino de encuentro con las personas, sus emociones y sus posibilidades de crecimiento, una profesión desde la cual ha aprendido que cada historia merece ser escuchada con respeto y cada experiencia necesita una respuesta sensible a las particularidades de quien la vive.

Desde sus primeros pasos, visualizó la psicología como la ciencia y la profesión en las que deseaba realizarse, atraída por su esencia: promover bienestar y salud. La Psicología de la Salud, particularmente la atención a las personas que viven con enfermedades crónicas, despertó en ella un interés que fue creciendo con el conocimiento, la experiencia y la sensibilidad de quienes le enseñaron a mirar integralmente al ser humano. En ese trayecto ocupa un lugar especial la MSc. Dania Díaz Díaz, cuya dulzura y vocación humana acompañaron los inicios de una labor que terminaría dejando una huella profunda en su vida profesional.

Así comenzó su encuentro con las mujeres operadas de cáncer de mama, primero a través de un pequeño grupo de pacientes y, posteriormente, mediante una experiencia que fue ampliando sus horizontes. En cada historia aparecían emociones difíciles de expresar: el miedo ante el tratamiento oncológico, la angustia, la culpa, las transformaciones de la imagen corporal, los cambios en las relaciones personales y familiares, junto a ese silencio emocional que muchas veces acompaña al diagnóstico y que requiere tiempo, confianza y comprensión para encontrar palabras.

La realidad de aquellas mujeres le reveló cuánto podía aportar desde su profesión y, sobre todo, desde su condición humana. Escuchar sin juzgar, acompañar con respeto, ofrecer herramientas psicológicas para afrontar las dificultades y favorecer una evolución emocional que contribuya a la adherencia terapéutica se convirtieron en parte esencial de su quehacer. En esa cercanía descubrió el corazón de la psicología: la posibilidad de permanecer junto al otro en sus momentos de vulnerabilidad y construir, desde el encuentro, espacios donde la resiliencia encuentre apoyo y la esperanza recupere su lugar.

De esa convicción se nutre también el Proyecto Amazonas de la Esperanza, nacido el 19 de junio de 2006 por iniciativa de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez y el servicio de Oncología. A lo largo de los años, la iniciativa ha fortalecido su dimensión multidisciplinaria y se ha convertido en una red de acompañamiento para las mujeres operadas de cáncer de mama, que encuentran en ella apoyo para reorganizar sus vidas después del diagnóstico y afrontar las transformaciones personales, familiares y sociales asociadas a la enfermedad.

Su evolución ha estado marcada por el crecimiento del grupo de apoyo, la articulación entre profesionales y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios. Las pacientes disponen de un espacio para compartir experiencias, expresar preocupaciones, reconocer sus fortalezas y descubrir que sus vivencias pueden acompañar a otras mujeres que comienzan a recorrer un camino semejante. De esa confianza nacen nuevas promotoras de salud en las comunidades, mujeres que contribuyen a conversar abiertamente sobre el cáncer de mama y a fomentar una cultura de prevención, comprensión y solidaridad.

La labor del proyecto también favorece la adherencia al tratamiento mediante el apoyo emocional y la atención a los estados de malestar asociados al impacto de la enfermedad. Las alianzas con la Fundación Prótesis de Mama representan otro aporte significativo, especialmente por su contribución a la autoestima y a la imagen corporal, dimensiones que adquieren una especial importancia después de una intervención quirúrgica. A ello se suman el fortalecimiento de la comunicación familiar y la construcción de redes de apoyo capaces de acompañar a las pacientes durante las diferentes etapas de su recuperación.

Cada mujer vive este proceso desde su propia historia, sus características personales y los recursos psicológicos con los que cuenta para afrontar la enfermedad. Algunas necesitan más tiempo y apoyo para asumir el diagnóstico y reorganizar sus proyectos de vida; otras encuentran en sus fortalezas personales, sus familias y el grupo de apoyo herramientas para avanzar. Comprender esa diversidad constituye una parte esencial del acompañamiento que defiende la Dra. Lena, convencida de que el apoyo social desempeña un papel decisivo durante el tratamiento y sus transformaciones, y contribuye al bienestar psicológico y a la calidad de vida percibida por cada paciente.

En Amazonas de la Esperanza, la atención integral adquiere un rostro cercano. La ciencia se expresa en los conocimientos y las estrategias de intervención; la sensibilidad, en la escucha atenta; y el compromiso profesional, en la voluntad de permanecer junto a quienes necesitan encontrar nuevas maneras de afrontar su realidad. Cada conversación compartida, cada experiencia de superación y cada vínculo que se fortalece forman parte de una obra colectiva en la que la salud se construye mediante la confianza, la solidaridad y el reconocimiento de la dignidad humana.

Una universidad que aprende a cuidar

Ese espíritu de acompañamiento se extiende hasta las aulas universitarias y encuentra en los jóvenes una fuerza renovadora. La participación de estudiantes de Medicina y de otras carreras de las ciencias de la salud convierte al proyecto en un espacio de aprendizaje donde la academia se acerca a la comunidad y descubre, en las necesidades y experiencias de las personas, el sentido social de la formación profesional.

En ese intercambio se desarrollan la sensibilidad, el liderazgo, la autoeficacia y el sentido de responsabilidad, mientras los futuros profesionales aprenden a comprender a cada persona desde una perspectiva integral. El contacto con las mujeres y sus familias les permite reconocer la importancia de la comunicación, la empatía y el trabajo interdisciplinario, cualidades esenciales para ejercer una medicina y una psicología comprometidas con la dignidad humana.

La experiencia fortalece, además, la formación humanista y los procesos sustantivos universitarios, especialmente la extensión, al vincular a los estudiantes con las necesidades y potencialidades de sus comunidades. También impulsa movimientos como el de Artistas Aficionados, el de Alumnos Ayudantes y el Científico Estudiantil, desde los cuales surgen iniciativas e investigaciones que contribuyen a sistematizar y socializar el quehacer del proyecto.

Para la Dra. Lena, los jóvenes llegan con deseos de aportar y regresan con aprendizajes que transforman su manera de mirar la profesión. En ese intercambio se confirma una de las mayores riquezas de Amazonas de la Esperanza: su capacidad para convertir el conocimiento en compromiso y la sensibilidad en participación. Como ella misma resume, el proyecto restaura sonrisas donde hay dolor, fortalece la salud mental y mantiene vivo el tejido social.

La memoria de quienes siguen presentes

Al mirar el camino recorrido, la satisfacción y la alegría conviven con el recuerdo de las mujeres que formaron parte del grupo y hoy ya no están. Cada una permanece en la memoria compartida, en los aprendizajes que dejó, en los vínculos que ayudó a construir y en la huella de una historia colectiva que continúa creciendo. Recordarlas forma parte de este compromiso, porque acompañar también significa reconocer el valor de cada vida y conservar con respeto aquello que cada persona sembró en los demás.

En esa memoria se descubre otra dimensión de la labor psicológica: el valor de los afectos construidos a lo largo del tiempo, la fuerza de las experiencias compartidas y la presencia que permanece en quienes tuvieron la oportunidad de coincidir. Detrás de cada nombre hay una familia, una historia, sueños que encontraron nuevas formas de expresarse y una comunidad que aprendió a acompañar desde el cariño y la solidaridad.

El futuro, asegura la Dra. Lena, pasa por continuar fortaleciendo el trabajo multidisciplinario, ampliar las alianzas y lograr que más pacientes encuentren en el proyecto un acompañamiento sostenido durante todo su proceso de recuperación. Entre sus sueños ocupa un lugar especial la creación de un espacio propio en la comunidad: el Espacio de las Amazonas, un punto de encuentro donde las mujeres puedan reunirse, compartir sus vivencias, recibir apoyo, celebrar sus avances y descubrir nuevas razones para disfrutar la vida.

Quizá ese sueño contenga una de las imágenes más hermosas de todo lo construido desde 2006: una casa simbólica y real para la confianza, la amistad y la esperanza; un lugar donde cada mujer pueda llegar con su historia, sentirse acogida y encontrar compañía para seguir escribiéndola. Un espacio que reúna a las pacientes, sus familias, los profesionales, los estudiantes y la comunidad alrededor de una certeza compartida: el cuidado también se expresa en la posibilidad de pertenecer, conversar, reír y disfrutar cada nuevo día.

Porque hay vocaciones que crecen con los años y proyectos que encuentran su mayor sentido en las personas que acompañan. Amazonas de la Esperanza pertenece a esa estirpe de obras humanas que hacen del acompañamiento una forma de cuidar y de la solidaridad una fuerza capaz de reunir a profesionales, estudiantes, familias y pacientes alrededor de un propósito común.

En el camino de la Dra. Lena, la psicología ha encontrado un territorio de profunda humanidad, donde la escucha abre puertas, el conocimiento se pone al servicio de la vida y la esperanza aprende a florecer en compañía. Su labor, entre la investigación, la docencia y la extensión universitaria, contribuye a demostrar que la salud también se fortalece cuando las personas encuentran espacios para expresar sus emociones, reconocer sus recursos y sentirse parte de una comunidad que las comprende.

Y allí, entre las mujeres que siguen adelante, las manos que sostienen, las familias que acompañan y los jóvenes que aprenden a cuidar, las Amazonas continúan tejiendo su historia. Una historia nacida hace veinte años del encuentro entre la ciencia y el compromiso humano, que mantiene viva la voluntad de acompañar cada proceso con sensibilidad, respeto y alegría, porque toda vida merece cuidado, oportunidades y razones para volver a soñar.

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