No sé si escribirlo con asombro o vergüenza o, tal vez, con un poco de las dos. Últimamente transitar de manera tranquila y sosegada por la Calle del Medio, esa populosa arteria que el Plan Maestro de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Matanzas (OCCM) se empeñó en rescatar para el aniversario 325 de la Atenas de Cuba, es casi una carrera con obstáculos.
Motorinas, motos, bicicletas y cuanto artefacto rodante quepa por allí pasan a cualquier velocidad por el lado de quienes confiados creímos, en algún momento, que el paso estaba vetado a los vehículos y que eran las adoquinadas calles un espacio para el paseo y el esparcimiento.
Sin embargo, no son las únicas indisciplinas que conviven en esta zona del Centro Histórico Urbano, declarado además Monumento Nacional. La basura dispersa, la rotura de cestos y luminarias, personas sentadas incorrectamente en los escasos bancos o con los pies sobre establecimientos pintados, los robos, entre otros actos vandálicos abundan por estos días. Y no es pura apreciación personal, así lo confirman especialistas de la OCCM entrevistados por esta reportera recientemente.

Llama la atención que a casi seis meses de aprobadas por la Asamblea Municipal del Poder Popular las Regulaciones Urbanas Específicas (RUE) para el Centro Histórico de Matanzas, las cuales constituyen un conjunto de disposiciones jurídico-administrativas sobre el ordenamiento territorial, urbano y arquitectónico, que protegen y organizan los procesos que ocurren en esta zona, el desorden siga campeando, sin que nadie le ponga el punto final.
A pesar de haber sido divulgadas por los medios de prensa y consultadas con quienes mayor impacto tienen en esta arteria, el mencionado cuerpo legal parece vivir un letargo que amenaza con poner en riesgo una de las más hermosas locaciones de la urbe de ríos y puentes, cercana a la Plaza Fundacional de la ciudad.
Además de atentar contra el patrimonio material, tales conductas rompen con la armonía y la tranquilidad que debe acompañar a un ambiente cultural y patrimonial, donde convergen propuestas gastronómicas y culturales para el disfrute de los diferentes públicos.

Ello, en gran parte, se debe a que los mecanismos de control, la imposición de multas y vigilancia activa no funcionan, ya sea por la falta de inspectores o por su escasa efectividad. Figuras indispensables como los custodios, los guardaparques o cualquier otra, destinada a evitar que proliferen estas indisciplinas, son casi inexistentes.
Aun cuando desde la OCCM se hacen esfuerzos por desarrollar espacios educativos como la Casa del Adolescente, talleres con los vecinos e instituciones de la zona para inculcar la importancia de vivir en armonía con el entorno patrimonial en que se encuentran enclavados, no es suficiente para cortar de cuajo estas actitudes, hijas también de la pérdida de valores.
No es ocioso recordar que Matanzas fue otra después del aniversario 325 de su fundación, y que dicho espacio aportó, además de establecimientos gastronómicos y culturales a los que asistir, esa nota bohemia que acunó por mucho tiempo esta ciudad de ríos y mar, cuna de los más nostálgicos poetas.
Que quede claro que estas dos arterias de la Calle del Medio, así como la Plaza de la Vigía en ningún caso son una vía de tránsito para motos u otros vehículos. Por otra parte, las autoridades competentes deben estar más pendientes de que no se produzcan tales indisciplinas y, de ocurrir, pues actuar en consecuencia con lo que dictamina la ley para cada caso.
