En 1940 el Ateneo de La Habana impartió un ciclo de conferencias sobre figuras cubanas de la investigación científica.
El Ateneo de La Habana se considera una de las instituciones culturales más relevantes de la primera mitad del siglo XX en Cuba. Se inauguró el 4 de noviembre de 1902. El primer presidente de la institución fue el relevante jurista Antonio González Lanuza. También lo dirigieron personalidades de la talla del científico Juan Santos Fernández y el historiador Evelio Rodríguez Lendián. Uno de sus presidentes más recordados es José María Chacón y Calvo, quien dejó una huella perdurable en la institución.
Contó con secciones de Ciencias Puras y Tecnología, Literatura, Artes Plásticas, Música, Historia, Ciencias Sociales, Declamación y Teatro. Se trazó como objetivo principal favorecer la difusión de la cultura mediante conferencias, conciertos, veladas, concursos y exposiciones. El Ateneo de La Habana existió hasta 1972, aunque en 2016 se refundó gracias al empeño de un grupo de intelectuales que encabezó Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana.
Un ciclo de conferencias
Entre las actividades más sistemáticas que realizó el Ateneo de La Habana estuvieron los ciclos de conferencias. Uno de los primeros fue el que dedicó a “Grandes hombres de Cuba”, que comenzó en 1922, con la conferencia que Sergio Cuevas Zequeira dedicó a Carlos Manuel de Céspedes. También hay que mencionar “Los maestros de la cultura cubana” y “Los valores de la filosofía contemporánea”, ambos en 1940. Además, se impartió el ciclo, “Los poetas de ayer vistos por los poetas de hoy”, en 1941; el cursillo de seis disertaciones sobre “Los poetas de Arpas amigas”, en 1943, y “Los antiguos presidentes del Ateneo de La Habana”, conferencias dictadas en 1951.
Además de estas, y de otras no mencionadas, el Ateneo de La Habana organizó el ciclo de conferencias “Figuras cubanas de la investigación científica”. Este se desarrolló desde el 6 de noviembre al 30 de diciembre de 1940. Abarcó un total de 12 conferencias y en ellas Matanzas y los científicos matanceros estuvieron presentes.
En las “palabras inaugurales” de este ciclo, José María Chacón y Calvo expresó:
“El ciclo que inauguramos hoy se organiza con el concurso directo de la Sección de Ciencias, que preside Don Carlos de la Torre, nombre de resonancia universal en la cultura americana. Para todo se ha tenido en cuenta el parecer del maestro insigne y el de sus doctísimos colaboradores”.
“El Ateneo de La Habana siente la más profunda gratitud por el concurso generoso que le presta en este ciclo una serie de personalidades ilustres en las más variadas actividades científicas. No le anima en esta empresa un propósito apologético, ni de exaltación de los valores de nuestra investigación científica, pero sabe que del simple examen de esa labor del pasado ha de afirmarse nuestra fe en los destinos de la nación cubana, a tener una conciencia exacta y precisa de los grandes esfuerzos, en medio de críticas circunstancias, realizados por un grupo de maestros, a veces autodidactas, otras indubitables iniciadores y fundadores de escuelas. Para todos los especialistas ilustres que ofrecen al Ateneo su colaboración inapreciable habrá siempre en esta casa un sentimiento de fervorosa gratitud”.
En el último párrafo, al comentar sobre la primera conferencia, que se dedicó a Joaquín Albarrán, Chacón y Calvo aprovechó para enviar un mensaje solidario al pueblo francés, víctima en esa fecha de la barbarie fascista:
“Al iniciarse nuestra serie por esa figura tan íntimamente unida a la universalidad de espíritu francés, el Ateneo de La Habana reitera su fe profunda en los destinos inmortales de Francia, y en estos días de la gran prueba histórica que sufre la patria de los derechos del hombre reitera, asimismo, su entrañable convicción de que sólo las fuerzas morales, sólo los valores del espíritu tienen un sentido de permanencia en la historia del mundo”.
Las conferencias que conformaron el ciclo “Figuras cubanas de la investigación científica”, fueron las siguientes:
“El Dr. Joaquín Albarrán”, por José A. Presno (6 noviembre 1940)
“Don Tomás Romay y Chacón”, por Manuel Villaverde (9 noviembre 1940)
“El geógrafo Don Esteben Pichardo”, por Salvador Massip (13 noviembre 1940)
“El padre Benito Viñes (S. J.)”, por Mariano Gutiérrez (20 noviembre 1940)
“El Dr. Manuel González Echeverría”, por Benigno Souza (28 noviembre 1940)
“Don Tranquilino Sandalio de Noda”, por Mario Sánchez (1 diciembre 1940)
“Don Francisco de Albear y Lara”, por Enrique J. Montolieu (4 diciembre 1940)
“Don Antonio Mestre”, por José Varela Zequeira (11 diciembre 1940)
“Don Álvaro Reynoso”, por José Isaac del Corral (18 diciembre 1940)
“El Dr. Carlos J. Finlay”, por Octavio Montoro (23 diciembre 1940)
“Don Felipe Poey”, por Carlos de la Torre (27 diciembre 1940)
“Don Carlos de la Torre”, por Abelardo Moreno (30 diciembre 1940)

Presencia de Matanzas
De las 12 conferencias impartidas en el ciclo “Figuras cubanas de la investigación científica”, cuatro tuvieron relación con Matanzas. La primera fue “El Dr. Manuel González Echeverría”, de la autoría del relevante médico e historiador matancero Benigno Souza Rodríguez. En ella rindió tributo a un eminente galeno habanero, quien sobresalió en su tiempo como destacada personalidad en el estudio de las enfermedades nerviosas y mentales.
Al comenzar la disertación, el yumurino Souza destacó lo siguiente:
“Cálidas loas merece, entre otras muchas que se le deben tributar, el Dr. José María Chacón y Calvo, por esta su determinación de divulgar, de dar a conocer, entre esos otros cubanos insignes en el campo de la ciencia elegidos por él como dignos de protagonizar estas conferencias, al habanero Manuel González Echeverría, quien, a pesar de la notoriedad que alcanzara entre los hombres de ciencias de su época, en tierras extrañas, apenas si es conocido en su propio país de origen…”.
La otra presencia matancera en el ciclo “Figuras cubanas de la investigación científica”, también se relacionó con un conferencista. Fue el caso del destacado ingeniero y matemático matancero José Isaac del Corral, autor de la conferencia que se dedicó al agrónomo Álvaro Reynoso. Al igual que Souza, las primeras palabras las dedicó al presidente del Ateneo:
“Honrado extraordinariamente por nuestro ilustre compatriota el Dr. José María Chacón y Calvo, al invitarme a ocupar esta noche la tribuna del Ateneo de La Habana, del cual es su actual presidente, sean mis primeras palabras para expresar la devota gratitud que debo a esta esclarecida sociedad que constituye luminaria magnífica y poderoso faro cuyos destellos iluminan el ambiente artístico, científico y literario de nuestra patria”.
Acerca de la significación de las actividades dedicadas a estos hombres de ciencia, agregó más adelante:
“Acierto incomparable del Dr. Chacón y Calvo, es su iniciativa patriótica de pasar revista por las auténticas glorias cubanas que alcanzaron justa y renombrada fama en sus trabajos científicos, no limitándose a dar nuevas formas a conocimientos adquiridos anteriormente por la humanidad, sino que impulsados por sus cerebros privilegiados abrieron nuevos cauces a la ciencia y mostraron verdades desconocidas hasta entonces; investigaciones que luego se tradujeron en ventajas materiales para el país que los vio nacer”.
Otro autor matancero que estuvo entre los conferencistas fue el sabio Carlos de la Torre, quien rindió tributo a quien fuera su maestro inolvidable en “Don Felipe Poey”. Al comenzar la disertación, De la Torre señaló:
“El muy ilustre Director de Cultura, Dr. José María Chacón y Calvo, al concebir la feliz idea de da vida al Ateneo de La Habana, ofreciendo a la nueva generación estudiosa los ejemplos más dignos de ser imitados en la historia gloriosa de nuestra cultura, ha iniciado brillantemente sus labores con las Figuras Cubanas de la Investigación Científica, y me ha dispensado el honor de hacer el elogio del más sabio de los cubanos y uno de los más célebres naturalistas de América y del mundo entero, mi incomparable maestro, Don Felipe Poey”.
Carlos de la Torre, además de ser el tercer matancero que pronunció una conferencia en el ciclo “Figuras cubanas de la investigación científica”, tuvo un mérito especial. Fue el único yumurino, y además el único científico que aún vivía, al que se dedicó una de las disertaciones. La que le rindió homenaje a su vida y obra fue la última que se pronunció. Lo hizo uno de sus discípulos, Abelardo Moreno Bonilla.
En relación con la razón principal para incluir la vida y obra de Carlos de la Torre, Chacón y Calvo escribió:
“…su obra ofrece ya la necesaria proyección histórica para que, con íntegra conciencia de la responsabilidad intelectual, podamos incluir su nombre en esta serie de figuras cubanas de la investigación científica”.
La conferencia que pronunció Abelardo Moreno Bonilla estuvo desbordaba de admiración por la vida y obra de Carlos de la Torre. Así lo hizo saber desde que comenzó:
“Al pretender bosquejar esta noche la rica y fecunda labor científica de mi querido maestro el doctor Don Carlos de la Torre, respondiendo asía al alto honor que para mi representa la cordial invitación del Presidente del Ateneo de La Habana, Dr. Chacón y Calvo, debo pedir se me excuse la natural emoción que entorpece mis palabras”.
“No es tarea fácil—aún para aquellos mejor dotados que yo—sintetizar en el estrecho marco de una disertación, la vida del más grande de nuestros naturalistas que, en largos años de investigación y trabajo ha logrado traspasar los campos de nuestro mundo científico para ganar respeto y nombradía universales. Pero como el Dr. Carlos de la Torre ha sabido ser a más de un sabio, un maestro bueno y cariñoso, puedo esperar conociendo el afecto y la veneración que todos sentís por él, que seáis benevolentes para con mi modesto esfuerzo”.
Esta fue la presencia de Matanzas en el ciclo de conferencias “Figuras cubanas de la investigación científica”, que se impartió en el Ateneo de La Habana en 1940. Cuatro de esas disertaciones se vincularon a la Atenas de Cuba: tres como autores: Souza, Del Corral y De la Torre, y una última como personalidad bosquejada, el propio Carlos de la Torre, gloria de Matanzas y de Cuba.
