Canducha tenía solo 16 años, cuando su padre, Perucho, le encargó confeccionar una bandera como la izada por Carlos Manuel de Céspedes una semana antes en La Demajagua. 

Con ella irían los bravos patriotas el 18 de octubre de 1868 a sitiar el Cuartel de Infantería español de la ciudad de Bayamo.

Pero a Canducha no se limitó a confeccionar el histórico paño. El día 20 de octubre de aquel año, ocupada la plaza por las tropas mambisas, montó a caballo y vestida de amazona y gorro frigio paseó la enseña por las calles de la heroica Bayamo. Desde entonces se le conoce como La Abanderada.

Candelaria Figueredo y Vázquez, “Canducha’’ como le llamaban cariñosamente, nació en Bayamo el 11 de diciembre de 1852.

El padre, Pedro Figueredo y Cisneros, abogado y patriota, compuso La Bayamesa, marcha épica devenida Himno Nacional de Cuba.

La madre Isabel Vázquez y Moreno, poeta y patriota acompañó a Perucho en todas sus actividades patrióticas. Algunos autores la reconocen como coautora, con Perucho, del himno patrio.

En el hogar materno Canducha y su hermana Eulalia, crecieron al calor de las ideas revolucionarias y el amor a la patria.

Aquel 20 de octubre, cuando las tropas de Carlos Manuel de Céspedes, hicieron su entrada triunfal a Bayamo ante el pueblo enardecido, fue cantada la heroica marcha acompañada por la orquesta del músico Manuel Muñoz Cedeño, a quién Perucho había solicitado meses antes su instrumentación.

Himno y bandera, coraje y rebeldía, hacen del 20 de octubre una jornada de amor y patriotismo, celebrada como el Día de la Cultura Nacional.

Sobre la marcha cantada en la memorable fecha, Martí, escribió para Patria:

‘’…el himno a cuyos acordes, en la hora más bella y solemne de nuestra Patria, se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres’’.

El 12 de enero de 1869, ante el empuje de las tropas españolas, los bayameses decidieron quemar la heroica ciudad, antes que rendirlas a la colonia. Perucho y sus hijas, prendieron fuego a su hogar, para internarse en la manigua.

Una larga travesía los llevó a Bueycito, a los montes de Holguín, y al campamento en El Mijial, siempre perseguidos por la odiosa persecución enemiga.

En julio de 1870 tras escucharse un tiroteo cercano, abandonaron el Mijial. Tras un mes de penosa travesía llegaron a Santa Rosa, perteneciente a Las Tunas, donde se les reuniría Perucho, con elevada fiebre a consecuencias del tifus.

El 12 de agosto de ese año, mientras procuraba agua para el padre una columna española capturó a Perucho y su familia. Canducha, sin sentido quedó abandonada en la manigua. Recobrado el conocimiento, durante varios días atravesó el monte hasta el encuentro con una morena de la zona que le informó del destino de la familia.

Llevada por el General Pedro de Céspedes hasta el campamento de su tío Miguel Figueredo, se produjo el reencuentro de Canducha con sus hermanas Luz y Angela. El resto de la familia había sido capturada por el enemigo.

En julio de 1871, Canducha cayó en manos de una columna española y conducida a Manzanillo donde fue encarcelada.

Desterrada a Jamaica, de donde se trasladó a los Estados Unidos, se estableció en Kew West, donde se desposó con el patriota matancero Federico del Portillo Pío, deportado en esa localidad.

Al cese de la dominación española Canducha regresó a Cuba, donde falleció a la edad de 62 años, el 19 de enero de 1914.

Su padre, Perucho Figueredo, había sido conducido a Santiago de Cuba y fusilado por las armas españolas el 17 de agosto de 1870.

A 156 años de los acontecimientos que condujeron a la histórica interpretación del Himno Nacional de Cuba, Perucho Figueredo y su hija Canducha, La Abanderada, viven en la primera estrofa de la patriótica marcha.

‘’… que morir por la Patria es vivir’’.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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