El agrónomo Juan Bautista Jiménez dedicó su vida a defender la transformación científica de la agricultura cubana.

El poblado matancero de Alacranes fue el lugar donde se meció por vez primera la cuna de Juan Bautista Jiménez y González-Quevedo. Allí nació el 29 de agosto de 1837. Alcanzó el título de ingeniero civil en Europa, según título que le expidió la Universidad de Gante, Bélgica, décadas más tarde, el 31 de octubre de 1893. Se plantea que también fue doctor, aunque se dedicó toda su vida a cuestiones agronómicas. Durante esta etapa europea formó parte de la comisión del gobierno español, creada por Real Orden del 26 de abril de 1862, que estudió los productos expuestos en la Exposición Internacional de Londres.

Portada de uno de los libros de Juan Bautista Jiménez. Archivo del autor.

De regreso a Cuba, Juan Bautista Jiménez fue ganando fama por sus ideas en favor del adelanto científico de la agricultura cubana. Se estableció en Matanzas por algún tiempo y en 1879 fue electo presidente de la Sección de Ciencias del Ateneo de Matanzas. Dos años después, en 1881, presidió la comisión ejecutiva de la Exposición Internacional de Matanzas. Desde 1880 colaboró activamente en el Diario de Matanzas, con trabajos referidos a la agricultura. Ejemplo de esto son los artículos: “Agricultura. Respiración”, “Agricultura. Selección en las plantas” y “Agricultura. Transpiración”, que dio a conocer en mayo y junio de 1880.

Otros fueron “Estudios agrícolas”, “Crecimiento de la caña”, “Florescencia de la caña” y “Funciones de la reproducción”, que publicó entre agosto y septiembre de 1880, tomados de su libro inédito Nuestros ingenios y su porvenir. Con Gabriel de Castro Palomino fue autor de “Ante proyecto para una escuela de agricultura en Matanzas”, trabajo que publicaron en tres partes, donde dieron a conocer las características de esta institución.

Hacia 1880 Juan Bautista Jiménez heredó de su padre tres ingenios en Cruces: San Ignacio, Dos Hermanos y Santa Rosalía. La familia Terry lo contrató, además, para administrar las colonias que suministraban caña a uno de sus centrales. Establecido en ese lugar, desarrolló desde allí una ardua labor científica. Esto le valió para ser escogido, en 1883, como Socio de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País.

También ingresó en la Real Academia de Ciencias Médicas y Naturales de La Habana como corresponsal en Cruces, el 13 de febrero de 1887. Acerca de los motivos para hacerlo parte de esta institución, se informó en una de sus sesiones:

“Habiendo presentado el Sr. D. Juan B. Jiménez una obra titulada «Aventuras de un mayoral,» con opción al puesto de socio correspondiente, el Sr. Montejo, como ponente, señala los méritos del candidato e indica el objeto de la obra, que considera importante; revisando sus interesantes capítulos, es in- dudable que en ella se ponen a contribución las nociones científicas en beneficio de la agricultura, en un lenguaje apropiado para vulgarizar esa clase de conocimientos. La Academia aprobó este lucido informe, y nombró por unanimidad socio correspondiente al citado Sr. Jiménez”.

En los Anales de la Real Academia vieron la luz varios trabajos suyos. Fue el caso de “Una escogida de tabaco” (1888), “Notas sobre el cultivo del gusano de la seda” (1890), “Las pampas” (1895), “Sanseviera guineensis” (1904) y “Cultivo de las plantas; como se hace, relación del cultivo mecánico de la tierra con los otros elementos que concurren a la producción de las cosechas” (1907).

Juan Bautista Jiménez trabajó como redactor y director de la Revista de Agricultura del Círculo de Hacendados. Desde el 14 de febrero de 1899 y hasta mayo de 1900, fungió como secretario de la Junta de Agricultura, Comercio e Industrias de Santa Clara. En esta ciudad fundó y dirigió la revista El Agricultor Práctico. También fue autor del folleto Un plan de reconstrucción (1899), que publicó el Gobierno Civil de la provincia de Santa Clara. En este mismo año fue supervisor en Santa Clara de la ejecución del censo de población que se realizó en esa fecha.

Dedicado por completo a su provincia y ciudad adoptivas, Juan Bautista Jiménez dedicó los últimos años de su vida a escribir sobre agricultura. En la ciudad de Santa Clara dio su último aliento, el 29 de septiembre de 1906. En los Anales de la Academia de Ciencias se hizo constar el triste acontecimiento:

“A fines del mes de septiembre último falleció el Sr. Juan Bautista Jiménez, Académico Corresponsal en Santa Clara. Presentó importantes trabajos sobre agricultura, la que cultivaba con verdadero entusiasmo. En las páginas de los Anales pueden consultarse con fruto sus notables producciones. ¡Descanse en paz!”.

Al año siguiente se consignó en acta:

“Académico corresponsal, desde hacía muchos años en Santa Clara, en variadas ocasiones presentó a esta Academia sus trabajos, acerca de la Agricultura, ramo del saber a que con verdadero entusiasmo se venía dedicando. En las páginas de los Anales, pueden con verdadero provecho, consultarse sus notables producciones. ¡Descanse en paz!”.

Obra agrícola

Dentro de la obra de Juan Bautista Jiménez sobresalen los varios y valiosos libros que publicó, dedicados a la ciencia agrícola. Los dos primeros, los más célebres de toda su producción científica, vieron la luz en nuestra ciudad:

Aventuras de un mayoral. Primera parte. Cultivos menores, pastos y prados artificiales, ganadería, Matanzas, Imprenta El Ferrocarril, 1882. El prólogo lo escribió Álvaro Reynoso.

El ingenio. Segunda parte de las Aventuras de un Mayoral. Caña de azúcar, su cultivo, su producción, etc. etc., Matanzas, Imprenta “Galería Literaria”, 1883.

En el prólogo, que redactó Guillermo Schweyer, este escritor matancero valoró lo siguiente;

“El presente volumen constituye un verdadero manual, no solo para los hacendados y administradores de ingenio, sí que también para los mayorales y demás empleados de nuestras fincas azucareras. En él se encuentra explicado de una manera clara y concisa, en lenguaje que puede entender cualquiera que no haya cursado estudios científicos de ninguna naturaleza, todo cuanto referente a Ingenios puede necesitarse en la práctica. Nada, absolutamente nada ha olvidado el autor, y con una riqueza de conocimientos que en cada línea de la obra se deja ver, ha recopilado en ésta, ya fórmulas de cálculos basados en una estadística clara y precisa, ya métodos racionales para conocer de momento si los trabajos llevados a cabo son o no productivos, si están bien hechos, si las tareas guardan proporción con el costo y los sacrificios que han ocasionado; aquí habla de los abonos y correctivos más convenientes para las diferentes clases de terrenos, allá de los sistemas de cultivo más económicos, allí, de la necesidad de reemplazar por los arados los demás instrumentos que aún se emplean para mantener la sazón del terreno, aflojar el suelo y exterminar las yerbas, acullá del drenaje…..—todo, en fin , se encuentra recopilado en este tomito de que nos ocupamos, y tratado con una maestría que sólo puede compararse a la sencillez del método adoptado para poner tan importantes cuestiones al alcance de todo el mundo, y principalmente de nuestros hombres de campo”.

Otras de las obras reconocidas de Juan Bautista Jiménez fueron El potrero Paraíso (1888), Los esclavos blancos (1893) y La colonia (1894). En ellas reflejó, además de su pensamiento científico y en defensa de la agricultura cubana, los cambios que ocurrieron en el campo cubano a finales del siglo XIX. Fue autor del trabajo “Alcoholes cubanos”, que se incluyó en el tercer tomo del Tesoro del agricultor cubano (1887). Entre 1891 y 1892 publicó en la Revista de Agricultura una serie de artículos que tituló “Las plantas textiles cubanas”.

Durante la República existió en Santa Clara la Granja Escuela Juan Bautista Jiménez, que se fundó en 1909. Se creó más tarde un Instituto Tecnológico de la Caña Juan B. Jiménez, en Sancti Spíritus. Hoy existe, en Cruces, Cienfuegos, el Centro Mixto Juan Bautista Jiménez, donde se forman técnicos agrícolas. Estas han sido las mejores formas de recordar la obra de un hombre que se consagró a la ciencia agrícola cubana.

La Granja Escuela Juan Bautista Jiménez en 1924. Archivo del autor.

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