En 1901 murió en La Habana la enfermera estadounidense Clara Louise Maass, una mujer mártir de la ciencia.

Durante décadas fue una heroína desconocida. Así la denominó Herminia del Portal en un reportaje que publicó la revista Bohemia en 1950. En 1901, la muerte de Clara Louise Maass no motivó la más mínima nota de prensa en La Habana. Durante años solo fue un nombre sobre una tumba, o en una tarja que después desapareció. Pero la verdad se impuso y hoy pertenece, de forma indisoluble, a la heroica historia del combate de la ciencia médica contra la fiebre amarilla.

Forja de un carácter

Los padres de Clara Louise Maass eran alemanes establecidos en los Estados Unidos y residentes en East Orange, New Jersey. Allí nació ella, el 28 de junio de 1876, como la mayor de nueve hermanos. Seguidores de la Iglesia Luterana, su hogar se caracterizó por una rígida educación y el aporte colectivo a la economía familiar. Por esta razón, desde niña trabajó como “ayudante de madre”, al mismo tiempo que asistía a la escuela primaria.

Clara Louise Maass. Archivo del autor.

Muy joven comenzó a estudiar en la Escuela de Enfermeras Cristina Trefz, del German Hospital, en Newark, New Jersey. Tras dos años de estudios, se graduó en 1895 a los 19 años. En 1898, como reconocimiento a su prestigio profesional, se le ascendió a jefa de enfermería. Ese mismo año, tras el inicio de la guerra contra España, Clara Louise Maass se presentó para servir como enfermera contratada en el ejército de los Estados Unidos. Como es de suponer, fue aceptada por su corto pero brillante historial de servicios.

Clara Louise Maass permaneció como enfermera en el Séptimo Cuerpo del Ejército, desde el 1 de octubre de 1898 hasta el 5 de febrero de 1899. Trabajó en Jacksonville, Florida; Savannah, Georgia, y Santiago de Cuba. Poco tiempo después de recibir el licenciamiento, ofreció nuevamente su contribución como voluntaria. Esta vez permaneció en Filipinas por ocho meses, desde noviembre de 1899 hasta mediados de 1900. Allí, asistió a soldados afectados por diversas enfermedades tropicales: fiebre tifoidea, malaria, fiebre amarilla y dengue. Contrajo esta última dolencia en Manila y se le envió de vuelta a los Estados Unidos.

Apenas repuesta del dengue, Clara Louise Maass recibió un telegrama desde La Habana el 14 de octubre de 1900. Lo firmaba el Dr. William C. Gorgas, jefe de Sanidad en La Habana y miembro de la Comisión Médico Militar para el Estudio de la Fiebre Amarilla. El texto era breve, pero contundente: “Venga, inmediatamente”. En cumplimiento de esa orden viajó a Cuba.

En Cuba

Para 1900 Cuba estaba inmersa en la lucha contra la fiebre amarilla. El gobierno de los Estados Unidos nombró una segunda Comisión para el estudio de esta enfermedad, que presidió el doctor Walter Reed, integrada por los médicos James Carroll, Jesse Lazear y Arístides Agramonte. Tras una entrevista con el sabio cubano Carlos J. Finlay, quien había sostenido por veinte años que el vector de la fiebre amarilla era una especie de mosquito, la Comisión se decidió a comprobar su hipótesis. Fueron convocados varios voluntarios, quienes serían picados por mosquitos infectados con consentimiento informado. Uno de ellos, el doctor Jesse Lazear, falleció el 25 de septiembre de 1900.

Sello postal en honor de Clara Louise Maass, emitido por Cuba en 1951. Archivo del autor.

Un mes más tarde Clara Louise Maass desembarcó en La Habana. Por la experiencia que ya había adquirido en al tratamiento a enfermedades infecciosas, se le destinó al Hospital “Las Ánimas”. Este era el único centro de salud habanero destinado a pacientes con ese tipo de dolencias. Bajo este precepto, se escogió el lugar para establecer una Estación de Inoculación de la Fiebre Amarilla en febrero de 1901. Estaba bajo la dirección del doctor Juan Guiteras.

El 4 de junio de 1901 Clara Louise Maass se presentó como voluntaria en los experimentos. Desarrolló la enfermedad de forma leve y, a pesar de haber recibido varias picaduras más, nunca pasó de una fiebre ligera sin otros síntomas. Nuevamente se le sometió a la prueba el 14 de agosto de 1901, bajo el criterio de que seguramente ya estaba inmunizada. El 18 de agosto sufrió un fuerte dolor de cabeza y su salud comenzó a deteriorarse. Falleció a las seis y media de la tarde del día 24, a los 25 años de edad.

Sello postal en honor de Clara Louise Maass, emitido por Estados Unidos en 1976. Archivo del autor.

Para el doctor Juan Guiteras la muerte de Clara Louise Maass significó una derrota. Nunca dejó de lamentarla. Incluso, fue este caso lo que lo decidió a ser un tenaz oponente, el resto de su vida, de la vacunación obligatoria. Véase su reporte médico:

“Caso 6. Miss Maass, enfermera americana, de 25 años. Residencia en la Isla, diez meses. Había sido picada infructuosamente cinco veces antes. El 14 de agosto a las nueve a.m. fue picada por dos de los cuatro mosquitos infectados. Enfermó el 18 de agosto, a las 6 a.m., sin presentar síntomas precursores. La temperatura había empezado a subir cuando sintió dolor de cabeza y muy ligero escalofrío. Tuvo numerosas hemorragias y falleció el séptimo día”.

Aunque algunas fuentes indican que Clara Louise Maass fue enterrada con honores militares en el Cementerio Cristóbal Colón, en La Habana, esto no parece ser cierto. Se le dio sepultura de forma silenciosa y en la prensa cubana de la época no apareció ninguna referencia a su fallecimiento. Al parecer, su caso se trató como un secreto de estado.

Un mes después de la muerte de Clara Louise Maass se registró el último enfermo de fiebre amarilla en La Habana. La campaña de higienización, siguiendo las propuestas de Carlos J. Finlay, había sido un éxito. El cuerpo de la enfermera mártir se trasladó al Cementerio Fairmont, en Newark, New Jersey, el 20 de febrero de 1902.

Sobre de primer día por el sello postal en honor de Clara Louise Maass, emitido por Cuba en 1951. Archivo del autor.

El largo camino del honor

Durante décadas, el nombre de Clara Louise Maass fue sólo un grabado en una pequeña tarja sobre una cama en el Hospital “Las Ánimas”, junto al de Jesse Lazear, develada en 1923. Para colmo, ese pabellón desapareció y el monumento que se proyectó en su honor jamás se construyó. No se le menciona en los inicios de la enfermería en Cuba en el siglo XX, ni siquiera entre las numerosas enfermeras estadounidenses que prestaron servicios distinguidos en la isla por aquellos años.

En 1929, una ley en honor de los miembros de las comisiones estadounidenses contra la fiebre amarilla y de los voluntarios que participaron en los experimentos, la ignoró olímpicamente. Sólo el Lutheran Memorial Hospital, antiguo German Hospital, de Newark, le consagró un recuerdo: un sello conmemorativo en 1949.

Uno de los sobres de primer día por el sello postal en honor de Clara Louise Maass, emitido por Estados Unidos en 1976. Archivo del autor.

Cuba le dedicó, por el cincuentenario de su muerte, la emisión de un sello postal de 2 centavos, de color rojo, que entró en circulación el 24 de agosto de 1951. Se llegaron a imprimir 3 millones de ejemplares. Primero se trató de realizar una emisión postal conjunta que también rindiera homenaje a Carlos J. Finlay, pero no fue posible. Al acto oficial de cancelación de este sello, en La Habana, asistieron tres hermanas de Clara Louise Maass que residían en los Estados Unidos.

Al año siguiente, el 19 de junio de 1952, el antiguo German Hospital, que había sido trasladado a Belleville, New Jersey, fue renombrado como Centro Médico Clara L. Maass. Además, se colocó una placa de bronce sobre su tumba. Al celebrarse en 1976 el centenario de su natalicio, se le dedicó un sello conmemorativo de 13 centavos en los Estados Unidos.

Otro de los sobres de primer día por el sello postal en honor de Clara Louise Maass, emitido por Estados Unidos en 1976. Archivo del autor.

Clara Louise Maass dejó un ejemplo sublime para su profesión. No dudó en poner en riesgo su vida en aras de la ciencia. Años después de su sacrificio, el Dr. John W. Ross, director del Hospital “Las Ánimas”, la recordó de la siguiente forma:

“Era la mejor y la más fervorosa enfermera de nuestro Hospital. En el cumplimiento de su deber mostró el heroísmo y la devoción de un soldado en la batalla”.

Una de las instalaciones del Centro Médico Clara L. Maass, en New Jersey. Archivo del autor.

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