Algunas personas hacen del mundo un lugar especial con solo estar en él. Y que suerte tuvo Unión de Reyes de tenerte, Wilfredo.
Dicen que cuando hay gran ser humano sobran los falsos elogios. Wilfredo nunca los necesitó. Vivió la vida como un ser de pueblo y su tesoro mayor nunca fueron los premios, los reconocimientos, los galardones, fue el lugar tan especial que ocupaba en su familia, en sus compañeros del teatro, en sus colegas de la universidad, pero sobre todo en el corazón de la tierra que lo vio nacer y que lo enseñó al mundo con el orgullo más grande con que uno muestra a sus mejores hijos.

¿Alguien una vez preguntó, cuando muere un actor, cuántas personas mueren con él? Y yo te recuerdo en Francisca y la Muerte, en Epitafio para un Zapato enterrado vivo, en Desastre, en Alejandría, en Muero contento. Te recuerdo también en esa gran obra llamada Vida que abrazaste con tanta inmensidad y en la que nos dejas tan lindos recuerdos.
Hoy no te despedimos Wilfredo, hoy te dejamos ensayando junto a Estorino, Eloisa, Pedro, Gilberto, te dejamos en esos instantes tan finitos que transcurren antes de subirse el telón y comience por fin la obra eterna de un pueblo que te guardará en sus memorias.
Te entregamos Wilfredo, una vez más el aplauso sincero de este público que siempre te pertenecerá. Hasta la próxima función amigo. Aplausos para Wilfredo.
Texto: Roxana Valdés Isasi y Yaudel Rodríguez Vento
