El 15 de enero de 1934 el Gobierno de los Cien Días llegó a su fin. El mismo dictó un grupo de medidas de carácter popular y antiimperialista que ganaron un gran apoyo en el pueblo cubano.
En su gabinete prevalecían dos tendencias, una encabezada por el presidente Ramón Grau San Martin y otra liderada por el Ministro de Gobernación, Guerra y Marina, Antonio Guiteras Holmes.
Este joven antiimperialista y nacionalista deseaba profundizar en un grupo de medidas de beneficio popular. Entre las primeras medidas progresistas impulsadas por el grupo de Guiteras estuvo el establecimiento de la jornada de ocho horas y el aumento del salario a los trabajadores.
El no reconocimiento de Estados Unidos, seguido por la inmensa mayoría de las naciones soberanas y el fuerte enfrentamiento entre las tendencias antiimperialista, reformista y reaccionaria dieron el golpe final al gobierno que parecía un faro en la oscuridad.
El Gobierno de los Cien Días pasó a la historia de Cuba como un hito sin precedentes. Un breve pero intenso destello de esperanza en medio de un panorama de opresión y desigualdad. A pesar de su efímera existencia, las semillas de cambio resonaron en las generaciones posteriores, inspirando a futuros líderes y movimientos en su lucha por la justicia social y la soberanía nacional.
