Ante la salida del cerrador matancero Armando Dueñas, el alto mando de los Cocodrilos debió hurgar entre los lanzadores disponibles para formar parte del staff rojiamarillo en la IV Liga Élite del Béisbol Cubano.

En esa estratagema, el pitcher que milita en los Piratas de la Isla de la Juventud, Yadier Garay, accedió a integrar el conjunto monarca de la Serie Nacional.

“Hubo comunicación conmigo, y ya estaba preparado porque desde hace meses comencé a alistarme por si existía la posibilidad de que me pidieran como refuerzo”, destacó el nacido en La Habana.

Nacido en La Habana, pero integrante de los Piratas de la Isla de la Juventud, Yadier Garay viste ahora otro uniforme. Fotos: Wendy Moreira.

Antes del estreno con los Saurios, Garay presentaba balance de seis victorias y diez descalabros de por vida en la pelota antillana. El diestro de 26 años resulta puntal del bull pen pinero, donde contribuyó en ocho sonrisas de los filibusteros durante la última Serie.

“Me baso en ir combinando el control de la zona de strike con la velocidad. Casi nunca tengo reportes de mis lanzamientos más rápidos, pero confío en hacer siempre el trabajo adecuado que me piden los entrenadores”.

Dentro del diezmado rendimiento de los yumurinos, el refuerzo isleño presenta balance positivo. Ha actuado en cuatro desafíos, todos como apagafuegos, sumando una victoria y un punto por juego salvado.

En 5,2 innings de labor monticular, los rivales le batean para .261, mientras presenta uno de los mejores promedios de efectividad cada nueve entradas en Matanzas (3.18), muy por debajo del astronómico 8.26 que muestra el staff. Además, no ha regalado boletos y ha ponchado a cinco contrarios.

“Agradezco mucho a la afición matancera por el recibimiento que me han dado, al igual que la acogida de los muchachos. Aquí me siento como uno más del equipo”, finalizó el derecho.

Yadier Garay sabe lo que es servir de refuerzo en otra selección. Las Avispas de Santiago de Cuba contaron con su disciplina en la anterior Liga, aunque una lesión en la mano le impidió culminar la contienda. Ahora viste la chamarra de los Cocodrilos, urgidos de loables actuaciones de sus monticulistas para salir de un incierto comienzo.

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