El Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, fundió en un mismo escenario a dos generaciones de dramaturgos, Nelson Alberto Beatón , galardonado en el 2024 con «Azul Meyerhold» y Yerandy Fleites Pérez , que obtuvo el Premio 2026 con «La soledad aromosa de Carlos Manuel de Céspedes», y que entregó un jurado integrado por Vivian Martínez Tabares, Osvaldo Cano Castillo y el propio Beatón. 

Fleites es autor de textos para adultos y niños, y ganador de importantes premios como el Virgilio Piñera con Maneras de usar el corazón por dentro; el Dora Alonso, con Cabeza de Caballo, y el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas con Mi tío el exiliado, entre otros. Además es profesor de la Universidad de las Artes.

La primera lectura de » La soledad aromosa…» ocurrió un 20 de mayo de 2025 en su casa, interpretado por actores amigos, incluidos su esposa, la destacada actriz Giselle Sobrino, y según los presentes, fue un acto de comunión que mostraba el nacimiento de un importante texto para la dramaturgia nacional.

Su reconocimiento en el prestigioso premio matancero, es un honor que se le concede a a la editorial matancera, el de contar con un texto de la valía de » La aromosa soledad…», que refleja de una manera novedosa e inquietante la figura histórica de Carlos Manuel de Céspedes, que además de ser el líder de la revolución del 68, fue poeta y dramaturgo.

Esta obra se incluye en una zona de la dramaturgia cubana de los últimos años, donde sus protagonistas son figuras patrióticas como es el caso de Hierro, de Carlos Celdrán; Dos Ríos de Reinaldo Montero, La caída, de Raúl Raul M. Bonachea o Emilia habla con los que no la escuchan, de Ulises Rodríguez Febles, para poner algunos ejemplos, en los que se encuentran José Martí, Ignacio Agramonte y Emilia Teurbe de Tolón.

En el caso del texto recién premiado, adelanto que es un texto que sobrecoge y que fue un placer leer. Constituye un acto de belleza, y de revelación casi mística, este encuentro con Carlos Manuel.

Ese diálogo de la historia con el presente, que inquieta y nos activa las neuronas de la memoria histórica nacional y sus vericuetos oscuros, ocultos e iluminados.

La estructura, la concepción de los personajes, el lenguaje que se aleja de la tradición, que se vuelve, vivo, contemporáneo, reinventando una memoria de la nación, que nos reinvindica. Al leer «La soledad aromosa de Carlos Manuel de Céspedes» se siente el profundo torrente del espíritu y la voz de Céspedes, caminando de nuevo. El galardón matancero lo visibiliza y lo llevara a otros lectores, y a que se represente definitivamente.

Es un texto que se necesita, profundo, metafórico, político y humano, al que se le da así una bienvenida al corpus de la dramaturgia cubana.

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