Cuando los tambores de la guerra y el fascismo amenazan la humanidad, retomo lo que hemos subrayado en los últimos años de estudio e investigación científica.
Se vive una época convulsa y cargada de incertidumbre, signada por la oleada colonizadora global. La colonización cultural impacta naciones de todo el planeta, y hace mella en los más jóvenes, por lo que se requiere una mayor preparación de los profesionales de la educación encargados de la formación integral de las nuevas generaciones.
Fidel Castro Ruz, de manera magistral, habló más de una vez sobre los peligros de la globalización cultural, la consideró el más poderoso instrumento de dominación del imperialismo, porque “es el ataque a las culturas no solo para obtener ganancias, sino priorizadas las inversiones y priorizado el programa de dominio sobre todos estos medios de divulgación masiva, medios audiovisuales, con un consciente, muy consciente y deliberado propósito de dominio mundial.” (Castro, 1998, p. 133).
La sociedad cubana no está ajena a este mundo contradictorio, impactado por el hegemonismo imperialista y un bloqueo genocida, en medio de una crisis mundial sin precedentes, que abarca todas las esferas, y hace más compleja la situación del país, incidiendo negativamente en las condiciones de vida del pueblo y en el comportamiento de las personas. Para ello se valen de un potente aparato de reproducción ideológica con grandes conglomerados de medios de comunicación, recursos materiales y financieros que inciden en las ideas, valores y modos de ser y actuar.
“¿Qué hacer entonces frente a esta dolorosa, pero innegable certeza?” (Díaz- Canel, 2022, pg.1).
Aflora, con una fuerza mayor, la importancia que reviste la formación de nuestra juventud y en especial, la preparación de los profesionales encargados de educarlos y de los responsables en la conducción de la educación, ante un escenario complicado como es la guerra cultural y simbólica que se ha impuesto al pueblo cubano por el imperialismo estadounidense. En este contexto adquiere relevancia la advertencia martiana acerca de que la guerra mayor que se nos hace es de pensamiento, convocando a ganarla en ese terreno.
Hay una crisis cultural y ética tan devastadora. La propaganda mediática, junto a la incesante publicidad comercial llega a generar reflejos condicionados que afectan la capacidad de pensar. En tal sentido se hace necesario construir y reconfigurar las formas de educar, ampliando el horizonte cultural. El antídoto es crear una cultura de la resistencia y la emancipación, desde un pensamiento crítico, con capacidad de discernimiento, ante el orden hegemónico que se pretende imponer.
Como describe Miguel Barnet en su libro “La fuente viva”: “El papel de la educación, como garante del equilibrio de la nación, capacita al ser humano para participar en la transformación de la sociedad y le da las herramientas para intervenir con eficacia en el enfrentamiento a las fuerzas regresivas que sueñan con imponer la frivolidad, el mal gusto y la ignorancia. (Barnet, 2014, p. 405)
Cada día hay que empeñarse más en la defensa de las jerarquías, del patrimonio, de la memoria y la diversidad cultural, del espacio para el arte crítico, de la atención a los jóvenes talentos y enfrentar los intentos del enemigo de dividir a la sociedad cubana.
Todo esto acontece en un momento crucial, cuando los enemigos históricos de Cuba están aplicando la lógica imperialista de asfixia económica para provocar desaliento, un estallido social que destruya la Revolución, apoyada por una enorme estrategia de subversión política-ideológica, con una terrible campaña mediática de descrédito de la Revolución Cubana y con un intenso programa de colonización cultural.
El Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República de Cuba, Dr.C. Ing. Miguel Mario Díaz- Canel Bermúdez, ha insistido en que todas estas realidades llevan una mirada desde los procesos educativos que nos permitan interpretarlas y marcar prioridades para el sistema educacional, entre ellas, cómo desde la educación, aportamos a la lucha contra esa colonización cultural que nos quieren imponer. (Díaz- Canel, 2023).
Debemos trabajar, como ha convocado Abel Prieto, en una Nueva Alfabetización, es decir, en la Educación para la descolonización cultural, entendida como “el proceso educativo orientado a la formación de una conciencia revolucionaria, crítica, reflexiva y valorativa, antimperialista, antianexionista y descolonizadora, dirigido desde la escuela, con integración de otros agentes educativos, con un pensamiento auténtico, crítico y creador y desde conocimientos, sentimientos, y valores culturales e identitarios de la cubanidad” (Rodríguez, 2026).
En este propósito ha de actuar cada institución educativa, como trinchera descolonizadora y principal centro cultural de la comunidad, en armonía con la familia y el resto de las instituciones, sobre la base de una sólida formación y preparación de directivos y docentes para su práctica educativa descolonizadora.
“La cultura está en todo”, comentaba Hart y “Educar es todo”, nos eseñó Fidel. (ALH)
