En el turbio universo de Jeffrey Epstein, los hilos del poder, el dinero y el crimen se entretejen con figuras de la realeza, la ciencia y la política. En los últimos días, un grupo de alimañas dolidas por los vínculos probados de su querido presidente violador (Donald Trump, por si quedan dudas de quien hablo) con Epstein, han vuelto a poner en circulación una imagen con la idea de salpicar al Comandante en Jefe.
Se trata de una fotografía, encontrada por la policía en 2005 durante el allanamiento de la mansión de Epstein en Palm Beach (Florida), en la que aparece el financiero junto a su cómplice Ghislaine Maxwell y Fidel Castro.
La imagen, enmarcada y exhibida con orgullo por el pedófilo, ha alimentado especulaciones y teorías que buscan establecer una conexión directa entre el Comandante y la red de tráfico sexual.
Sin embargo, una revisión exhaustiva de los hechos, las declaraciones de los implicados y los miles de documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos este año no arrojan ni una sola prueba que sostenga dicha acusación.
Una visita con escolta presidencial
Para entender el origen de la fotografía hay que remontarse a los años 2002 o 2003. Según declaraciones de la propia Ghislaine Maxwell a las autoridades estadounidenses —recogidas en los documentos desclasificados en agosto de 2025—, el viaje a la isla no fue una operación encubierta de la red de Epstein, sino una visita organizada en compañía del entonces presidente colombiano Andrés Pastrana.
“Fui a lugares con Andrés Pastrana. Uno fue a Colombia, y Epstein fue allí, y el otro fue a Cuba”, declaró Maxwell, situando al político conservador como el eje de la comitiva.
Pastrana, por su parte, ha confirmado en repetidas ocasiones que viajó a La Habana para sostener un encuentro con Fidel Castro. En un esfuerzo por desmarcarse de cualquier vínculo con los crímenes de Epstein, el exmandatario colombiano fue enfático al señalar que el viaje se realizó en un avión diplomático y no en el «Lolita Express».
En la Cuba de principios de los 2000, recibir a figuras internacionales del ámbito político y económico era una práctica habitual. Fidel Castro, como jefe de Estado, sostuvo reuniones con cientos de personalidades de todo el mundo.
La presencia de Epstein en ese contexto no fue una excepción, sino un acto de diplomacia. Además, el financiero estadounidense aún no tenía el perfil público de depredador sexual que la justicia destaparía años después.
¿Rastreando víctimas en Cuba? La evidencia dice que no
El principal argumento de quienes intentan vincular a Fidel Castro con los crímenes de Epstein es la insinuación de que el viaje pudo tener propósitos ilícitos. No obstante, las investigaciones más exhaustivas sobre la red del financiero han trazado un mapa muy claro de sus operaciones.
Los testimonios de las víctimas y los registros de vuelo del «Lolita Express» sitúan los epicentros del tráfico sexual en lugares como la isla privada de Epstein en las Islas Vírgenes, sus mansiones en Palm Beach y Nueva York, y propiedades en París y Santa Fe (Nuevo México). Cuba no aparece en ninguna de las investigaciones como un escenario donde se cometieran los delitos.
Ni en los testimonios judiciales, ni en los diarios de vuelo, ni en los correos electrónicos desclasificados hasta la fecha existe una sola víctima que sitúe a la isla como el lugar de los abusos, ni un solo documento que demuestre que el gobierno cubano o su líder tuvieran conocimiento o participaran en las actividades criminales de la red.
El «caso Siad»: un hecho aislado y sin relación con Castro
La única mención a Cuba en el contexto de los crímenes de Epstein, fuera de la visita diplomática, surge de los documentos revelados en febrero. En ellos se detalla cómo un facilitador franco-argelino llamado Daniel Siad, quien reclutaba mujeres para la red en varios países, viajó a Cuba en 2016.
En comunicaciones por Skype con Epstein, Siad le comentó que había «encontrado chicas nuevas y bonitas» y que planeaba abrir una agencia en la isla, algo que nunca ocurrió.
Sin embargo, este dato, lejos de implicar al líder cubano, lo excluye por completo. **Para 2016, Fidel Castro había dejado la presidencia hacía ocho años, por motivos de salud. El líder histórico fallecería en noviembre de ese mismo año, cuatro meses después de que se produjeran estas comunicaciones.
La iniciativa de Siad fue una operación unilateral y criminal de un asociado de Epstein, que operaba en múltiples países sin el conocimiento o la aquiescencia de sus gobiernos.
Pretender vincular a Fidel Castro con las intenciones de un delincuente que pisó la isla cuando el comandante ya estaba retirado es una falacia cronológica.
El poder de una imagen sin contexto
La fotografía de Fidel Castro junto a Jeffrey Epstein es, ante todo, una poderosa herramienta de manipulación para quienes buscan descontextualizar la historia. Confundir una reunión diplomática con complicidad criminal es un salto lógico que ninguna evidencia respalda.
Mientras los archivos judiciales siguen destapando los horrores de la red de Epstein y los nombres de los poderosos que la frecuentaban, en el caso de Cuba y Fidel Castro, la historia se sostiene sobre los hechos: no hubo víctimas en la isla, no hubo complicidad del Estado y no hubo conocimiento por parte de su líder.
La foto es real. La visita, también. Pero la acusación que se esconde tras ellas no es más que un fantasma sin pruebas.
