La FEU cumple cien años

LA FEU cumple este 20 de diciembre los primeros cien años de una existencia enlazada profundamente con las luchas revolucionarias del pueblo cubano. Es ampliamente conocido el papel que desempeñó el líder estudiantil Julio Antonio Mella en su fundación; sin embargo, resulta insuficiente el conocimiento de las circunstancias que la hicieron posible, así como su desarrollo durante los meses iniciales.

A los orígenes de la Federación Estudiantil Universitaria nos acercamos en este texto, que también sirve de homenaje al profesor Jorge Juan Lozano Ross, quien por sus investigaciones sobre esa etapa fue conocido como el historiador de la FEU.

El surgimiento de la organización estudiantil más antigua de Cuba no fue resultado exclusivo del liderazgo y la voluntad del joven Julio Antonio Mella, sino de una combinación de factores que confluyeron en el ámbito universitario, en la sociedad cubana y en la región de América Latina al inicio de la tercera década del siglo XX.

La conjunción de esas condiciones ofreció a la generación nacida en el cambio de siglo —de la que Mella fue su principal representante— el escenario para organizarse y movilizarse en función de transformar las cosas en todos los planos de la vida nacional.   

La sociedad cubana de inicios del siglo XX albergaba la frustración de no haber visto concretarse ni la independencia ni la justicia social, valores esenciales del proyecto martiano de nación. La Enmienda Platt era la expresión más clara de la sujeción política a Estados Unidos, y la dependencia económica quedaba refrendada en un desigual Tratado de Reciprocidad Comercial.

Esos y otros mecanismos estructuraban un sistema de dominación neocolonial que se ensayaba por vez primera en nuestro país. La corrupción imperante arrastró a los partidos políticos al desprestigio total y la abrupta caída de los precios del azúcar en 1920 trajo consigo una profunda crisis económica. Ante esos rasgos de desgaste del modelo republicano, distintas clases y grupos sociales alzaron su voz reclamando cambios de disímil alcance para la realidad cubana.          

Tampoco la Universidad de La Habana había logrado despojarse de la herencia escolástica colonial, quedando a medio camino en su afán modernizador. El acceso a la institución era monopolio de las clases acomodadas, y el profesorado, único representado en el gobierno universitario, acostumbraba a ejercer prácticas autoritarias.

Este panorama no distaba de lo que ocurría en la enseñanza superior en el resto de América Latina. En 1918, los estudiantes de la universidad argentina de Córdoba se levantaron para exigir la democratización y modernización del ese centro mediante demandas contenidas en su Manifiesto Liminar.

Esos sucesos desataron aires renovadores por toda la región, y fueron fundadas federaciones estudiantiles en varios países con el fin de emprender similares luchas por la reforma universitaria. En Cuba, sería Mella el encargado de impregnarles una fuerza huracanada a estos vientos de cambio.

Génesis 

En septiembre de 1921, Nicanor Mc Partland solicitó matrícula en la Universidad de La Habana como aspirante a los títulos de Doctor en Derecho Civil y en Filosofía y Letras. Tras su ingreso sería conocido con una identidad distinta: asumió el apellido de su padre para ocultar su condición de hijo habido fuera del matrimonio, y su nuevo nombre se inspiró en dos generales romanos de cuyas vidas aprendió en ávidas lecturas.

A partir de entonces, sería identificado como Julio Antonio Mella, y la oportunidad para su debut político en la colina universitaria fue la protesta contra el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa al general norteamericano Enoch Crowder, en noviembre del propio año 21.

El futuro líder estudiantil practicaba varios deportes y fue un tenaz promotor del deporte universitario, llegando a ser vicesecretario de la Comisión Atlética Universitaria, creada en enero de 1922. En fecha no precisada de los primeros meses de ese año, varios atletas recibieron una carta firmada con tres X en la que eran citados para un encuentro nocturno en el torreón de La Chorrera, donde se almacenaban los botes del equipo universitario de remos.

Ya en el punto de encuentro, Mella confesó haberlos convocado, y les invitó a constituir una fraternidad con el propósito de depurar la Universidad. El acto de iniciación se hizo a medianoche ante la tumba de los ocho estudiantes de Medicina, en el Cementerio de Colón. En total sumaban unos 30  jóvenes, que pronto serían conocidos como los XXX Manicatos, término que significa valientes en la lengua de los aborígenes caribes.

Además de combatir a los estudiantes que competían por clubes deportivos privados y rechazar las humillantes novatadas, la fraternidad de los manicatos se convertiría en el núcleo que acompañaría a Mella en la fundación de la FEU.

En noviembre de 1922 fue publicado el primer número de la revista Alma Mater, y desde su editorial Mella exhortaba a crear una federación estudiantil que les diera la fuerza suficiente para exigir sus derechos. Esta idea no era nueva, pues en abril de 1920, luego de protestas ante rumores de que se alargarían las carreras, los estudiantes acordaron formar una federación, solo que no se concretó.

Días después de la publicación, el 10 de diciembre, vio la luz un manifiesto en el que   asociaciones estudiantiles de la Universidad expresaban su deseo de conformar lo más rápido posible una federación, y diez días después se constituyó el directorio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de La Habana.

El presidente sería elegido por sorteo de entre los presidentes de las asociaciones y su mandato duraría dos meses, para luego ceder el cargo a quien le correspondiera según el orden de rotación de las facultades, definido por el mismo método. Para el cargo de secretario general, cuyo período sería de un año, fue escogido Mella, y junto a él, 11 manicatos formaban parte de la dirección de la FEU, incluyendo a Felio Marinello, presidente de la Asociación de Letras y Ciencias y primer presidente electo por ese sistema para la organización.    

En su primer año, tanto la FEU como Julio Antonio Mella —en la práctica su líder efectivo— devinieron protagonistas de acontecimientos que sacudieron la Colina: conflictos con profesores, manifestaciones estudiantiles, asambleas, tribunales depuradores…

En ese escenario, Mella organiza el Congreso Nacional de Estudiantes —celebrado en octubre de 1923— para el cual convoca no solo a la universidad, sino también a los institutos de segunda enseñanza, colegios privados y escuelas religiosas.

Las sesiones de este congreso, que asumió el apelativo de revolucionario, pusieron de manifiesto la proyección ideológica de un sector que no veía con agrado los nexos de Mella con el movimiento obrero (profundizados con la fundación de la Universidad Popular José Martí en noviembre de ese año), y lanzó contra el joven acusaciones de todo tipo, principalmente de ser un líder autoritario, aunque la verdadera razón de estos señalamientos era su abrazo a las ideas comunistas.

Para evitar una escisión del movimiento estudiantil, Mella renunció a la dirección de la FEU a través de una carta fechada el 20 de diciembre de 1923. Su decisión respondía no solo al contexto adverso que se le presentaba, sino también a un valioso aprendizaje: no habría universidad nueva sin una sociedad nueva; y hacia su construcción dirigió sus bríos hasta morir, poco tiempo después, con la Revolución como último aliento. 

 (*) Estudiante de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana.

Tomado de Juventud Rebelde

 

Acerca Redacción TV Yumurí

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