El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, reafirmó este jueves ante medios nacionales y extranjeros la disposición del Gobierno cubano a sostener un diálogo con Estados Unidos sobre cualquier tema, siempre que se desarrolle sin precondicionamientos, sin presiones y sobre la base del respeto mutuo y la igualdad soberana entre Estados.
“El diálogo bajo presión no es diálogo”, subrayó el jefe de Estado, al insistir en que Cuba está dispuesta a una relación civilizada entre vecinos, pero rechaza de manera categórica los chantajes políticos, las amenazas y las imposiciones como método de negociación; exige respeto a la soberanía cubana y sin abordar temas que consideremos motivo de injerencia, dijo.
Recordó que la relación bilateral está marcada por asimetrías y por la guerra económica imperialista, aunque dentro de EE.UU. siempre ha existido un sector que ha propiciado canales de comunicación y acuerdos para abordar temas como la seguridad, lucha contra el narcotráfico, lucha contra el terrorismo, la protección medioambiental y la cooperación en temas científicos y culturales, entre otros.
Estos temas pueden ser parte de la agenda de un diálogo futuro, que tiene sus raíces en la posición histórica de la Revolución Cubana acerca de su relación con los EE.UU.
No odiamos al pueblo de EE.UU. y siempre hemos aprovechado los espacios para incrementar la cooperación con ese país, expresó.
En su intervención, Díaz-Canel explicó que EE.UU. combina la asfixia económica con la amenaza de agresión militar. Dejó claro que Cuba no es un Estado fallido, sino un país que trabaja en medio de vicisitudes que la Casa Blanca no le ha impuesto a ningún otro país durante más de 60 años.
Recordó que la colaboración con Venezuela y otras naciones del ALBA-TCP tienen un carácter integral para mejorar los niveles de vida de sus pueblos, con cooperación en proyectos productivos, comercio y aprovisionamiento de combustibles, a partir de la prestación de servicios médicos, entre otras esferas.
Afirmó que la cooperación con el hermano país se tejerá a partir de cómo pueda articularse a partir de las actuales circunstancias, tras la agresión militar estadounidense y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro, hoy prisionero de guerra en EE.UU., y su esposa, diputada Cilia Flores.
Explicó que a partir de las medidas de asfixia petrolera anunciadas por la Administración Trump se han suscitado numerosas muestras de solidaridad con Cuba a nivel global. Cuba no está sola y sabemos de la disposición de países y empresas dispuestos a continuar trabajando con la mayor de las Antillas, subrayó.
Sobre las potencialidades del Sur Global para enfrentar la prepotencia de los EE.UU., valoró que nuestros países hacen frente a una guerra abierta para imponer el pensamiento hegemónico de esa potencia, que apela a la fuerza para evitar su declive y para ello manipula a la opinión pública.
Alertó que previo a la agresión contra Venezuela se preparó una campaña para justificar el ataque. Esos métodos de guerra psicológica se aplican hoy contra Cuba para desunir, sembrar la desconfianza en el liderazgo revolucionario y generar incertidumbre. Llamó a la unidad desde el Sur Global, a la concertación de movilizaciones antihegemónicas y a la articulación de iniciativas productivas.
El presidente cuestionó las implicaciones humanas de esta política: “¿Qué significa impedir que llegue combustible a un país?”, preguntó, antes de señalar que se trata de una medida que afecta directamente la vida de millones de personas. No obstante, dejó claro que la opción de la rendición no existe y que Cuba no renuncia a su derecho soberano a recibir combustible.
En su informe más reciente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla detalló que entre marzo de 2024 y febrero de 2025 los daños provocados por el bloqueo ascendieron a 7.556 millones de dólares, lo que representa un incremento del 49 % respecto al periodo anterior y confirma un endurecimiento permanente de la política de asfixia económica. Las pérdidas acumuladas superan ya los 170.677 millones de dólares, según cifras oficiales presentadas ante la ONU.
Cuba ha denunciado además que las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos violan el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas, calificándolas como formas de “guerra económica” orientadas a provocar un estallido social y desestabilizar el orden constitucional del país. Estas denuncias han ido acompañadas de acusaciones de presiones y amenazas a terceros Estados para debilitar el consenso internacional contra el bloqueo. (ALH)
