El mes de febrero que ya termina atesora gratos recuerdos para la historia del béisbol matancero. Eso pensaba mientras regresaba a casa hace par de semanas concluido el cálido recibimiento del pueblo yumurino a los Cocodrilos de Matanzas, luego de proclamarse campeones de la 64 Serie Nacional de Béisbol.
Transcurrido un lustro, los discípulos de Armando Ferrer reeditan la hazaña y levantan orgullosos por segunda ocasión durante el presente siglo, la luchada corona, de nuevo con las 8 letras que designan la combativa provincia.
Muchos recuerdos se agolpan en la mente de un aficionado que con nueve años acudió de la mano de su padre a disfrutar la reinauguración del emblemático Palmar de Junco, hace justamente 66 años.

Fue el 6 de febrero de 1960, cuando la Revolución triunfante cumplía el deseo expresado un año antes por el pueblomatancero al Líder Histórico de la Revolución Cubana a la llegada de la Caravana de la Libertad a la ciudad yumurina.
Tras años de olvido y el peligro de ser convertido en un nuevo reparto, el Palmar de Junco, histórico estadio donde en el siglo XIX tuvo lugar primer juego oficial de la pelota cubana, se reabría al público con un encuentro entre los equipos Almendares y Cienfuegos de la antigua liga profesional del béisbol cubano.
Luego, en el Palmar de Junco se asentarían los equipos de pelota que representaron a la provincia matancera hasta que fueron abiertas las puertas del que conocemos hoy como el Palacio de los Cocodrilos.
El Estadio Victoria de Girón, proyecto constructivo acogido por los yumurinos con masivas movilizaciones de trabajo voluntario, quedó inaugurado por Fidel, el 20 de febrero de 1977 al batear el primer lanzamiento de la tarde. Durante el histórico encuentro se inauguraba la segunda serie selectiva del béisbol cubano.
Elementos curiosos de la magnífica jornada fue la primera transmisión en colores de un partido de pelota y la primera vez en series nacionales que se jugó con el bate de aluminio.
Un par de noches más tarde, llevé a mi padre al nuevo coloso. Penetramos por la puerta que conduce a la línea de tercera base próxima al Home Plate. Al salir a las gradas la intensa luz y la verde grama del estadio sorprendieron al viejo aficionado, que dejando escapar una palabrota celebró el espectáculo, acostumbrado como estaba a disfrutar la pelota de pie detrás de home del Palmar de Junco.
Días antes, el 3 de febrero de 1977, había sido exaltado al salón de la Fama de Cooperstown, otro matancero estelar. Martín Dihigo, el inmortal, nacido el 25 de mayo de 1906 en el batey de Jesús María de Matanzas era reconocido por su meritorio desempeño beisbolero.
No hay que olvidar, que en el centenario terreno de Pueblo Nuevo el equipo de Henequeneros, comandado por Miguel Ángel Hernández, había alcanzado el título de la IX Serie Nacional de Béisbol, para endulzar aún más los victoriosos días del pueblo matancero que a la vez cumplían su compromiso de producir un millón de toneladas de azúcar durante la histórica zafra de 1970.
Eran los días que al arribo de Félix Isasi, a la primera base, las gradas del Palmar de Junco parecían enloquecer a una sola voz, “se va, se va” y en verdad se iba como un bólido hacia la segunda base para robarse la intermedia. Eran los mismos días que los imparables de Wilfredo y los bambinazos de Rosique, estremecían el vetusto graderío.
Luego fueron los triunfos de Citricultores con Juan Bregio (1977), del Henequeneros de Tomás Soto (1984), los títulos de Henequeneros con Gerardo “Sile” Junco (1990 y 1991) y el de Matanzas conducido por Armando Ferrer (2020) luego de una larga sequía de títulos no excepta de buenos intentos e imborrables alegrías.
El séptimo título de una selección matancera llegaba ahora después de imponerse frente a Industriales en una épica semifinal y vencer en la final al equipo de Las Tunas luego de una barrida consumada el 14 de febrero, como regalo a la afición yumurina por el Día del Amor y la Amistad.
Decenas de glorias deportivas dejaron su huella indeleble en la fructífera historia beisbolera del terruño. Una simple mención no bastaría para expresar tanta admiración y respeto. El Salón de la Fama que hoy se erige en el Palmar de Junco da fe de sus magníficos aportes, esos que nuevos talentos y héroes enriquecerán con sus nuevas hazañas.
Concluye febrero, mes enamorado y de memorables fechas patrias. Los felices recuerdos beisboleros, engrandecen también nuestra historia.
